
Una mariposa puede pasar inadvertida o anunciarse con colores intensos. ¿Qué opción le asegura la mejor oportunidad de esquivar a un ave con hambre?
Un experimento global reveló que ni el camuflaje ni los colores de advertencia funcionan siempre, y que el entorno y la presión de los depredadores definen la mejor estrategia para sobrevivir. El hallazgo derriba la idea de que una sola táctica resulte infalible.
Según el estudio que se publicó en la revista Science, editada por la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia, el éxito de cada defensa visual depende de factores como la luz ambiental, la cantidad y el comportamiento de los depredadores y la experiencia previa que tienen las aves frente a cada tipo de presa.
“Cada hábitat propone su propio desafío, y allí cambian las reglas”, explicó a Infobae la científica colombiana Iliana Medina, quien trabaja en la Universidad de Melbourne, Australia, y fue la primera autora. El otro científico principal fue William Allen, de la Universidad Swansea del Reino Unido.

También colaboraron Olivier Penacchio, de la Universidad Autónoma de Barcelona en España y Juan Carlos Reboreda, María Cecilia De Mársico, Juan Manuel Rojas Ripari y María de las Nieves Sabio, que pertenecen al Conicet y la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires en la Argentina.
El hallazgo principal sugiere que “la competencia entre depredadores es el factor más influyente en la elección de estrategia, más que la simple presencia de luz o la abundancia de presas”.
Esta observación cambia la manera de pensar sobre las defensas animales y sobre cómo la evolución moldea el color y la conducta.
“Nuestros resultados nos ayudan a entender mejor qué factores afectan el éxito de presas con diferentes estrategias. Esto puede ser importante para predecir cómo los cambios de hábitat podrían afectar a los animales de diferentes formas”, explicó a Infobae la doctora Medina.
El dilema del camuflaje y el color

En la comunidad de los ecólogos, ya se debatía por qué algunos animales apuestan al camuflaje mientras que otros lucen colores vivos.
El dilema dentro de la biología era establecer cuál de estas opciones suele resultar más efectiva y bajo qué circunstancias cambia el éxito.
Muchas teorías propusieron hipótesis, pero existían limitaciones por la escala reducida de los experimentos. Cada estudio local arrojó resultados que no se podían generalizar a todas las regiones ni especies.
El objetivo del equipo global fue unir enfoques y recopilar datos comparativos a nivel global. Se buscó evaluar qué factores ambientales favorecían el camuflaje, que posibilita que el animal se oculte al fusionarse con el entorno, o el “aposematismo”, otra estrategia defensiva.

A través del aposematismo, los animales muestran colores brillantes y llamativos y advierten a los depredadores que poseen toxinas, mal sabor o mecanismos de defensa.
Los investigadores diseñaron entonces un experimento masivo para medir la respuesta real de los depredadores a distintas señales visuales.
“El planteo de fondo intentó responder si influye más la intensidad de luz, la comunidad de depredadores o la frecuencia de cada tipo de presa”, precisó Medina al ser entrevistada por Infobae.
Además, los investigadores analizaron si la experiencia de los depredadores cambia su preferencia y comportamiento ante señales conocidas o inusuales.
Cómo se hizo el experimento global

El equipo colocó 15.018 mariposas artificiales de papel con distintos colores en veintiún bosques repartidos en seis continentes.
Cada figura imitó tres patrones: camuflaje marrón, la clásica advertencia naranja y negro, y el poco habitual turquesa y negro. Todas las mariposas llevaban un gusano como cebo para medir los ataques reales.
Las aves silvestres, que representan a los principales depredadores en estos ambientes, se encargaron de decidir cuál mariposa atacar y cuál ignorar.
Los científicos monitorearon la cantidad de ataques y la supervivencia de cada color en distintos tipos de hábitats.
“No hubo una táctica ganadora en todos los casos, el éxito cambió según el lugar y el tipo de depredadores presentes”, escribieron los científicos en Science.

El camuflaje mostró ventajas cuando la densidad de depredadores era alta y en áreas poco iluminadas.
“En comunidades donde compiten por comida, los depredadores se mostraron menos selectivos y eligieron atacar presas más visibles. En esos contextos, el camuflaje redujo los ataques”, detalló el doctor Reboreda en el diálogo con Infobae.
A medida que el experimento avanzó y los depredadores adquirieron experiencia o cuando hubo una gran cantidad de presas camufladas, el camuflaje perdió efectividad. Las aves mejoraron su capacidad para detectar a las presas crípticas.
“El camuflaje dejó de ser seguro cuando las presas ocultas abundaron y los depredadores aprendieron a encontrarlas”, remarcó.

Por otro lado, la coloración de advertencia resultó una defensa confiable cuando la competencia entre depredadores fue baja y especialmente en hábitats luminosos.
Las aves reconocieron y evitaron con éxito los patrones naranjas y negros, especialmente cuando ya se habían encontrado antes con presas desagradables.
La variante poco común, el patrón turquesa y negro, demostró que la rareza en la señal también tiene un valor temporal. Los depredadores mostraron menos preferencia por esos colores, pero ante la falta de experiencia aprendieron rápido a no dejarse engañar.
“Ninguna defensa dura para siempre si los depredadores cambian su táctica, señaló. En regiones de baja latitud, la frecuencia y eficacia del aposematismo aumentó, una tendencia que coincide con la mayor diversidad biológica y competencia.
El camuflaje, en cambio, fue más inestable frente a cambios del ambiente y alteraciones producidas por los humanos.
Lo que aprendieron y lo que falta

Los investigadores sugieren ampliar modelos y extender el análisis a más tipos de presas y depredadores. Recomiendan sumar variables como olor y movimiento para replicar mejor la situación natural.
Las limitaciones reconocidas incluyen el uso de presas artificiales y la imposibilidad de reproducir a la perfección todos los escenarios de la vida real.
El estudio concluye que el éxito de los colores, el camuflaje y la defensa animal depende del momento, lugar y comunidad animal donde ocurre la interacción. Todo depende del contexto ecológico, no existe una solución única.
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