La vigencia de Messi según la neurociencia: así ejerce el arte de anticipar y decidir como un ajedrecista

En cada partido, el capitán argentino revela una capacidad singular para interpretar el juego antes que el resto. Especialistas en neurociencia y un ex preparador físico de la Selección explican cómo su talento se apoya en procesos cerebrales que combinan experiencia, visión periférica y una memoria táctica excepcional. El paralelismo con Maradona

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El andar pausado de Messi, lejos de ser una simple pausa, representa un proceso cerebral en el que observa y analiza la posición de compañeros y rivales, detectando antes que cualquiera el espacio que se abrirá y eligiendo el momento exacto para acelerar y marcar la diferencia en el juego (REUTERS/Carlos Barria)
El andar pausado de Messi, lejos de ser una simple pausa, representa un proceso cerebral en el que observa y analiza la posición de compañeros y rivales, detectando antes que cualquiera el espacio que se abrirá y eligiendo el momento exacto para acelerar y marcar la diferencia en el juego (REUTERS/Carlos Barria)

Ahí está, otra vez. Lionel Messi camina la cancha, la cabeza apenas inclinada, los ojos recorriendo cada rincón sin perder detalle. Mientras el bullicio se apodera del estadio y la pelota circula a toda velocidad, él parece moverse en otro tiempo: ajeno al apuro, atento a cada gesto, casi ausente y, sin embargo, más presente que nadie. Su caminar, muchas veces confundido con desinterés, es en realidad el primer acto de una obra que solo se revela completa cuando interviene y cambia el destino de un partido.

¿De dónde proviene esa habilidad para anticipar lo que el resto solo descubre segundos después? No hay una respuesta precisa ni definitiva para el caso Messi. El misterio permanece intacto, pero conversar con especialistas y sumergirse en la mirada de las neurociencias permite, al menos, desentrañar una parte del secreto. Lo que parece magia se convierte, bajo el lente de los expertos, en un proceso cerebral tan sofisticado como fascinante.

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Lejos de ser una pausa, ese andar tranquilo es una lectura previa, una construcción mental de la jugada antes de ejecutarla. Cuando el equipo parece encerrado y el partido bloqueado, Messi detecta antes que cualquiera el espacio que se abrirá. Cada paso es observación, cada instante de aparente quietud es, en realidad, análisis en estado puro. Su cerebro organiza la escena, elige el momento y recién ahí acelera, con una ventaja imposible de igualar para el resto.

Para Fernando Signorini, Lionel Messi llegó a una etapa en la que la inteligencia del juego ya no acompaña al físico: lo precede y lo gobierna. El ex preparador físico de la Selección sostuvo ante Infobae que el capitán argentino desarrolló una lectura estratégica que le permite administrar energía, detectar el momento exacto y decidir con una eficacia que, a su juicio, lo ubica en una categoría excepcional.

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La inteligencia de Messi no reside en la velocidad física, sino en la capacidad de anticipar lo que ocurrirá segundos antes, procesando de manera simultánea la ubicación de los jugadores, la velocidad del balón y la dinámica del partido, factores que le permiten adelantarse a cualquier situación en la cancha (REUTERS/Agustin Marcarian)
La inteligencia de Messi no reside en la velocidad física, sino en la capacidad de anticipar lo que ocurrirá segundos antes, procesando de manera simultánea la ubicación de los jugadores, la velocidad del balón y la dinámica del partido, factores que le permiten adelantarse a cualquier situación en la cancha (REUTERS/Agustin Marcarian)

La definición de Signorini no se apoyó en la velocidad ni en la potencia, sino en una idea más precisa: Messi, dijo, actúa con una “inteligencia astuta” más cercana al instinto que al razonamiento lineal. En esa descripción aparece una clave de su presente deportivo: ya no se trata de cuánto corre, sino de cuánto ve, cuánto interpreta y cuándo interviene.

