
Las vacunas contra el COVID se empezaron a distribuir y aplicar en diciembre de 2020 y permitieron reducir el número de pacientes que requerían internación hospitalaria y los fallecimientos. Sin embargo, la vacilación y el reticencia a recibir las dosis por parte de algunas personas interfieren en que ayuden al mundo realmente.
Una encuesta realizada a personas de 23 países que representan más del 60% de la población mundial reveló que la aceptación de las vacuna contra el COVID aumentó a nivel global durante el año pasado. El crecimiento de la aceptación fue del 75,2% en 2021 al 79,1% en 2022.
El estudio fue liderado por investigadores del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), en España, y la Escuela de Salud Pública y Política Sanitaria de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, en los Estados Unidos. Se publicó en la revista Nature Medicine.

Aunque la aceptación de la inmunización subió, también los investigadores registraron que hubo diferencias entre la actitud de la población entre los diversos países. Por eso, recomendaron se deben poner en marcha estrategias de comunicación pública que tengan en cuenta la diversidad de la población a la hora de abordar el problema de la renuencia a la vacunación.
En 8 de los 23 países estudiados, la aceptación de las vacunas bajó el año pasado. También se detectó que la adherencia a la inmunización puede variar si se trata del esquema primaria o de los refuerzos o boosters.
Casi una de cada ocho personas vacunadas encuestadas, en particular los hombres y mujeres más jóvenes, mostró reticencia a recibir una dosis de refuerzo. Actualmente, la mayoría de los países están aplicando las dosis de refuerzo. En la Argentina, por ejemplo, ya está habilitado el tercer refuerzo para la población mayor de 18 años.

“La pandemia no ha terminado y las autoridades deben abordar urgentemente la indecisión y la resistencia a la vacuna como parte de su estrategia de prevención y mitigación del COVID-19″, afirmó Jeffrey V Lazarus, jefe del Grupo de Investigación en Sistemas de Salud de ISGlobal, un centro impulsado por la Fundación “la Caixa”.
Los investigadores partieron de considerar que las autoridades sanitarias de los países necesitan datos sólidos sobre las tendencias de la renuencia ante las vacunas (si está disminuyendo o aumentando y en qué poblaciones) y los factores que influyen en la adherencia (como el nivel de ingresos o de educación).
Para obtener esos datos se hizo la colaboración internacional dirigida por Lazarus y Ayman El-Mohandes, decano de la Escuela en Nueva York. Hicieron una serie de encuestas desde 2020 en 23 países altamente poblados y muy afectados por la pandemia: Alemania, Brasil, Canadá, China, Corea del Sur, Ecuador, España, Estados Unidos, Francia, Ghana, India, Italia, Kenia, México, Nigeria, Perú, Polonia, Reino Unido, Rusia, Singapur, Sudáfrica, Suecia y Turquía.
En el trabajo publicado esta semana incluyeron los datos de la tercera encuesta, que fue realizada entre junio y julio de 2022. De las 23.000 personas encuestadas (1.000 por país encuestado), el 79,1% estaba dispuesto a aceptar la vacunación.

Ese resultado representa un aumento del 5,2% con respecto a junio de 2021. La disposición de los padres a vacunar a sus hijos e hijas también aumentó ligeramente, del 67,6% en 2021 al 69,5% en 2022.
En los ocho países que observaron un aumento en la reticencia, el porcentaje fue del 1,0% en el Reino Unido al 21,1% en Sudáfrica. Los investigadores consideraron que era preocupante que casi una de cada ocho (12,1%) personas vacunadas encuestadas dudaba sobre ponerse una dosis de refuerzo.
La indecisión sobre la dosis de refuerzo fue mayor entre los grupos de edad más jóvenes (18-29 años). “Debemos permanecer vigilantes en el seguimiento de estos datos, contener las variantes del coronavirus y abordar la indecisión, que puede suponer un reto para los futuros programas de inmunización contra el COVID-19″, comentó Ayman El-Mohandes, coautor del estudio.

La encuesta también proporciona nueva información sobre los tratamientos recibidos. A nivel mundial, la ivermectina se dio con la misma frecuencia que otros medicamentos aprobados, a pesar de que la OMS y otros organismos no recomiendan su uso para prevenir o tratar la infección por el coronavirus.
Además, casi el 40% de los encuestados declaró prestar menos atención que antes a la nueva información sobre el COVID-19 y dar menos apoyo a los mandatos de vacunación.

En algunos países, la reticencia a las vacunas estaba asociada a variables como el sexo femenino. Eso se encontró en China, Polonia y Rusia. Hubo menos aceptación entre las personas sin título universitario (por ejemplo, Francia, Polonia, Sudáfrica, Suecia y EE.UU.) o con ingresos más bajos (por ejemplo, Canadá, Alemania, Turquía y Reino Unido). Además, el perfil de las personas que prestaban menos atención a la pandemia variaba según los países.
“Nuestros resultados muestran que las estrategias de salud pública para aumentar la cobertura de las dosis de refuerzo deberán ser más sofisticadas y adaptables a cada entorno y población diana”, señaló el doctor Lazarus, en un comunicado. “Para mejorar la aceptación de la vacuna, las estrategias deben incluir mensajes que transmitan compasión en vez de miedo y utilizar mensajeros de confianza, en particular profesionales de la salud”, añadió.

Consultado por Infobae, Eduardo López, a cargo del Departamento de Medicina del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez de la ciudad de Buenos Aires y profesor de vacunología de la Facultad de Medicina de la Universidad del Salvador, opinó tras analizar los resultados de la encuesta global: “La renuencia de las vacunas antes de la pandemia era uno de los problemas de salud pública en varios países, como por ejemplo Francia. Con la pandemia, la reticencia estuvo vinculada a que se trató de un virus que se desconocía y a que hubo diferentes plataformas para las vacunas”.
En países como la Argentina, se dieron vacunas para COVID que fueron desarrolladas por diferentes laboratorios. “La cobertura del primer refuerzo es baja porque aún no fue aplicada en más del 60% de la población”, según López. “La población no contó con buena información de manera sostenida sobre las vacunas para COVID-19. En el caso de los niños y los adolescences, la cobertura fue aun menor”, dijo el infectólogo.
También señaló que hay generar confianza sobre las vacunas en el equipo de salud, especialmente en los pediatras. “Se debería aumentar la cantidad de vacunatorios y se debería resaltar la importancia de la aplicación de las dosis de refuerzos. Porque la población hoy no está adecuadamente vacunada”, consideró López.
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