
Flávio Bolsonaro borró este miércoles las dos frases en las que se presentaba como presidente electo de Brasil en su primera declaración desde Miami, adonde llegó horas antes pese a una orden judicial que le prohibía salir del país. El senador del Partido Liberal (PL), derrotado el domingo por Luiz Inácio Lula da Silva, publicó en X una versión corregida de su carta en la que ahora se define como “el líder de Brasil”.
La versión original la difundió primero Paulo Figueiredo, comentarista bolsonarista radicado en Estados Unidos, y después el propio Flávio. Abría así: “Me dirijo al pueblo brasileño y a la comunidad internacional como el verdadero presidente electo de Brasil”. La frase llegó a los titulares en Brasil y América Latina. Flávio la borró y subió otra sin explicar el cambio.
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En la nueva versión, la apertura dice “como el líder de Brasil”. Además, en la carta un párrafo dirigido a sus “60 millones de votantes”, la frase “yo soy el presidente electo” quedó como “yo soy el líder”. También cambió el escudo del encabezado. La primera versión llevaba el de “Estados Unidos do Brazil”, nombre oficial del país hasta 1967.


El resto de la carta quedó sin cambios. Flávio sigue denunciando un fraude electoral, acusa al Supremo Tribunal Federal (STF) de perseguirlo, pide anular la fórmula Lula-Alckmin y agradece a Donald Trump por acogerlo y al presidente argentino, Javier Milei, por su “coraje”.
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El 25 de octubre Lula obtuvo 64.256.232 votos (51,79% de los válidos) y Flávio 59.826.041 (48,21%), según el Tribunal Superior Electoral (TSE). En la primera vuelta del 4 de octubre el orden había sido el inverso: 47,03% para Flávio y 45,16% para Lula.
La carta llamó “imposibilidad matemática” a que Lula sumara más de 10 millones de votos entre una ronda y otra. Los datos oficiales confirman la cifra (10,38 millones). En la primera vuelta, unos 9,3 millones de votos fueron a otros candidatos, y en la segunda los votos válidos crecieron en unos 4,8 millones. Flávio ganó 3,7 millones en el mismo tramo.
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La carta también atacó la prórroga de la votación. El ministro del STF Cristiano Zanin, ex abogado de Lula y designado por él en la corte en 2023, extendió el cierre de las urnas hasta las 19.00 a pedido de la coalición oficialista, que denunció recortes en el servicio de autobuses en Bahía y São Paulo. Esa misma tarde, la campaña de Flávio había pedido al TSE lo mismo para 17 municipios de São Paulo, Paraná y Santa Catarina.

La carta no nombra al juez que, según Flávio, actuó contra él “siete minutos después de este repugnante fraude electoral”. La orden lleva la firma de Alexandre de Moraes, el juez del STF a cargo de una investigación por presunto lavado de dinero con casas de apuestas que involucra al senador y al abogado Willer Tomaz.
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Moraes ordenó retener sus pasaportes, incluido el diplomático, y le prohibió salir del país. La Policía Federal lo notificó el lunes 26 y le dio 24 horas para entregarlos. Según Flávio, el juez se basó en una declaración de su hermano Eduardo, que el 23 de octubre sostuvo que debía irse del país si perdía.
No los entregó. El martes 27, a las 22.50, cruzó con su familia el puente entre Foz do Iguaçu y Puerto Iguazú, según la Dirección Nacional de Migraciones de Argentina.
Desde Puerto Iguazú despegó un avión privado con destino a Guayaquil. Evitó el espacio aéreo brasileño y aterrizó en Miami el miércoles a las 10.25, hora de Brasilia. El gobierno estadounidense confirmó la emisión de visados para la familia y no anunció ningún asilo.
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El recorrido tiene antecedentes. Jair Bolsonaro voló a Florida el 30 de diciembre de 2022, dos días antes de la investidura de Lula, y pasó allí tres meses. Hoy cumple en prisión domiciliaria, concedida por razones humanitarias, la condena de 27 años y 3 meses que el STF le impuso en septiembre de 2025 por la trama golpista.
Eduardo Bolsonaro vive en Estados Unidos desde marzo de 2025. En junio, el STF lo condenó a cuatro años y dos meses de prisión por coacción en el curso del proceso, por impulsar ante el gobierno de Trump los aranceles contra Brasil para intentar evitar la condena de su padre. La sentencia quedó firme el 8 de octubre, cuando Moraes ordenó ejecutarla.
