
En las áridas tierras del suroeste de Estados Unidos y el norte de México, un reptil de aspecto prehistórico deambula con movimientos pausados y un cuerpo robusto cubierto por escamas de tonos anaranjados y negros. Se trata del monstruo de Gila, cuyo nombre científico es Heloderma suspectum, una de las dos únicas especies de lagartos venenosos en Norteamérica.
Su presencia en estos desiertos es clave dentro del ecosistema, pero su relevancia ha trascendido la biología para convertirse en un hito en la historia de la farmacología.
Según reseño The New York Times, este reptil, cuyo veneno evolucionó para inmovilizar pequeñas presas, terminó siendo la fuente de inspiración para la creación de medicamentos que hoy revolucionan el tratamiento de la diabetes tipo 2 y la obesidad.

Según la Universidad de Queensland, este lagarto es capaz de sobrevivir con apenas seis comidas al año, una capacidad que despertó el interés de la comunidad científica cuando se descubrió que una hormona presente en su veneno desempeñaba un papel clave en la regulación de su metabolismo.
Esta hormona, denominada exendina-4, resultó ser similar al GLP-1, una sustancia que los seres humanos producen de forma natural para regular los niveles de azúcar en la sangre. La diferencia fundamental radica en que el GLP-1 es eliminado rápidamente por el cuerpo, mientras que la exendina-4 se mantiene activa durante más tiempo, permitiendo un control más prolongado de la glucosa.

A partir de este hallazgo, los investigadores desarrollaron fármacos que imitan la acción de la exendina-4, dando lugar a una clase de medicamentos conocidos como agonistas del receptor GLP-1. El primero de ellos fue la exenatida, comercializada bajo el nombre de Byetta, un tratamiento inyectable que ha beneficiado a millones de personas con diabetes tipo 2.
The Conversation señala que en 2014 los productos a base de exenatida generaron beneficios de 767 millones de dólares, y que su impacto va más allá de la diabetes, ya que estudios recientes han explorado su posible aplicación en enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson.
Con el tiempo, los avances en la ingeniería molecular permitieron optimizar estos fármacos, dando lugar a la semaglutida, principio activo de medicamentos como Ozempic y Wegovy.
Más allá de sus aplicaciones médicas, el monstruo de Gila es también protagonista de episodios menos alentadores. Su veneno, aunque no suele ser mortal para los humanos, puede causar síntomas severos como vómitos, pérdida del conocimiento y dificultades respiratorias.
La agencia AP reportó un caso reciente en el estado de Colorado, donde un hombre de 34 años llamado Christopher Ward falleció después de ser mordido por su mascota, un monstruo de Gila llamado Winston.

Las autoridades no pudieron determinar si la causa exacta del fallecimiento fue el veneno del reptil, pero el caso puso en evidencia los riesgos de tener a estos animales como mascotas, especialmente en lugares donde su tenencia es ilegal, como en Lakewood, la ciudad donde ocurrió el incidente.
El New York Times destaca que, aunque han sido fuente de inspiración para la medicina, la relación podría volverse bidireccional. El artículo menciona a Tim Cernak, un químico farmacéutico que ha desarrollado un campo de estudio llamado “química de la conservación”, con el objetivo de crear medicamentos para especies en peligro.
Uno de sus proyectos más recientes involucra a Pebbles, un monstruo de Gila que vive en Creature Conservancy, una organización educativa en Míchigan. Pebbles contrajo un parásito intestinal llamado Cryptosporidium, una infección mortal para los reptiles, y Cernak decidió aplicar sus conocimientos en química farmacéutica para encontrar un tratamiento.
Utilizando inteligencia artificial y robots diseñados para el descubrimiento de fármacos, su equipo analizó el parásito y comenzó a probar distintos compuestos para combatirlo.
La esperanza es desarrollar un medicamento efectivo no solo para Pebbles, sino también para otros reptiles afectados por la misma enfermedad.
Sin embargo, el desarrollo de medicamentos para la conservación de especies enfrenta desafíos significativos. New York Times advierte que liberar fármacos en el medio ambiente puede tener consecuencias impredecibles, como la aparición de patógenos resistentes o la intoxicación involuntaria de otras especies.
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