El mapa mental: Messi visto desde la neurología

Celeste Beltramini, especialista en neurología de la Unidad de Neurología Cognitiva de la Clínica Universitaria Reina Fabiola de Córdoba, lo explicó así: “El cerebro de un jugador de élite aprende a ver cosas que otros no ven. Mientras la mayoría sigue la pelota, un futbolista como Messi procesa simultáneamente la posición de sus compañeros, de los rivales, los espacios libres, la velocidad de cada jugador y cómo todo eso va cambiando segundo a segundo”.

Las áreas encargadas de la visión, la atención, la planificación del movimiento y la toma de decisiones trabajan juntas, como si el cerebro armara un mapa que se actualiza en tiempo real. La automatización —fruto de miles de horas de entrenamiento— permite que la lectura táctica prime sobre el control consciente de cada movimiento. Así, aunque la velocidad física disminuya con el tiempo, el jugador sigue siendo determinante gracias a su interpretación superior del juego.

“Messi no siempre corre más que los demás; muchas veces simplemente piensa antes”, afirmó Beltramini. “El cerebro funciona como un gran sistema de predicción. Durante toda su carrera, Messi ha visto y vivido millones de situaciones similares. Esa experiencia queda almacenada como patrones que el cerebro reconoce casi instantáneamente. Cuando observa un pequeño movimiento de un defensor o la postura corporal de un compañero, su cerebro puede anticipar qué es lo más probable que ocurra uno o dos segundos después”.

Representación tridimensional de cerebro humano translúcido con redes neuronales iluminadas en azul, naranja, blanco y violeta sobre fondo negro.
Lionel Messi recorre la cancha con una aparente tranquilidad, pero en realidad ejecuta una lectura previa de la jugada, construyendo mentalmente cada acción antes de intervenir y cambiando el destino del partido con una sola decisión precisa, resultado de años de entrenamiento y experiencia (Imagen Ilustrativa Infobae)

Beltramini comparó este proceso con el de un ajedrecista, que no se limita a la jugada actual sino que prevé las siguientes. La observación silenciosa de Messi durante el partido, lejos de ser pasividad, es una estrategia para administrar la energía y maximizar el impacto: “En lugar de correr constantemente, espera el momento en que la probabilidad de éxito es mayor y entonces acelera”.

En palabras de la especialista, “en el fútbol de élite no gana únicamente el que tiene mejores piernas. Muchas veces gana el que tiene el cerebro mejor entrenado para interpretar el juego”. El fenómeno Messi no se explica por un cerebro “mágico”, sino por un órgano extraordinariamente entrenado para percibir, anticipar y decidir en márgenes mínimos de tiempo. La plasticidad cerebral, sumada al talento y al entrenamiento, permite que Messi esté “un paso adelante” aunque físicamente no sea el más rápido.

El ahorro de energía y la precisión

Alejandro Andersson, director del Instituto de Neurología Buenos Aires (INBA), profundiza en la sofisticación de este modelo cerebral. “En el fútbol de alto nivel, el cerebro no solo reacciona: predice. Un jugador experto no espera que la jugada termine de desarrollarse para decidir. Va anticipando trayectorias, movimientos de compañeros, desplazamientos de rivales, espacios libres y posibles errores defensivos”, señaló.

Andersson detalló el entramado neural detrás de estas acciones: la corteza prefrontal ayuda a elegir la mejor opción; los ganglios basales seleccionan y automatizan movimientos; el cerebelo ajusta precisión, coordinación y timing; y las áreas visuales y parietales construyen un mapa dinámico del espacio. La eficiencia es el eje: “Un jugador inteligente reduce el costo físico porque no corre de más. Se ubica mejor, espera el momento justo y acelera cuando la jugada realmente lo necesita. Esa es una forma muy sofisticada de eficiencia cerebral: gastar menos energía y producir más impacto”.