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La Policía Federal informó que el viaje no configura una fuga ni obliga a medidas inmediatas como la detención. En la carta, Flávio anuncia que hablará “regularmente” a los brasileños para presentar una estrategia opositora.
Flávio es investigado en tres causas en el STF y en ninguna la Procuraduría General de la República (PGR) presentó una acusación formal. Además del caso de Willer Tomaz, el juez André Mendonça lo incluyó el 22 de julio en la investigación sobre los fondos que Daniel Vorcaro, ex dueño del liquidado Banco Master, habría aportado a “Dark Horse”, la película sobre Jair Bolsonaro. La Policía Federal pidió indagar presunto lavado de dinero, evasión de divisas y corrupción. Flávio sostiene que buscó financiación privada y que no hubo nada irregular.
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La tercera causa, a cargo de Moraes, es por calumnia. En enero, tras la captura de Nicolás Maduro, Flávio publicó en X que Lula sería delatado y le atribuyó, sin pruebas, tráfico de drogas, lavado de dinero y fraude electoral. En julio no se presentó a declarar ante la Policía Federal. El martes 27, tres diputados del PT pidieron a Moraes su prisión preventiva y una alerta roja de Interpol; hasta este miércoles el juez no había decidido.
La causa más antigua, por el desvío de salarios de asesores en la Asamblea Legislativa de Río de Janeiro, conocida como “rachadinhas”, fue archivada en mayo de 2022 después de que el Superior Tribunal de Justicia anuló las pruebas.
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Su mandato como senador termina el 1 de febrero de 2027, cuando asume el nuevo Senado. Será la primera vez desde 2003, cuando asumió como diputado estatal, que Flávio quede sin cargo electivo.
Texto completo de la carta (editada)
Me dirijo al pueblo brasileño y a la comunidad internacional como el líder de Brasil.
Antes que nada, quiero agradecer al presidente Milei por su coraje, su sentido de la justicia y de la legalidad, y al presidente Trump y al maravilloso pueblo estadounidense por acogerme. Esta es una tierra de libertades y de hermanos que comparten los mismos valores que la buena gente de mi país. El presidente Trump es un gran defensor de la libertad de expresión.
La noche del domingo vi, atónito, cómo se consumaba ante mis ojos un fraude electoral. La actuación ilegítima e ilegal del exabogado de Lula permitió que se concretara una imposibilidad matemática y que Lula sumara más de 10 millones de votos de la primera a la segunda vuelta. Una decisión del STF, tomada por encima de la competencia del TSE, extendió la votación en el último momento, y la orden solo llegó después del fin del horario legal, cuando las urnas ya estaban cerradas. Los electores quedaron sometidos a reglas diferentes. Hasta ahora, el TSE se limitó a defender la prórroga del horario y no hay una sola respuesta creíble. Y las nulidades no son el único problema. A lo largo de toda la campaña hubo abuso de poder político y económico, y uso de la maquinaria pública en favor de la reelección. Son hechos graves, expresamente prohibidos por la ley, que justifican la anulación de la fórmula Lula-Alckmin.
La respuesta del régimen a mi cuestionamiento fue rápida. Como en un plan elaborado de antemano, siete minutos después de este repugnante fraude electoral, el juez, implicado en un inmenso escándalo de corrupción, citado directamente en la investigación que usó para intentar secuestrar mis pasaportes, y que muy probablemente estaría preso si no hubieran impedido mi asunción, puso en marcha la maquinaria de persecución política del régimen. Impedido desde el origen y completamente sospechoso para iniciar cualquier procedimiento judicial en mi contra, su mera participación en actos procesales muestra la dimensión de la arbitrariedad y la ilegalidad en curso.
No era mi intención dejar mi patria, pero sé exactamente adónde lleva esto. Es el manual clásico de cualquier golpe de Estado. La persecución política que empezó con mi padre, el expresidente Jair Bolsonaro, y se extendió a miles de otros brasileños patriotas comunes e incluso a ciudadanos estadounidenses, tiene un único objetivo: silenciar a cualquier persona que no esté de acuerdo con el régimen de excepción instaurado en Brasil, a través de una Corte Suprema cooptada por la organización criminal petista.
