Después de casi 470 millones de kilómetros recorridos en siete meses, el rover Perseverance completó el jueves su viaje a Marte. Quizás la etapa más crucial del viaje fue la última. Descrita como los “siete minutos de terror”, implicó atravesar la delgada atmósfera del planeta rojo y descender en la superficie rocosa del cráter Jezero.
El “rover” tocó suelo marciano sobre las 15:56, hora del este de Estados Unidos (20:56 hora GMT), según la agencia espacial estadounidense, y se convirtió en el quinto de estos vehículos que explora el planeta vecino, en este caso con la meta de descubrir signos de vida en el pasado.
Tras el ambicioso viaje, el rover debía superar la desgarradora fase final conocida formalmente como Entrada, Descenso y Aterrizaje. Esa maniobra crucial requirió desacelerar la nave espacial que llevaba el robot a unos 19.500 kilómetros por hora, hasta depositarlo en la superficie a aproximadamente 3 kilómetros por hora en el momento del aterrizaje. La transmisión en vivo de la NASA describió segundo a segundo el progreso de la misión hasta el momento en el que se confirmó el exitoso aterrizaje, el cual desencadenó una explosión de aplausos y vítores en el comando central de la agencia espacial.

Además, el cráter Jezero, el sitio seleccionado por su potencial científico, es sin dudas el sitio más peligroso que la NASA jamás haya intentado aterrizar un rover.
“Son los 7 minutos que transcurren entre el momento en que el vehículo entra en la atmósfera a una velocidad de 20 mil Km/h y, en sólo 7 minutos, un sistema totalmente automático, tiene que hacer que llegue a la superficie de Marte a cero de velocidad”, había dicho sobre la fase Miguel San Martín, ingeniero que hoy es consultor en la NASA, antes de la exitosa maniobra.
“Hay una cantidad de dispositivos pirotécnicos que tienen que ocurrir para que se separen las diferentes partes. El radar tiene que encontrar la superficie, hacer las mediciones, la velocidad, todo debe hacerse en forma perfecta. El terror viene a raíz de que no lo podemos probar en la Tierra. Por eso es que le llamamos ‘de terror’, porque si nos olvidamos de un detalle ínfimo, no importa si el 99,9% lo hicimos bien, ese 0,1% en que ‘le pifiamos’ termina en fracaso total. Por eso es el terror, porque no hay lugar para el error”, completó el experto en descenso de robots en otros mundos.

Después de superar la prueba de fuego, el Perseverance, de 6 ruedas, cerca 3 metros de largo y de 1.025 kilogramos, buscará en Marte señales de vida microbiana pasada y recolectará muestras selectas de rocas y sedimentos para su envío futuro a la Tierra.
Los siete minutos
Los siete minutos de terror comenzaron con el descenso de la cápsula donde viaja Perseverance desde la órbita marciana. Setenta y cinco segundos después, el escudo térmico alcanzó el momento pico de calentamiento causado por la fricción entre el vehículo y la atmósfera, llegando a temperaturas de 2.400 grados. El escudo térmico permite resistir el calor por fricción al contacto con la atmósfera del planeta rojo.
Tres minutos más tarde se desplegó un paracaídas de 21 metros de ancho que logró reducir la velocidad a 1512 kilómetros por hora a 11.200 metros del suelo. Hasta ese momento, Perseverance aún caía como una roca muy pesada (con el escudo térmico adosado y quemado) y a gran velocidad. Después, se desprendió el escudo y cayó. Allí, fue revelada la parte inferior de la cápsula con módulos de rada y cámaras que se aseguraron de que Perseverance se colocara en un lugar seguro. Este sistema, llamado Navegación Relativa al Terreno, es esencialmente un piloto automático que usa imágenes de Marte obtenidas previamente para asegurarse de que el rover apunte a la zona de aterrizaje correcta.

Un minuto antes del aterrizaje Perseverance salió del caparazón protector y cayó libre hacia la superficie a 2100 metros debajo. El rover lo hizo envuelto de una red metálica de equipo conocida como etapa de descenso o grúa Skycrane, con tanques de propulsor, sensores y ocho retrocohetes. Los cohetes comenzaron a dispararse cuando la nave espacial llegó a los 300 kilómetros por hora y rápidamente redujeron la velocidad vertical a solo 3.
La última etapa ocurrió cuando Perseverance estaba apenas a 20 metros: una serie de fuertes cuerdas de nylon lo bajaron lentamente a la superficie. El polvo se levantó de los retrocohetes desde el lugar de aterrizaje justo cuando el rover tocó el suelo. Una vez que la etapa de descenso detectó que el aterrizaje había sido exitoso, los componentes explosivos cortaron los cables de nylon, y los retrocohetes continuaron disparando para alejarlo del lugar de aterrizaje, después de lo cual se estrelló contra la superficie.
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