
Un estudio realizado por científicos del Instituto Ragon en el Hospital General de Massachusetts, de la Universidad de Harvard ratificó la efectividad de los refuerzos de las vacunas de ARN mensajero contra la variante Ómicron del COVID-19.
De acuerdo con el análisis publicado por los especialistas en la revista Cell las personas que fueron inoculadas con las dos dosis de Pfizer-BioNTech o Moderna y luego un refuerzo lograron una neutralización “potente” contra la variante Ómicron.
El mismo estudio detectó que el régimen de vacuna inicial de dos dosis no produce anticuerpos capaces de reconocer y neutralizar completamente la nueva variante descubierta en Sudáfrica en noviembre último.
Además, descubrieron que infectarse con Ómicron después de ser vacunado en lugar de recibir una estimulación no era tan efectivo. El refuerzo creó anticuerpos “sustancialmente más altos” que la vacunación seguida de una infección.
Los investigadores del Instituto Ragon en el Hospital General de Massachusetts, del MIT y Harvard, señalaron que Ómicron logra superar la inmunidad creada por la vacuna mejor que otras variantes, pero las personas que se enferman aún habiendo sido vacunadas, tienen un cuadro más leve, lo que podría deberse a que su vacunación inicial ayudó a crear inmunidad a largo plazo, dijeron.
“Incluso si los anticuerpos no pueden evitar que nos infectemos con Ómicron, otros aspectos de la respuesta inmune pueden evitar que nos enfermemos gravemente”, dijo Alejandro Balazs, quien investiga cómo diseñar inmunidad contra enfermedades infecciosas en el Instituto Ragon y es el autor principal del artículo.

El objetivo de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) para todas las vacunas COVID-19 es proteger contra enfermedades graves, hospitalización y muerte. Las tres vacunas COVID-19 que se utilizan actualmente en ese país, que son Pfizer-BioNTech, Moderna y Johnson & Johnson, tienen un éxito notable en la consecución de ese objetivo.
Sin embargo, los datos emergentes muestran que la efectividad de la vacuna disminuye con el tiempo y que, a medida que surgen nuevas variantes mutadas, las vacunas pueden ser menos efectivas.
Para estudiar esto, los investigadores del Instituto Ragon crearon una versión inofensiva de Ómicron conocida como pseudovirus que podrían usar en el laboratorio para evaluar la efectividad de las vacunas.
El pseudovirus que se creó imitaba el comportamiento de Ómicron, que tiene 34 mutaciones en su proteína spike, una novedad que, según los investigadores, no se encuentran en la cepa original de SARS-Cov-2 detectada por primera vez en Wuhan, China, en diciembre de 2019. Los científicos creen que estas mutaciones pueden ser parcialmente responsables de la rápida propagación de Ómicron por todo el mundo.

Posteriormente, los científicos reunieron 239 muestras de sangre de personas que habían sido vacunadas con alguna de las tres vacunas Pfizer-BioNTech, Moderna y Johnson y Johnson. Las muestras de sangre se utilizaron para medir la eficacia con la que cada vacuna induce la producción de inmunidad protectora en forma de anticuerpos contra las mutaciones Ómicron, su antecesora Delta y el virus original del COVID-19.
La mejor protección de anticuerpos provino de una serie de dos dosis de una de las vacunas de ARN mensajero, ya sea Pfizer-BioNTech o Moderna, seguida de un refuerzo de una vacuna de la misma plataforma de ARNm.
El solo hecho de recibir dos dosis de una vacuna de ARN mensajero sin un refuerzo fue “subóptimo para inducir respuestas neutralizantes a la variante Ómicron”, definieron los científicos.
”Detectamos muy poca neutralización del pseudovirus variante Ómicron cuando usamos muestras tomadas de personas que fueron vacunadas recientemente con dos dosis de la vacuna de ARNm o una dosis de Johnson & Johnson. Pero las personas que recibieron tres dosis de la vacuna de ARNm tuvieron una neutralización muy significativa contra la variante Ómicron”, aseguró Balazs.
Para el coautor de la investigación, Wilfredo García Beltrán, la dosis de refuerzo mejora la protección de una nueva dosis, sirve para crear anticuerpos que se unan más a la proteína spike, además de generar anticuerpos que se dirijan a regiones de esa proteína que son comunes a todas las formas de SARS-CoV-2.
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