
La inteligencia humana siempre ha sido motivo de interés desde la Antigüedad. Ya en La Ilíada, el poema del siglo VIII a.C. en el que Homero cuenta la historia del héroe Aquiles y la guerra de Troya, se hace referencia a una fuerza superior a la que da vida al resto de seres. Durante el transcurso de los siglos, se han realizado cientos de estudios científicos para desentrañar de qué se trata. En Europa, se reavivó el debate sobre la cuestión de la inteligencia humana a raíz del éxito de ventas de un libro provocador que afirma que los niños y jóvenes de hoy son los primeros que tienen un coeficiente intelectual más bajo que sus padres.
El libro se titula “La fábrica de cretinos digitales”, y fue escrito por el neurocientífico francés Michel Desmurget, director de investigación en el Instituto Nacional de la Salud de Francia. Detalla datos cómo los dispositivos digitales están afectando gravemente al desarrollo neuronal de niños y jóvenes.
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El experto, que ha trabajado en centros de investigación como el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) o la Universidad de California, puso el dedo en la llaga al culpabilizar a los adultos. Ha dicho que no hay excusa para justificar el impacto de las tecnologías sobre los niños y los jóvenes y que se está “poniendo en peligro su futuro y desarrollo”.
El doctor Desmurget sostiene que la principal causa del problema en los niños y los jóvenes es el exceso de tiempo que pasan frente a la pantalla de los más variados dispositivos digitales. Considera que estar frente a la pantalla en sí no representa un mal, pero el problema es la cantidad de horas.
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El uso de computadoras y teléfonos celulares por parte de los preadolescentes es tres veces mayor para divertirse que para el trabajo escolar. En el caso de los adolescentes, el número asciende a ocho, señaló Desmurget.
En el pasaje del libro que se centra en el desarrollo de los niños pequeños, el especialista advierte que las aplicaciones de Internet y las redes sociales afectan demasiado negativamente las interacciones, el lenguaje y la concentración, los tres pilares básicos del progreso cognitivo a cualquier edad, pero de excepcional importancia en los primeros cinco. años de existencia.
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Es precisamente en este período clave donde se observa el pico de la plasticidad, el nombre que se le da a la frenética formación de sinapsis que nunca se repetirán y que resulta en la evolución ultra acelerada del potencial del cerebro. Uno de los estudios más importantes fue llevado a cabo por investigadores en Noruega.
Analizaron 730.000 pruebas de coeficiente intelectual administradas a jóvenes llamados al servicio militar obligatorio en los últimos cuarenta años. Su conclusión: los aumentos anuales en el coeficiente intelectual de los noruegos se redujeron a 2 puntos en la década de 1980, a 1,3 puntos en la década de 1990, y se transmutaron en un retroceso de 0,2 puntos en este siglo. Se ha detectado un proceso similar en el Reino Unido y Dinamarca.
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El grupo más joven, de acuerdo con Desmurget, es presa fácil de los efectos nocivos del exceso digital. Un estudio de la Universidad de Alberta, Canadá, mostró que los niños de 5 años o menos que los niños de 5 años o menos que pasan más de dos horas al día en línea tienen cinco veces más probabilidades de tener dificultad para concentrarse y siete veces más probabilidades de presentar síntomas de trastorno por déficit de atención. trastorno de hiperactividad (TDAH).
“Hasta los 2 años, el tiempo de pantalla recomendado es cero, excepto en los chats virtuales con la familia”, consideró la psicóloga Sheri Madigan, de la Universidad Canadiense de Calgary. Entre 2 y 5 años, la ventana de conexión no debe exceder una hora al día, centrándose en programas educativos y juegos.
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Los padres deben estar de su lado para ayudarlos a comprender lo que está sucediendo en la pantalla. “Los padres pueden pensar en las pantallas como si les dieran comida basura a sus hijos: en pequeñas dosis no es tan malo, pero con exceso tiene consecuencias”, sostiene la psicóloga Sheri Madigan. Esta investigadora publicó un estudio en 2019 que siguió a 2.400 niños canadienses. Demostró que cuanto mayor era el tiempo pasado delante de pantallas a los dos y tres años, peor era el desempeño de los niños y niñas de tres y cinco años, cuando se les realizaba un test de desarrollo.

