
El sueño insuficiente o deficiente es un factor de riesgo significativo para el desarrollo de enfermedades cardíacas. Hasta ahora, la mayoría de los estudios científicos realizados han utilizado principalmente medidas de sueño centrándose solo en la duración, la calidad o el insomnio. Sin embargo, entender la salud del sueño de forma multidimensional puede ser más predictivo de la enfermedad cardíaca que las medidas individuales del sueño.
Por ejemplo, una persona que tiene dos problemas para dormir simultáneamente, como duración del sueño más corta y sueño insatisfactorio, puede tener un mayor riesgo de enfermedad cardíaca que una persona que tiene un único un problema.
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Los científicos han considerado que es importante examinar el grado de salud del sueño multidimensional y su asociación con el riesgo de enfermedad cardíaca en adultos de mediana edad, ya que en esta población pueden prevalecer múltiples problemas del sueño.
Los efectos de un mal descanso nocturno puede conducir a la pérdida de productividad, deterioro del funcionamiento inmunitario, aumento del riesgo de enfermedades cardíacas, otras enfermedades en etapas posteriores de la vida y mortalidad temprana. Dado que la salud del sueño es modificable, comprenderla de modo multidimensional puede contribuir a futuras estrategias de prevención destinadas a mitigar el riesgo de enfermedad cardíaca, que es una de las principales causas de muerte.
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En esta línea, un nuevo documento arroja luz sobre cómo si se combinan los factores, el riesgo de enfermedad cardíaca puede aumentar hasta en un 141%. Ese es el hallazgo se revela en un estudio publicado recientemente en la revista Nature.

La investigación dirigida por un grupo de profesionales de la Universidad del Sur de Florida (USF) revisó los datos del sueño de 6.820 adultos estadounidenses con una edad promedio de 53 años que informaron sus características del sueño y su historial de enfermedades cardíacas. Entre los participantes, 633 también llevaban un dispositivo de investigación (actigrafía) alrededor de la muñeca que capturaba la actividad del sueño.
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Los investigadores se centraron en múltiples aspectos de la salud del sueño, como la regularidad, la satisfacción, el estado de alerta durante las horas de vigilia, el momento, la eficiencia y la duración del sueño, y los vincularon con enfermedades cardíacas diagnosticadas por médicos. Descubrieron que cada aumento adicional en los problemas al dormir autoinformados se asoció con un riesgo 54% mayor de enfermedad cardíaca.
El riesgo estimado de enfermedad cardíaca asociado con un aumento de los problemas de salud del sueño fue mucho mayor para quienes proporcionaron datos del sueño tanto por autoinforme como por el dispositivo de investigación. Expresaron un aumento del 141%, una cifra que podría percibirse como la más precisa.
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“Estos hallazgos muestran la importancia de evaluar los problemas coexistentes de salud del sueño para entender el riesgo de enfermedad cardíaca. Este es uno de los primeros estudios que muestra que, entre los adultos de mediana edad, tener más problemas de salud del sueño puede aumentar el riesgo de enfermedad cardíaca -declaró la autora principal Soomi Lee, profesora asistente de estudios sobre el envejecimiento y directora del laboratorio STEALTH en USF-. El mayor riesgo estimado en aquellos que proporcionaron datos de sueño tanto de autoinforme como de actigrafía sugiere que medir la salud del sueño de manera precisa y completa es importante para aumentar la predicción de enfermedades cardíacas”.
El equipo de investigación preguntó a los participantes sobre su salud, incluso si su médico particular confirmó una afección cardíaca como arritmia, soplo cardíaco o agrandamiento del corazón. La presión arterial alta no se consideró un diagnóstico, ya que se etiqueta como un factor de riesgo de enfermedad cardíaca en lugar de una afección cardíaca concreta. También controlaron los antecedentes familiares y los factores sociodemográficos, como la raza, el sexo, el tabaquismo, la depresión y la actividad física.
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Los especialistas descubrieron que, si bien las mujeres informaron tener más problemas para dormir, los hombres tenían más probabilidades de sufrir enfermedades cardíacas; sin embargo, el género no afectó la correlación general entre los dos factores. También encontraron que los participantes de raza negra tenían más problemas de salud del sueño y una mayor prevalencia de enfermedades cardíacas que los de raza blanca, pero la fuerte asociación entre la salud del sueño y las enfermedades cardíacas no difirió por raza en general.
Los investigadores sugieren que si bien la salud del sueño es importante para todas las edades, “el equipo se centró en la edad adulta media, ya que abarca un período más largo y consiste en experiencias de vida diversas y más estresantes debido a los roles laborales y familiares”. Según los especialistas, además, este tiempo es cuando comienzan a surgir los precursores de las enfermedades cardíacas y los problemas de sueño relacionados con la edad.
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Dado que la salud del sueño se puede modificar, los investigadores afirman que “estos hallazgos pueden contribuir a futuras estrategias de prevención para mitigar el riesgo de enfermedad cardíaca”.
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