El cerebro de un jugador como Messi procesa patrones almacenados tras millones de situaciones vividas en el fútbol profesional, permitiéndole anticipar movimientos de rivales y compañeros, y actuar con una eficacia que se vuelve visible en cada partido determinante (REUTERS/Paul Childs)
El cerebro de un jugador como Messi procesa patrones almacenados tras millones de situaciones vividas en el fútbol profesional, permitiéndole anticipar movimientos de rivales y compañeros, y actuar con una eficacia que se vuelve visible en cada partido determinante (REUTERS/Paul Childs)

El neurólogo advirtió que la pausa de Messi —ese caminar que tanto intriga— es en realidad procesamiento de información: “Observa cómo se mueve la defensa, dónde aparece el espacio, quién queda mal perfilado, cuándo conviene intervenir”. La experiencia, sumada a miles de partidos y entrenamientos, permite que el cerebro reconozca patrones y escenas antes de que se completen. “Es parecido a lo que ocurre con un gran ajedrecista: no mira piezas aisladas, ve configuraciones. En el fútbol, el jugador experto no ve solo una pelota y varios cuerpos en movimiento. Ve líneas de pase, superioridades, debilidades, espacios futuros”.

Durante el partido, el cerebro actualiza variables: defensores que llegan tarde, sectores libres, compañeros que pican mejor, rivales que pierden concentración. Las decisiones, lejos de ser conscientes y lentas, surgen de la experiencia acumulada. “Por eso los grandes jugadores parecen tener más tiempo que los demás. No es que el tiempo sea distinto para ellos. Es que procesan antes”, definió Andersson.

La diferencia, entonces, está en la eficiencia: el jugador físico se impone por cantidad de esfuerzo; el cerebral, por calidad de decisión. En Messi, esa mezcla de técnica automatizada, visión periférica, control motor, anticipación y economía de movimiento permite que el cuerpo no deba resolver todo a máxima intensidad. “El cerebro selecciona cuándo vale la pena gastar energía”, concluyó Andersson.

En el fútbol de alto rendimiento, el partido se decide en el cerebro: ver antes, entender antes, decidir antes y ejecutar con precisión. En ese terreno, Messi juega su verdadero partido.

Messi administra su energía de forma estratégica, gracias a una “inteligencia astuta” que le permite intervenir cuando la probabilidad de éxito es mayor, demostrando que su capacidad para interpretar y decidir supera ampliamente a la de otros jugadores con mejores condiciones físicas (REUTERS/Paul Childs)
Messi administra su energía de forma estratégica, gracias a una “inteligencia astuta” que le permite intervenir cuando la probabilidad de éxito es mayor, demostrando que su capacidad para interpretar y decidir supera ampliamente a la de otros jugadores con mejores condiciones físicas (REUTERS/Paul Childs)

Fernando Signorini enlazó esa lectura con un rasgo puntual que también le atribuyó al astro rosarino: un campo visual fuera de lo común. Para explicarlo, recordó una evaluación previa al Mundial de 1986, cuando el doctor Dalmonte le dijo sobre Maradona que “hubiera sido un excepcional piloto de prueba de aviones de guerra”, una comparación que ahora extendió a Messi.

Signorini destacó la vigencia de Messi basada en su capacidad para leer el juego, economizar esfuerzos y resolver con precisión. La tensión central de su planteo es que el rendimiento del capitán argentino ya no depende de un despliegue físico dominante, sino de una comprensión superior de los tiempos del partido.

“No es que la inteligencia y la gestión emocional parezcan empezar antes que el espíritu físico. No, no lo parecen: es así”, afirmó Signorini. Desde esa premisa, describió una evolución en la que el delantero ajustó su manera de intervenir para evitar un desgaste inútil y preservar su incidencia en el momento decisivo.

Luego avanzó sobre una imagen concreta para definir ese comportamiento en la cancha: “Es un animal al acecho de su presa. Sabe que no puede desgastar energía, porque si lo hace, la presa se le puede escapar”. La frase condensó su mirada sobre un futbolista que observa, espera y elige con precisión el instante de actuar.

