
Un descubrimiento reciente en Teruel, España, desafía la visión tradicional sobre los orígenes de los espinosáuridos y sacude los cimientos de la paleontología europea. Los nuevos datos obtenidos en el yacimiento de Fuente Arnar no solo reubican a Europa como cuna de los mayores depredadores del Cretácico, sino que posicionan a la Península Ibérica en el centro de la evolución de los dinosaurios más impresionantes del periodo.
Un cambio de paradigma sobre los orígenes de los espinosáuridos
La reinterpretación de los fósiles de Camarillasaurus cirugedae en la provincia de Teruel revolucionó el relato sobre el origen de los espinosáuridos africanos gigantes, como Spinosaurus. De acuerdo con las Colecciones de Historia Natural de Baviera, estos vestigios indican que los ancestros de estos depredadores no surgieron en África, sino que evolucionaron en Europa, específicamente en la Península Ibérica durante el Cretácico Inferior, hace unos 128 millones de años.
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El estudio fue publicado en la revista Palaeontologia Electronica, bajo la dirección del paleontólogo Oliver Rauhut y con el apoyo de la Universidad de Zaragoza y expertos locales, se realizaron excavaciones en el yacimiento de Fuente Arnar, ubicado cerca de Camarillas, en la subcuenca de Galve. Tras analizar tanto nuevos fósiles como restos previos, el equipo internacional pudo redefinir la posición filogenética del Camarillasaurus.

Los trabajos de campo, realizados en 2017 y 2018, y continuados en 2024, permitieron recuperar materiales clave: fragmentos de mandíbula, vértebras caudales, un fémur, una garra del pie y un diente, elementos que sustentan esta nueva interpretación.
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Inicialmente, Camarillasaurus había sido clasificado como ceratosaurio por la fragmentación de los restos, pero nuevas comparaciones con otros espinosáuridos revelaron características compartidas decisivas en la mandíbula inferior que lo acercan a sus parientes africanos. Las Colecciones de Historia Natural de Baviera resaltan que este avance impulsa la comprensión de la evolución de estos grandes depredadores y modifica la teoría sobre su dispersión geográfica.
La Península Ibérica se consolida como epicentro paleontológico
El contexto histórico y geológico de la Península Ibérica muestra que la región fue crucial en el desarrollo de las faunas terópodas desde el siglo XIX, aunque el conocimiento sobre estos grupos sigue ampliándose. Restos de otras especies como Vallibonavenatrix cani, Iberospinus natarioi y Riojavenatrix lacustris refuerzan la abundancia y diversidad de espinosáuridos en depósitos del Hauteriviense al Aptiense.
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Las excavaciones evidencian que la mayoría de los fósiles recuperados corresponden a dientes y huesos aislados, aunque en los últimos años se han encontrado muestras más completas y mejor conservadas. El yacimiento de Fuente Arnar, a 3,5 kilómetros al norte-noroeste de Camarillas, se sitúa en una zona de alternancia de sedimentos marinos y terrestres con importantes capas de arcillas rojas, areniscas y calizas, propias de ambientes fluviales y costeros. El hallazgo reciente de un diente parcial en 2024, de clara afinidad espinosáurida, confirma la riqueza del enclave.
Estos descubrimientos permitieron corregir errores en la descripción original del taxón y obtener piezas que fueron esenciales para actualizar la interpretación filogenética. Según las Colecciones de Historia Natural de Baviera, la reinterpretación de Camarillasaurus cirugedae y su vinculación con los espinosáuridos africanos remodela el entendimiento sobre la diversificación y migración de estos depredadores, situando a la Península Ibérica como un punto determinante para la paleontología mundial.
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El análisis filogenético realizado por el equipo de Rauhut concluye que varios espinosáuridos ibéricos, incluido Camarillasaurus, forman parte de la línea que dio origen a los gigantes del norte de África. Esta evidencia desafía la teoría tradicional del origen africano exclusivo y refuerza la hipótesis de un comienzo europeo, con una migración posterior hacia África.
La abundancia de restos continentales, sobre todo dientes, sugiere que los espinosáuridos peninsulares habitaban entornos principalmente terrestres, en contraposición a los africanos, adaptados a la vida acuática. Esta aportación, destacada por la Colección de Historia Natural de Baviera, no solo enriquece la comprensión de la paleobiogeografía europea, sino que también posiciona a Europa como el verdadero punto de partida para algunos de los depredadores más emblemáticos de la prehistoria.
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