
La obesidad infantil es un trastorno de salud grave que afecta a niños y adolescentes. En el mundo, el porcentaje de población pediátrica con problemas de sobrepeso está en aumento en las últimas dos décadas y esta problemática plantea riesgos inmediatos y futuros para la salud.
Los malos hábitos de alimentación son un terreno fértil para la aparición de enfermedades como la diabetes, la presión arterial alta y el colesterol alto. Además, un reciente estudio comprobó que una dieta basada en comida ultraprocesada y con altos niveles de grasa se suma a otros factores que aumentan el riesgo de afecciones cardiovasculares en la vida adulta.
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Un estudio internacional identificó cinco factores de riesgo en la infancia que predicen que una persona puede tener mala salud cardiovascular en la adultez. Los investigadores evaluaron durante cinco décadas los datos de participantes y elaboraron el mayor estudio internacional prospectivo sobre enfermedades cardiovasculares que comienza en la infancia. Los resultados se publicaron en la revista New England Journal of Medicine.

La investigación realizada por el Consorcio Cardiovascular Internacional de la Infancia (i3C), identificó 5 factores que en la en la primera infancia, estaban clínicamente relacionados con eventos cardiovasculares, como el ataque cardiovascular o accidente cerebrovascular (ACV) y el infarto de miocardio, o la muerte, a partir de los 40 años de edad. Estos son los 5 factores:
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1 - Índice de masa corporal (que puede indicar sobrepeso)
2 - La presión arterial
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3 - El colesterol
4 - Los triglicéridos (un tipo de grasa que se encuentra en la sangre)
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5 - El tabaquismo juvenil

El profesor Terence Dwyer, catedrático emérito de epidemiología del Departamento Nuffield de Salud Femenina y Reproductiva de la Universidad de Oxford, Reino Unido, y coautor del trabajo, dijo: “A pesar del efecto que la atención médica y quirúrgica ha tenido en el tratamiento de las enfermedades del corazón, lograr la mayor reducción posible de la carga de enfermedades del corazón dependerá de la inclusión de estrategias preventivas que comiencen en la infancia”.
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Este estudio confirmó que la prevención debe comenzar en la infancia. Hasta ahora, los estudios longitudinales de este tipo se han visto obstaculizados por la falta de inclusión de datos completos de la infancia en torno a las medidas corporales, la presión arterial y los lípidos, así como por la falta de seguimiento en las edades en las que las enfermedades cardiovasculares se vuelven comunes.
“El estudio de las influencias de la vida temprana en la enfermedad siempre se ha puesto en el canasto de lo demasiado difícil. Pero los investigadores del Consorcio i3C aceptamos este reto porque sabíamos que los beneficios potenciales para la salud humana al final podrían ser muy sustanciales”, afirmó el doctor Dwyer.
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En el estudio participaron 38.589 personas de Australia, Finlandia y los Estados Unidos, quienes fueron monitoreados desde los 3 a los 19 años de edad durante un periodo de 35 a 50 años.

El profesor Dwyer continuó diciendo que “la investigación descubrió que los cinco factores de riesgo, individualmente o en combinación, presentes en la infancia eran predictores de eventos cardiovasculares mortales y no mortales”.
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Los resultados del estudio demostraron que el riesgo de sufrir ataques cardiovasculares (ACV) era mayor en más de la mitad de los niños y que los que presentaban los niveles más altos de factores de riesgo tenían un riesgo 9 veces mayor de sufrir un ACV que los niños con factores de riesgo inferiores a la media.
“Aunque no se disponía de estas pruebas con anterioridad, los resultados no fueron del todo sorprendentes, ya que se sabía desde hace tiempo que los niños de tan sólo cinco años ya mostraban signos tempranos de depósitos de grasa en las arterias. Esta nueva evidencia justifica un mayor énfasis en los programas para prevenir el desarrollo de estos factores de riesgo en los niños. Los médicos y los profesionales de la salud pública deberían empezar ahora a centrarse en la mejor manera de conseguirlo”, recomendó el experto.
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“Aunque las intervenciones en la edad adulta, como mejorar la dieta, dejar de fumar, ser más activo y tomar los medicamentos adecuados para reducir los factores de riesgo son útiles, es probable que se pueda hacer mucho más durante la infancia y la adolescencia para reducir el riesgo de enfermedad cardiovascular a lo largo de la vida”, enfatizó el profesor Dwyer.

“Muchas pruebas sugieren que el germen de las enfermedades cardiovasculares está en la infancia, pero las pruebas específicas que relacionan las mediciones de la infancia con la enfermedad clínica estaban ausentes hasta nuestro estudio”, dijo David Jacobs, el primer autor del estudio e investigador de la Universidad de Minnesota, Estados Unidos. “Este estudio es notable en el sentido de que ahora tenemos esa evidencia y la encontramos siguiendo a los participantes desde la infancia hasta la edad adulta durante muchas décadas”, agregó.
Consultado por Infobae al momento de publicación del estudio, el doctor Alejandro Meretta, médico cardiólogo del Instituto Cardiovascular (ICBA) en Argentina, indicó que “el estudio publicado en NEJM señala que la prevención de las enfermedades cardiovasculares fatales y no fatales debe empezar desde la niñez. Se debe prestar atención a los factores de riesgo, que son el sobrepeso, a los niveles de la presión arterial, el colesterol y los triglicéridos, y el consumo de tabaco en niños y adolescentes para prevenir esas enfermedades tempranamente”.
En diálogo con este medio, Meretta también dijo que ”si no se tratan en esas edades, esos factores aumentan el riesgo de que esos niños y adolescentes padezcan enfermedades cardiovasculares. Este tipo de trabajos podría ser útil para la toma de decisiones en políticas sanitarias”.
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