Signorini analizó un paralelismo entre las habilidades cognitivas de Messi y Maradona  en el campo de juego (REUTERS/Amanda Perobelli)
Signorini analizó un paralelismo entre las habilidades cognitivas de Messi y Maradona en el campo de juego (REUTERS/Amanda Perobelli)

En ese mismo tramo, el preparador físico puso el foco en la visión periférica del capitán argentino. “Observa con esos ojos que ven todo, porque tiene también esa característica de un campo visual realmente exagerado”, dijo, antes de enlazar esa virtud con aquella observación que había escuchado en tiempos de Maradona.

Según su descripción, esa capacidad explica una percepción habitual dentro del juego, cuando desde la cancha surge la pregunta sobre si ciertos jugadores “tienen ojos en la nuca”. Su respuesta fue otra: no se trata de una metáfora, sino de una aptitud excepcional para registrar lo que ocurre alrededor y anticipar la mejor decisión.

En la segunda línea de su análisis, Signorini desplazó la mirada desde la condición física hacia el saber futbolístico. “Lo que él desarrolló es una lectura del juego y de los momentos, que es también la capacidad de los grandes jugadores”, sostuvo.

A partir de ahí, trazó una jerarquía tajante sobre aquello que distingue a los mejores. “Los grandes jugadores no se destacan por ser rápidos o fuertes. El principal valor, la principal fuerza que tiene él es el conocimiento del juego, de esos misterios que le permiten elegir la mejor opción a favor de la eficacia en cualquier momento del partido, en cualquier lugar del terreno”, afirmó.

La idea no quedó reducida al plano táctico. Signorini agregó que ese conocimiento está sostenido por “un profundo amor por el juego” y “un profundo amor por la pelota”, una relación que, en su visión, comparten los grandes talentos y que adquiere una dimensión especial cuando visten la camiseta argentina.

En el fútbol de élite, la victoria no depende solo de las piernas, sino de un cerebro entrenado para percibir, anticipar y decidir en fracciones de segundo, una habilidad que Messi desarrolló a través de la plasticidad cerebral, el talento natural y el perfeccionamiento constante en cada entrenamiento (REUTERS/Jay Biggerstaff)
En el fútbol de élite, la victoria no depende solo de las piernas, sino de un cerebro entrenado para percibir, anticipar y decidir en fracciones de segundo, una habilidad que Messi desarrolló a través de la plasticidad cerebral, el talento natural y el perfeccionamiento constante en cada entrenamiento (REUTERS/Jay Biggerstaff)

La camiseta argentina activa una respuesta emocional

Signorini extendió su análisis más allá de Messi y lo proyectó sobre el rendimiento de los seleccionados nacionales. “Cuando las selecciones argentinas juegan con esa camiseta, es como si esos colores tuvieran algún tipo de ingrediente cósmico que los hace rendir mucho más de lo que racionalmente podrían”, afirmó.

En su explicación, esa mejora no pertenece al terreno de la mística vacía, sino a una respuesta nerviosa y emocional. Señaló que surge “a través de la fuerza nerviosa que desarrolla un estado emocional excitado, ante la casi imperiosa necesidad que sienten de dar el máximo por defenderla”.

Sobre el cierre, el ex preparador físico del seleccionado recurrió a una idea que atribuyó a Césa Menotti, a su vez vinculada a un concepto de Jorge Luis Borges sobre la literatura. “El fútbol es orden y aventura”, resumió, al explicar que un equipo necesita una estructura colectiva y, al mismo tiempo, una dosis de invención.

En ese esquema, Signorini repartió funciones dentro del seleccionado argentino. “El orden de esta selección lo mantiene y es responsabilidad del equipo. Y la aventura está a cargo de ese fantástico artista que, además, es un aventurero”, dijo.