El coeficiente intelectual se mide con una prueba estándar. Investigadores de diferentes partes del mundo han observado que el coeficiente intelectual aumentaba de generación en generación. Se lo conoce como “efecto Flynn”, en honor al psicólogo estadounidense que describió este fenómeno. Sin embargo, recientemente esa tendencia comenzó a invertirse en varios países, advirtió el doctor Desmurget.
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Desmurget señaló que si bien el coeficiente intelectual se ve fuertemente afectado por el sistema de salud, el sistema escolar, la nutrición, entre otros, se ha encontrado que el “efecto Flynn” ha empezado a reducirse en los países donde esos factores socioeconómicos se han mantenido estables durante décadas, como Noruega, Dinamarca, Finlandia, Países Bajos, y Francia.
El experto francés reconoció que el uso de las pantallas no sería la única causa que influye en la disminución del coeficiente intelectual. La contaminación, especialmente la exposición temprana a plaguicidas, también podría incidir como un determinante. En su libro, contó detalles sobre varios estudios que han sugerido que cuando aumenta el uso de la televisión o los videojuegos, el coeficiente intelectual y el desarrollo cognitivo disminuyen.
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Las razones sobre cómo el uso de la tecnología afectaría al desarrollo cognitivo están relacionadas según el neurocientífico con la disminución en la calidad y cantidad de interacciones de los chicos con sus familiares, que son fundamentales para el desarrollo del lenguaje y el desarrollo emocional. También ha bajado el tiempo dedicado a otras actividades más enriquecedoras, como las tareas escolares, música, arte, lectura, entre otras. Hay menos horas de sueño; sobreestimulación de la atención, lo que provoca trastornos de concentración, aprendizaje e impulsividad; subestimulación intelectual, que impide que el cerebro despliegue todo su potencial; y un estilo de vida sedentario excesivo.
De acuerdo con el neurocientífico francés, la televisión que sigue siendo la pantalla número uno en todas las edades para ver películas o series, y luego están los videojuegos (principalmente de acción y violentos). Los adolescentes usan más las redes sociales.
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Para el doctor Desmurget, se puede empezar a solucionar el problema. Los chicos necesitan que se les diga que las pantallas recreativas dañan el cerebro, perjudican el sueño, interfieren con la adquisición del lenguaje, debilitan el rendimiento académico, perjudican la concentración, y aumentan el riesgo de obesidad. A cualquier edad, lo mínimo es lo mejor.

A partir de los 6 años, si se adaptan los contenidos y se conserva el sueño, se puede llegar hasta media hora al día, incluso una hora, sin una influencia negativa apreciable. Otras pautas importantes es recomendar no usar las pantallas por la mañana antes de ir a la escuela, nada por la noche antes de irse a la cama o cuando estén con otras personas. Evitar usar pantallas (tanto de tv, tabletas o teléfonos) en el dormitorio.
Consultada por Infobae, Claudia Amburgo de Rabinovich, médica psicoanalista de la Asociación Psicoanalítica Argentina y coautora del libro Parentalidades, consideró al ser consultada por Infobae que faltarían más evidencia para sostener que el desarrollo cognitivo puede verse afectado por el uso de las pantallas. “Considero que cada niño tiene su propia historia. Es una singularidad. Por lo cual, es difícil generalizar que el uso de las pantallas puede afectar a todos”, señaló.
Para la experta, el tiempo en exceso que los chicos pasan frente a las pantallas del televisor, las tabletas o los celulares puede afectar el control inhibitorio, la tolerancia, a la frustración, al poder de concentración, y la calidad del descanso y del sueño.
En la Argentina, una encuesta realizada por el Instituto Gino Germani de la Universidad de Bs As entre el 11 y 15 de abril de 2020 en la Ciudad de Bs. As y Conurbano investigó sobre el uso de tecnologías durante el confinamiento masivo. Reveló que el 62% de los padres encuestados respondió que en este período permitió a los niños utilizar los dispositivos con más tiempo que el habitual.
Durante la pandemia, la Sociedad Argentina de Pediatría ha considerado preocupante el mayor uso de las pantallas por la niñez. Recomendó que en los bebés de hasta 18 meses, se evitar la exposición a las pantallas con excepción del videochat. De los 2 a los 5 años se tiene que limitar el uso de los medios entre media y una hora al día, siempre que los contenidos sean de alta calidad.

Desde los 5 a los 12 años, según la entidad médica es necesario acompañarlos pudiendo estar entre una hora u hora y media al día. Con la adolescencia, educarlos en el uso responsable y saludable de las tecnologías.
Recientemente se conoció un reporte de Chicos.net LAB, el observatorio de investigación que explora el vínculo de niños, niñas, adolescentes y jóvenes con la tecnología. Reveló que más de la mitad de los y las adolescentes están preocupados por el mayor tiempo de exposición a las tecnologías y las pantallas, y manifestaron la necesidad de autocontrolarse y no excederse.
El informe detalló que el 75% de las y los adolescentes considera que ha utilizado más la tecnología durante la segunda ola del COVID-19, en relación con el año pasado, y que el 37% está conectado de 9 a 12 horas por día, mayoritariamente para tareas escolares, con más uso de la computadora y de las herramientas para encuentros virtuales como Zoom, Meet o Classroom. En tanto, casi 7 de cada 10 se sienten acostumbrados/as, 4 de cada 10 manifiestan cansancio y saturación por la exposición a las pantallas, no por la conexión en sí, sino de acuerdo a si implica obligación o placer
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