Para que quede claro, no hay ninguna orden de detención en mi contra, porque no cometí ningún delito. Lo que hay es una cacería de brujas con motivación política, que buscaba convertirme en rehén y objeto de chantaje para proteger del juicio político a los jueces corruptos de la Corte Suprema. Este es el guion de la persecución: retención del pasaporte, tobillera electrónica, censura, prisión domiciliaria, juicio de fachada y, finalmente, condena política.
No voy a someter a mi familia a eso, y mi país no merece pasar otra vez por esta vergüenza internacional. Ante la instrumentalización política de la Justicia en Brasil, traje a mi familia a Estados Unidos, donde estamos a salvo. Agradezco una vez más al presidente Trump y al gobierno estadounidense por acogernos y darnos la seguridad jurídica que ya no tenemos en Brasil.
Quiero dejar claro que no huí de Brasil, salí por Brasil. Salí de un régimen de excepción para poder ser el líder que mi pueblo merece, porque callado, preso y censurado, como está mi padre, no podría ejercer ese liderazgo y quedaríamos entregados al teatro institucional de una oposición castrada y controlada por una Corte Suprema repleta de sirvientes del régimen.
No soy el primero que tiene que luchar por su país lejos de él. Rui Barbosa partió al exilio por enfrentar la arbitrariedad de Floriano Peixoto y desde allí siguió defendiendo la ley y la libertad. Charles de Gaulle lideró la Francia Libre desde Londres, condenado a muerte por el régimen de Vichy, y volvió para liberar a su país. José Martí organizó la lucha por la independencia de Cuba desde Nueva York. En Venezuela, Juan Guaidó y Edmundo González tuvieron que dejar el país por enfrentar a la dictadura chavista, y María Corina Machado, aun perseguida, se negó a legitimar el fraude y se convirtió en un símbolo mundial de la resistencia democrática. Todos ellos fueron tratados como criminales por los regímenes que enfrentaban. La historia los llamó de otra manera.
Este es apenas el comienzo de nuestra lucha por la democracia, por los derechos humanos y por la libertad en Brasil. Quiero decirles, no solo a mis 60 millones de votantes sino al pueblo brasileño, que yo soy el líder y que los criminales que robaron la elección de Brasil forman parte de una organización criminal que implantó una tiranía. A ustedes, que anhelaban el cambio: no voy a abandonarlos; seré la voz y el liderazgo libre de nuestra nación.
A las instituciones brasileñas les hago un llamado: esta insensatez tiene que terminar. Brasil vive hoy un caos jurídico, de corrupción y de persecución política, en el que la oposición tiene miedo de hablar y la familia de un expresidente es tratada como enemiga del Estado. Ninguna nación puede vivir en paz ni prosperar así. Todavía hay tiempo para restablecer el equilibrio entre los poderes y devolver a los brasileños la confianza que perdieron.
A la comunidad internacional le pido que no normalice lo que está pasando en Brasil. Lo que ocurre hoy en mi país no es normal y no puede ser tratado como normal.
A los senadores, diputados y gobernadores que ayudé a elegir, y en especial a mi candidato a la presidencia del Senado, Rogério Marinho: sé que hoy ustedes no tienen la libertad necesaria para el pleno ejercicio de la actividad política. Por eso, lideraré la oposición desde aquí. Diré lo que ustedes, allí, no pueden decir, y asumiré los riesgos que ustedes no pueden correr.
Y a ti, que votaste por mí y sueñas con el cambio: no estamos derrotados y no estamos solos. Este es apenas el comienzo de nuestra lucha por la democracia, por los derechos humanos y por la libertad en Brasil. En los próximos días me dirigiré regularmente al pueblo brasileño, y presentaremos una estrategia para movilizar a la oposición y el inmenso apoyo popular que tenemos, por todos los medios pacíficos y legítimos, para impedir que Lula consolide un régimen dictatorial en Brasil. Les pido a todos que se mantengan firmes y que jamás se rindan.
Salí de Brasil, pero no abandoné a los brasileños. Esta lucha no terminó el 25 de octubre. Solo termina cuando Brasil vuelva a ser un país libre. Y ese día va a llegar.
Que Dios bendiga a Brasil.
Flávio Bolsonaro
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