Filtrar estímulos bajo presión

Ilustración de un cerebro humano translúcido con conexiones neuronales brillantes, rodeado de iconos flotantes que representan decisiones sobre trabajo, dinero, comida, viajes y tecnología.
Messi destaca por la automatización de movimientos fruto de miles de horas de práctica, lo que le permite leer el juego tácticamente y maximizar su impacto, incluso cuando su velocidad física disminuye, manteniéndose como un jugador determinante en el alto rendimiento (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para la neurociencia aplicada al fútbol, una ventaja decisiva de un jugador de élite no se explica solo por su físico: se define en el cerebro, en la capacidad de anticipar escenarios, filtrar estímulos y elegir bajo presión antes de que la jugada termine de desplegarse. Esa es la tesis que planteó el médico Germán Picciochi, especialista en psiquiatría, neuropsiquiatría y neurología cognitiva, al analizar por qué un futbolista como Messi puede convertir procesos mentales en una diferencia competitiva.

En diálogo con Infobae, Picciochi sostuvo que el cambio de paradigma se consolidó desde mediados del siglo pasado con el auge de las perspectivas neurocientíficas, que incorporaron al análisis deportivo variables intelectuales, afectivas y conductuales hasta entonces subestimadas. Según explicó, hoy resulta impensable que un deportista de élite no cuente con formación o intervención de un equipo de psicología del deporte.

Su planteo desplaza el eje clásico del rendimiento. En deportes de alta complejidad como el fútbol, dijo, la distancia entre jugadores no siempre la marca quién corre más rápido o quién tiene mayor capacidad atlética, sino quién percibe mejor, interpreta antes y decide con más precisión.

Messi aparece en ese marco como un caso de estudio. Picciochi afirmó que el capitán argentino expresa “un modelo paradigmático” de cómo el cerebro puede compensar limitaciones físicas relativas con una optimización extraordinaria de procesos cognitivos.

La anticipación mental

La eficiencia cerebral de Messi reduce el costo físico, ya que se ubica mejor y acelera solo cuando la jugada lo requiere, logrando un equilibrio entre gasto de energía y producción de impacto, algo que los expertos consideran una forma sofisticada de gestión dentro del fútbol profesional (EFE/EPA/RONALD WITTEK)
La eficiencia cerebral de Messi reduce el costo físico, ya que se ubica mejor y acelera solo cuando la jugada lo requiere, logrando un equilibrio entre gasto de energía y producción de impacto, algo que los expertos consideran una forma sofisticada de gestión dentro del fútbol profesional (EFE/EPA/RONALD WITTEK)

Picciochi definió al fútbol como “un deporte de anticipación” antes que uno de mera ejecución. Según explicó, el cerebro no opera como un receptor pasivo de información, sino como un sistema que predice de manera constante lo que está por ocurrir.

Esa lógica cambia la manera de entender una jugada. “Cuando recibe la pelota, la decisión ya suele estar condicionada por miles de variables que se procesan por fuera de la conciencia; tan rápido que parecen automáticas”, señaló. En ese instante, agregó, la atención se concentra en la ubicación de los demás jugadores, la velocidad de desplazamiento, la orientación corporal del rival y los espacios disponibles.

El médico sostuvo que un futbolista experimentado construye modelos internos del juego en fracciones de segundo. Lo ejemplificó con una secuencia concreta: “Si este defensor gira el cuerpo de esta manera, probablemente intentará cerrar esta línea de pase”. Para Picciochi, eso no responde a una idea imprecisa de “visión de juego”, sino a una forma avanzada de procesamiento cerebral apoyada en la experiencia acumulada.

La fortaleza mental, el autoconocimiento y la plasticidad cerebral pueden empujar el rendimiento de un futbolista más allá de lo que sugiere su límite físico, según planteó la psicóloga especializada en deportes Silvina Beckmann, integrante de la Asociación de Psicología del Deporte Argentina. Su tesis es que el diferencial en la alta competencia no está solo en el cuerpo, sino en una inteligencia que integra lo físico, lo mental y lo emocional para sostener el esfuerzo y responder ante la adversidad.

