La caída de rayos siempre ha ejercido algún tipo de atracción para la ciencia. Su frecuencia, calidad de descarga, sitios en que se producen. No obstante, los realmente mortales son tan poco frecuentes que los científicos acercan el concepto a ganar la lotería. Sin embargo, un nuevo estudio encuentra que el cambio climático puede estar modificando esos parámetros. Científicos de Sudáfrica dieron a conocer una herramienta que, según dicen, puede salvar vidas debido a las tormentas eléctricas cada vez más letales.
La invención que desarrollaron revela si los seres humanos o los animales fueron víctimas de un rayo de electricidad, basándose únicamente en un análisis de la “huella digital” de un rayo en sus esqueletos. El documento acaba de publicarse en la revista especializada ForensicScience International.
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“La identificación de una muerte causada por un rayo generalmente se hace a través de marcas dejadas en la piel o daños en los órganos internos, y estos tejidos no sobreviven cuando los cuerpos se descomponen -dice el autor principal, Nicholas Bacci de la Universidad de Witwatersrand-. Nuestro trabajo es la primera investigación que identifica marcadores únicos de daños por rayos en las profundidades del esqueleto humano y nos permite reconocer los rayos cuando solo sobrevive el hueso Esto puede permitirnos reconocer la muerte accidental frente al homicidio en los casos en que la causa no es aparente, mientras que al mismo tiempo nos permite construir una imagen más completa de la verdadera incidencia de muertes por rayos”.
¿Se pronostican tormentas eléctricas?
Las estimaciones muestran que los rayos matan a unas 24.000 personas al año. Sin embargo, los investigadores dicen que esto puede aumentar alrededor del 12 por ciento en las próximas décadas. En experimentos, el equipo generó rayos artificiales en un laboratorio, aplicándolos a huesos donados por personas que murieron por causas naturales.
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“Usamos equipos para generar corrientes de alto impulso en el laboratorio (hasta 10.000 amperios), que imitaban el efecto del rayo que atraviesa el esqueleto -dice el coautor HughHunt, también de la Universidad de Wits-. Los rayos naturales a menudo pueden tener corrientes máximas significativamente más altas, pero esto nos permitió tener un control mucho mayor sobre el experimento que tratar de colocar de alguna forma el tejido humano en el camino de un rayo natural”.
Los autores del estudio identificaron un patrón de daño que es exclusivo de una corriente de rayo de corta duración.
“Usando microscopía de alta potencia pudimos ver que hay un patrón de microfractura dentro del hueso causado por el paso de la corriente del rayo- explica el autor principal Patrick Randolph-Quinney de la Universidad de Northumbria. Esto toma la forma de grietas que se irradian desde el centro de las células óseas o que saltan irregularmente entre grupos de células. El patrón general de daño se ve muy diferente en comparación con otros traumas de alta energía, como el causado por quemaduras en el fuego”.
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“Aunque este experimento se llevó a cabo en condiciones controladas en el laboratorio, vemos el mismo trauma en animales muertos por rayos naturales. Pudimos comparar los resultados humanos con el hueso de una jirafa muerta por un rayo, y el patrón del trauma es idéntico a pesar de que la microestructura del hueso humano es diferente del hueso animal. Esta es la herramienta de análisis que estábamos buscando en patología forense de rayos”, completa Randolph-Quinney
Los científicos esperan que sus hallazgos hagan que el medio ambiente sea más seguro para quienes corren el riesgo de sufrir un clima extremo y los rayos. Estos son uno de los eventos más espectaculares y destructivos de la naturaleza. Pueden incendiar edificios y provocar incendios forestales.
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Un solo rayo consta de varios cientos de millones de voltios y viaja a una velocidad de aproximadamente 270.000 mph. También pueden alcanzar temperaturas de 28.000 grados centígrados, cinco veces más calientes que la superficie del Sol.
Los autores del estudio señalan que países africanos como Zambia y Uganda tienen algunas de las tasas de mortalidad por rayos más altas del mundo. En Sudáfrica, más de 250 personas mueren anualmente en tormentas eléctricas. El número exacto de muertes a nivel mundial no está claro, debido a la falta de información. Si bien una quemadura por rayo es fácil de detectar en la piel o en los órganos, los científicos dicen que ha sido más difícil identificar signos reveladores en restos óseos.
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“Este es un proyecto multidisciplinario, que destaca cómo los científicos forenses pueden trabajar con físicos e ingenieros para explorar un problema del mundo real, que está implicado en la muerte de muchas personas anualmente, y especialmente en países como Sudáfrica, Zambia y Uganda”, informa el coautor, Ken Nixon.
“En un momento en que el cambio climático global está impulsando un aumento en el número y la gravedad de las tormentas eléctricas y los rayos, necesitamos más investigación como esta, que reúna diferentes campos con experiencia real en el tratamiento de los rayos -agrega Nixon-. En última instancia, el objetivo en Wits es hacer que nuestro entorno construido y nuestro campo sean más seguros para quienes están expuestos a los efectos letales de la energía del rayo en Sudáfrica, y brindar conocimientos que salvan vidas a quienes en todo el mundo se encuentran cada vez más en peligro a causa de este fenómeno natural”.
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