
Los incendios forestales se están volviendo un problema cada vez más grave debido al cambio climático, y con ellos, emergen fenómenos aún más peligrosos, como las tormentas de fuego y los tornados de fuego. Los incendios forestales no solo destruyen enormes extensiones de tierra y amenazan la vida de millas de personas, sino que también pueden dar lugar a complejas formaciones meteorológicas que agravan las condiciones del desastre. Un buen ejemplo de este fenómeno se puede ver en el devastador incendio forestal conocido como Park Fire, que arrasó California y generó, al menos, un tornado de fuego.
¿Qué es exactamente un tornado de fuego y cómo se forman?
Los tornados de fuego, también llamados vórtices de fuego o remolinos de fuego, son fenómenos meteorológicos extremos que se generan durante los incendios forestales de alta intensidad. Estos eventos pueden dar lugar a sus propios sistemas meteorológicos, incluidas las nubes de pirocumulonimbos, que han sido denominadas por la NASA como el “dragón de nubes que escapa fuego”, y que son notoriamente peligrosas por los rayos que lanzan y que pueden encender nuevos incendios.

Este fenómeno extremo ha sido observado durante conflagraciones históricas como los incendios forestales del Sábado Negro de 2009 en Australia o los incendios forestales en la costa oeste de los Estados Unidos en 2020.
Las tormentas de fuego se forman a través de un proceso convectivo, en el que el aire caliente se eleva. Cuando una columna de aire húmedo sobre el incendio se calienta extremadamente, asciende rápidamente hacia la atmósfera, donde se enfría y se condensa en gotitas, formando nubes pirocúmulas. Estas nubes son diferentes de los cúmulos blancos y esponjosos que parcialmente asociamos con patrones meteorológicos convectivos, ya que son grises o marrones debido a la ceniza, el humo y las partículas que contienen. Las cimas de estas nubes pueden alcanzar hasta 10 kilómetros de altura.
A medida que el incendio crece, la corriente ascendente de aire caliente lleva cenizas y partículas cada vez más alto, formando nubes de pirocumulonimbos aún más grandes. Estas nubes son mucho más devastadoras. Permanecen en conexión con el fuego que las generó, lanzando brasas y rayos que perpetúan el ciclo de incendios.
Uno de los fenómenos más extremos originados por estas nubes son los tornados de fuego. Estos se forman cuando la corriente ascendente retuerce y estira el aire que es succionado a altas velocidades, creando remolinos de fuego que pueden durar unos minutos y alcanzar alturas de hasta 46 metros. Con velocidades pueden llegar a los 140 kilómetros por hora, estos tornados de fuego son capaces de causar un daño devastador a cualquier cosa en su camino.

Los incendios del Sábado Negro en el estado australiano de Victoria en 2009 fueron un claro ejemplo, generando nubes que se alzaron más de 15 kilómetros y provocaron nuevos incendios que consumieron millones de hect[areas de tierra. Los incendios forestales de 2020 en la costa oeste de los Estados Unidos también son otro ejemplo significativo, con numerosos informes de posibles tornados de fuego en el norte de California.
El impacto de las tormentas de fuego sobre la salud humana también es significativo. El humo de los incendios forestales, compuestos de gases y partículas, ha sido vinculado con enfermedades respiratorias y cardiovasculares. Cuando estas tormentas perpetúan los incendios, aumentan los niveles de humo, exacerbando así los problemas de salud pública.
Los expertos estudian si se producen más tornados de fuego y tormentas de fuego debido al cambio climático. Los científicos creen que, con el aumento de las temperaturas globales, es probable que estos fenómenos se vuelvan más comunes. Por ejemplo, en 2019, Australia sufrió tantas tormentas generadas por incendios como en los 20 años anteriores combinados. Además, el 7 de septiembre de 2020, el humo de una nube pirocúmulo cerca de Fresno, California, se elevó a 16 kilómetros hacia la estratosfera, rompiendo un récord norteamericano.
Estos fenómenos no solo agravan los incendios forestales, sino que también generan un “enorme volumen” de contaminantes en la atmósfera superior. A pesar de la creciente comprensión de estos procesos, todavía hay muchas incógnitas sobre cómo contribuyen al cambio climático en general.
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