En la lucha por combatir enfermedades respiratorias como la COVID-19, la tuberculosis y la gripe, la ciencia comenzó a explorar soluciones innovadoras que podrían revolucionar la forma en que prevenimos la transmisión de virus. Una de las tecnologías más prometedoras en este campo es la luz ultravioleta de longitud de onda corta, conocida como UVC lejana.
Según detalla en un informe especial VOX, con la capacidad de eliminar más del 99,9% de los virus en el aire, sin dañar la piel ni los ojos humanos, este tipo de luz se perfila como una herramienta crucial en la prevención de pandemias futuras. A pesar de sus innegables beneficios, aún persisten varios desafíos técnicos que dificultan su implementación a gran escala. No obstante, los avances recientes apuntan a que su comercialización podría estar más cerca de lo que pensamos.
¿Qué es la UVC lejana y cómo funciona?
La UVC lejana es un tipo de radiación ultravioleta con longitudes de onda que oscilan entre los 200 y los 235 nanómetros, capaz de desinfectar el aire eliminando patógenos como virus y bacterias. A diferencia de la radiación UVC de mayor longitud de onda, que puede causar daños en la piel y los ojos humanos, la UVC lejana es segura para las personas, lo que la convierte en una solución atractiva para entornos donde la transmisión aérea de enfermedades es frecuente, como escuelas, hospitales, tiendas y oficinas.
Esta tecnología demostró ser eficaz en la eliminación de virus como el SARS-CoV-2, responsable de la COVID-19, y podría ser igualmente efectiva en el control de nuevos brotes respiratorios que surjan en el futuro.
Aplicaciones en la salud pública

El impacto potencial de las lámparas de UVC lejana en la salud pública es vasto. Imagina que, en lugares clave como hospitales o escuelas, se pudieran instalar unas pocas lámparas que purifiquen el aire, eliminando la gran mayoría de los virus en circulación. El resultado sería una reducción significativa de la transmisión de enfermedades respiratorias, lo que podría prevenir futuras pandemias o contener rápidamente brotes que amenacen con extenderse.
Al eliminar más del 99% de los virus, las lámparas de UVC lejana serían una herramienta valiosa para mitigar los efectos de la COVID-19, y para combatir enfermedades como la gripe estacional, la tuberculosis y otras infecciones virales y bacterianas respiratorias. Este enfoque podría cambiar radicalmente la forma en que gestionamos la prevención de enfermedades transmisibles.
Obstáculos actuales en la tecnología de UVC lejana
A pesar de su prometedor potencial, la tecnología de UVC lejana todavía enfrenta varios obstáculos en su desarrollo y comercialización. El principal reto radica en el tipo de lámparas necesarias para generar esta radiación. Actualmente, se utilizan lámparas excimer que emplean una combinación de gases como criptón y cloro para emitir la luz de 222 nanómetros.
Sin embargo, estos dispositivos presentan varios inconvenientes, como la necesidad de filtros especiales para bloquear otras longitudes de onda de luz que podrían ser peligrosas para los seres humanos, así como su elevado costo debido a la duración limitada de los tubos de cloruro de kriptón, que requieren ser reemplazados periódicamente.
Avances en la tecnología de estado sólido: LED y armónicos secundarios

Para superar las limitaciones de las lámparas excimer, investigadores y empresas están desarrollando tecnologías de estado sólido que podrían hacer que las lámparas de UVC lejanas sean más accesibles y económicas. Los LED, que ya se utilizan en pantallas de televisión y ordenadores, fueron una de las soluciones más destacadas. Sin embargo, los LED pierden eficiencia a medida que la longitud de onda disminuye, lo que dificultó su uso para generar luz UVC lejana.
Recientemente, se desarrolló un enfoque alternativo basado en los armónicos secundarios. Este proceso utiliza láseres para crear cristales que, al ser atravesados por la luz láser, duplican la frecuencia de la luz, generando así una radiación de 222 nanómetros. Un ejemplo de este avance es la startup Uviquity, que logró implementar esta tecnología en su laboratorio. Al utilizar cristales de nitrato de aluminio y láseres azules, la empresa está dando pasos importantes hacia la fabricación de lámparas de UVC lejana más asequibles y escalables.
El impacto de la UVC lejana en la desinfección del aire
Uno de los aspectos más atractivos de la UVC lejana es su capacidad para desinfectar el aire de manera eficiente. Sin embargo, un desafío importante fue evaluar el impacto de la radiación UVC lejana en la calidad del aire, particularmente en lo que respecta a la formación de ozono. Cuando la UVC lejana interactúa con las moléculas de oxígeno, puede generar ozono, un compuesto peligroso para la salud. Esto generó preocupaciones sobre los posibles efectos secundarios de la tecnología, especialmente en espacios cerrados.
A pesar de estas preocupaciones, estudios recientes arrojaron resultados optimistas. En investigaciones sobre la instalación de lámparas de UVC lejana en oficinas, se descubrió que, cuando se utilizan con moderación, estas lámparas no afectan significativamente los niveles de ozono ni las partículas en suspensión en el aire. Además, algunos estudios sugirieron que si las lámparas se colocan en el techo, se minimiza la exposición de las personas al ozono, lo que optimiza la eficacia de la desinfección del aire.
El futuro de la UVC lejana: promesas y desafíos

A pesar de que la radiación UVC lejana se encuentra aún en sus primeras etapas de desarrollo, los avances en la fabricación de lámparas más económicas y eficientes están abriendo el camino para su adopción masiva. Con una mayor investigación, es posible que esta tecnología pueda convertirse en una herramienta clave en la lucha contra las enfermedades respiratorias, especialmente en un mundo que sigue enfrentando amenazas pandémicas.
“La UVC lejana tiene el potencial de transformar la forma en que combatimos las enfermedades respiratorias, ayudando a prevenir futuras pandemias y mejorando la salud pública de manera significativa”. Aunque aún hay muchos aspectos por resolver, las perspectivas para esta tecnología siguen siendo prometedoras, y su adopción podría cambiar el panorama de la lucha contra las enfermedades transmitidas por el aire en las próximas décadas.
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