
Las personas con síndrome de Down o las personas con autismo pueden tener desafíos para conseguir una buena calidad del sueño desde la infancia.
Pueden tener interrupciones nocturnas, despertares continuos y un sueño superficial que impactan en su aprendizaje y su bienestar.
Ahora, un equipo de investigadores de Italia y Argentina, integrado por Maria Bolla, Giulia Colombo, Matteo Falappa, Marta Pace, Roman Baravalle, Nataniel Martinez, Fernando Montani, Valter Tucci y Laura Cancedda describieron una vía farmacológica innovadora que puede mejorar el sueño.

La investigación se hizo solo en modelo con animales. Fue publicada en la revista iScience del grupo Cell Press.
“Identificamos que un fármaco que ya se utiliza como diurético podría llegar a ser útil para tratar trastornos de sueños en casos de síndrome de Down. También podría ser eficaz en autismo, ya que se trata de condiciones similares desde el punto de vista de los receptores celulares”, dijo a Infobae uno de los coautores el doctor Fernando Montani, investigador del Conicet en el Instituto de Física de La Plata en Argentina.
“Por supuesto, aún falta que se lleven a cabo más estudios para que se pueda recomendar el uso del medicamento”, agregó.
Cómo se estudió el problema del sueño

El objetivo del estudio fue explorar las causas biológicas de los problemas de sueño y analizar posibles soluciones farmacológicas.
Para eso, los investigadores eligieron un modelo de ratón llamado Ts65Dn, que comparte muchas características genéticas y conductuales con el síndrome de Down humano.
La metodología incluyó implantar dispositivos inalámbricos para medir la actividad cerebral (EEG) y muscular (EMG), al recolectar datos durante varias jornadas.
Los ratones recibieron el medicamento bumetanida, un inhibidor del transportador NKCC1, una proteína clave en la regulación de los niveles de cloruro dentro de las neuronas. La bumetanida es un medicamento que ya está aprobado como diurético.

La selección de esta molécula se basó en estudios previos que mostraron su potencial para restaurar funciones cerebrales en diversas discapacidades neurocognitivas.
Se administró en el agua durante cuatro días, y luego se realizó un registro detallado del sueño y la vigilia.
Luego, los animales fueron privados de sueño seis horas para evaluar cómo recuperaban el descanso perdido, ya que estas respuestas reflejan la flexibilidad y la arquitectura saludable del sueño.
Con la información recolectada, los expertos analizaron parámetros como duración y tipo de sueño (NREM y REM), oscilaciones eléctricas cerebrales y cambios en la actividad diaria de los ratones.
El estudio también contempló efectos secundarios, al controlar variables como apetito y temperatura corporal.
La búsqueda de un tratamiento

Los resultados mostraron que los ratones modelo de síndrome de Down sufrían fragmentación del sueño, disminución del sueño profundo y aumento del sueño ligero.
“Se traduce en un descanso de baja calidad y mayor riesgo de alteraciones cognitivas”, según aclararon los investigadores.
La administración de bumetanida trajo mejoras notables en la arquitectura del sueño. Se registró “una recuperación en el perfil espectral y la complejidad del EEG, acompañada por una disminución de la hiperactividad en los animales tratados”, indicaron.
Este avance sugiere que “el bloqueo de NKCC1 puede restaurar el equilibrio neuronal y ofrecer una solución farmacológica lista para ser probada en humanos”.

Pese a estos resultados, las mejoras no fueron absolutas. Aclararon: “El rescate del fenotipo de sueño alterado observamos que es solo parcial. Una explicación es la imposibilidad de aumentar las dosis por el potente efecto diurético de bumetanida”.
Muchos de los ratones debían interrumpir el descanso por la urgencia de orinar, un problema que puede ser trasladable a los humanos. El estudio también destaca que la intervención temprana podría potenciar los efectos, ya que los ciclos del sueño y los patrones cerebrales se forman desde edades muy jóvenes.
“El efecto positivo, aunque parcial en adultos, abre la ventana al uso de tratamientos incluso en etapas avanzadas”, expresaron.
Entre las limitaciones identificadas, los especialistas señalan que solo utilizaron ratones machos para evitar variaciones de sexo y que los aparatos empleados no permitieron analizar todas las frecuencias cerebrales.

Además, advirtieron sobre los efectos de dosis altas del fármaco y sugieren el desarrollo de nuevas moléculas “que inhiban de manera más selectiva NKCC1 sin provocar diuresis”.
Como paso siguiente, el grupo propone avanzar hacia la investigación de estos fármacos selectivos, así como estudios clínicos en humanos.
Además, existe un ensayo clínico en marcha en Europa que evalúa bumetanida para mejorar las funciones cognitivas en personas con síndrome de Down, donde el sueño figura entre los parámetros relevantes.
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