Ilustración acuarela de Lionel Messi con camiseta de Argentina número 10, insignia FIFA, y otro hombre hablando cerca de su oído. Fondo de manchas azules.
Durante los partidos, el cerebro de Messi actualiza variables como la concentración de los rivales, los espacios libres y las mejores opciones para sus compañeros, permitiéndole tomar decisiones con una rapidez y una precisión que hacen que parezca tener más tiempo que el resto de los jugadores (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para Beckmann, el caso de Lionel Messi desarma una idea extendida sobre el alto rendimiento: la excelencia no depende solo de cuánto corre un futbolista, sino de cómo interpreta el juego, decide y ejecuta bajo presión.

La especialista sostuvo que el propio capitán argentino “ha reconocido en distintas oportunidades la importancia de prepararse físicamente para sostener su nivel competitivo” y recordó que también “ha dado cuenta de cómo se preparó de cara a este mundial”. Aun así, ubicó su ventaja principal en otro plano: “Su mayor fortaleza siempre ha estado en la lectura del juego, en la anticipación, la toma de decisiones y la ejecución precisa en el momento más oportuno”.

Beckmann planteó que el rendimiento no surge de una capacidad aislada. Según explicó, el fútbol de máximo nivel exige una articulación entre preparación física, técnica, inteligencia táctica y fortaleza psicológica.

La psicóloga habló sobre Messi y lo presentó como un ejemplo de esa combinación entre condiciones físicas, recursos mentales y comprensión del juego. Su planteo apunta a una consecuencia concreta: en el fútbol actual, el diferencial no está en una sola virtud, sino en la capacidad de integrar todas al servicio del equipo.

En su análisis, la especialista describió un modelo de jugador que excede cualquier lectura reducida al despliegue físico. “El futbolista más completo es aquel que integra todas las dimensiones del rendimiento”, afirmó.

A partir de esa idea, precisó qué elementos componen ese perfil. “Necesita una sólida preparación física para responder a las demandas del juego, una técnica adecuada para ejecutar con precisión, la inteligencia táctica para interpretar lo que sucede antes que los demás”, señaló.

El rendimiento del astro no depende de un despliegue físico dominante, sino de una comprensión superior de los tiempos del partido, una visión periférica excepcional y una capacidad para leer el juego que le permite elegir la mejor opción en cualquier lugar del terreno (REUTERS/Lee Smith)
El rendimiento del astro no depende de un despliegue físico dominante, sino de una comprensión superior de los tiempos del partido, una visión periférica excepcional y una capacidad para leer el juego que le permite elegir la mejor opción en cualquier lugar del terreno (REUTERS/Lee Smith)

A esa secuencia sumó un componente mental que, para ella, resulta decisivo en la competencia. “Será clave la fortaleza psicológica para sostener el rendimiento bajo presión y la sucesión del equilibrio emocional para afrontar el error, la gran incertidumbre y la competencia permanente”, dijo.

Sobre ese punto, detalló dos rasgos concretos. “La autoconfianza le permite asumir desafíos, tomar decisiones y confiar en sus recursos incluso en los momentos de mayor incertidumbre. Al mismo tiempo, su capacidad de resiliencia está estrechamente vinculada con la inteligencia emocional“, afirmó.

La especialista también vinculó esa capacidad con el aprendizaje frente al error. “Quien puede aprender del fracaso y vuelve a intentarlo una y otra vez, nos enseña que el éxito sostenible no se adquiere de manera ilícita, sino que se construye a través de la acción continua, del compromiso y de la disciplina”, dijo.

En ese marco, volvió a Messi como referencia de liderazgo. “Lionel Messi es ese capitán que conduce sin ostentar y empuja sin desestimar, como aquel que aprendió con los obstáculos y sin ganarle al tiempo, sino a su tiempo”.

Su cierre condensó la tesis de toda su exposición: “Los grandes futbolistas no son quienes nunca se equivocan, sino quienes han aprendido a transformar cada dificultad en una oportunidad para seguir evolucionando”. Y añadió que la inteligencia emocional es “un puente entre el talento y el rendimiento sostenido”.

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