En un laboratorio canadiense, un grupo de calamares nada bajo dos realidades químicas distintas. Mientras unos exploran un agua similar a la del océano actual, sus compañeros enfrentan un futuro simulado: niveles de ácido equivalentes a los que se prevén para el año 2100. El resultado es inmediato y medible: los cerebros de los calamares expuestos a mayor acidificación pierden la mitad de su volumen. Así lo revela una investigación de la Universidad de Acadia presentada en la conferencia de la Sociedad de Biología Experimental en Florencia.
Bajo la dirección de Garett Allen, profesor adjunto de la Universidad de Acadia, el equipo sometió a calamares de la especie Sepioteuthis lessoniana a 90 días de vida en dos tanques: uno con pH 8,2 (condiciones actuales) y otro con pH 7,8, valor previsto para el mar en 2100 si continúan aumentando las emisiones de dióxido de carbono (CO₂).
PUBLICIDAD
Al término del experimento, los cerebros de los calamares del tanque más “ácido” eran, en promedio, un 49% más pequeños que los de sus pares del tanque control. La reducción alcanzó picos del 52% en los lóbulos ópticos y del 62% en los tractos ópticos, regiones encargadas de procesar la información visual. “Inmediatamente noté que sus cerebros eran la mitad de grandes y tuve que revisar el diagnóstico del software”, relató Allen.
Cabe recordar que, según la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA, sigla en inglés), “la acidificación de los océanos es un aspecto del cambio climático global”.
PUBLICIDAD

No solo tamaño: así afecta la acidificación el comportamiento de los cefalópodos
El cerebro de estos animales representa mucho más que una masa de neuronas. Los cefalópodos, grupo que incluye calamares, pulpos y sepias, son considerados los invertebrados más inteligentes del planeta. Su número de neuronas se compara con el de los perros, explicó Allen. La reducción cerebral hallada por el equipo no vino acompañada de una disminución en el tamaño corporal total. El volumen cerebral se normalizó respecto a la longitud del manto para descartar que el efecto fuera por tamaño general.
Las consecuencias no son solo anatómicas. Según Allen, los animales con cerebros más pequeños mostraron una marcada caída en los comportamientos de caza. “Una exposición aguda de siete días a altos niveles de CO₂ resultó en una reducción del 65% en las conductas de caza, y los calamares expuestos desde la eclosión a 90 días mostraron una disminución del 42% respecto a los controles”, precisó el equipo. Es decir, los calamares tuvieron más dificultades para detectar y capturar presas. La explicación apunta a un deterioro en la capacidad para procesar información visual, aunque la retina se mantuvo sin cambios aparentes.
PUBLICIDAD
Un fenómeno con potencial impacto ecológico

La acidificación oceánica ocurre por el aumento del CO₂ atmosférico, que se disuelve en el agua y altera su equilibrio químico. Los científicos ya sabían que esto amenazaba a especies como corales o moluscos, pero este estudio revela un efecto inédito sobre la anatomía neural de los cefalópodos. El equipo destacó que el encogimiento cerebral afecta sobre todo a las áreas ópticas, y que la disposición a alimentarse podría estar ligada a una menor agudeza visual, no a cambios en el ojo sino al procesamiento cerebral.
Las causas del encogimiento cerebral aún se investigan. Allen sugiere que pueden estar relacionadas con restricciones energéticas en el cerebro o con daños oxidativos, lo que interferiría en la transmisión de información y explicaría las alteraciones de conducta observadas.
PUBLICIDAD
El proyecto, en el que también participa el equipo de Yung-Che Tseng en la Academia Sinica, continúa con nuevas fases para analizar cómo evoluciona la reducción cerebral en calamares criados bajo estas condiciones a los 30 y 60 días de vida. “Estamos observando cómo este fenómeno se manifiesta a medida que los calamares crecen y maduran”, indicó Allen.
Estos resultados sugieren que la acidificación oceánica podría comprometer la supervivencia y las capacidades cognitivas de algunos de los animales más complejos del mar, generando impactos difíciles de prever en el equilibrio de los ecosistemas marinos.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
7 años, 424.000 células y una posible nueva vía para la salud mental: así son los organoides cerebrales desarrollados por Harvard
Un equipo liderado por Paola Arlotta creó estructuras híbridas combinando estos minicerebros de distintas edades y comprobó que los tejidos más antiguos aceleraron su desarrollo de forma drástica y saltaron etapas que normalmente llevan meses

Un obstáculo inesperado pone en riesgo las observaciones de fenómenos astronómicos: qué alertan científicos
Un estudio del European Southern Observatory detalla cómo la problemática podría afectar la información obtenida por la astronomía y plantea el desafío de mantener la capacidad de explorar el universo desde la Tierra

El ADN antiguo de mamuts reveló una estrategia de caza humana desconocida
Los grandes conjuntos de huesos hallados en Europa y Siberia ya no parecen explicarse solo por causas naturales. Un nuevo estudio en Current Biology aporta evidencia genética de una selección sistemática de presas por parte de grupos prehistóricos

Un colgante de diente humano reveló un adorno único de hace 6.500 años
Un equipo de arqueólogos logró identificar en la región de Jablanica una pieza elaborada a partir de un canino extraído tras la muerte de un adulto durante el Neolítico tardío. El objeto, hallado en la superficie de un antiguo asentamiento, permaneció casi dos décadas sin ser reconocido

Qué es el ginandromorfismo bilateral y por qué algunas aves pueden presentar rasgos de macho y hembra
Según un informe realizado por Smithsonian Magazine, este fenómeno biológico se vincula con un proceso celular poco habitual y fue documentado en contadas ocasiones por investigadores dedicados al estudio de la fauna silvestre



