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El Interamerican Institute for Democracy presentó “Narcoestados, gobiernos paradictatoriales y otros ensayos”, el nuevo libro de Carlos Sánchez Berzaín

El evento reunió a Tomás Regalado, presidente del IID y ex alcalde de Miami, y expertos como Ricardo Israel, Beatrice Rangel y Iliana Lavastida

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El Interamerican Institute for Democracy (IID) presentó este jueves el libro Narcoestados, gobiernos paradictatoriales y otros ensayos”, una obra de Carlos Sánchez Berzaín que analiza la relación entre el poder político, las dictaduras y el crimen organizado en América Latina. El evento se realiza en la librería Books & Books, ubicada en 265 Aragon Avenue, Coral Gables, Florida, y reunió a destacados referentes de la política, el periodismo y la academia de la región.

Carlos Sánchez Berzaín sostuvo durante la presentación de su libro que Bolivia, en su 201 aniversario de independencia, llega a esa fecha “sin independencia y sin República” porque, según su lectura, quedó subordinada a una estructura regional que vincula a la dictadura de Cuba, el socialismo del siglo XXI y el narcotráfico como forma de control político y estatal.

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Durante la presentación de un libro de ensayos sobre la situación de las Américas, el exministro boliviano afirmó que ese proceso convirtió al país en un “satélite” de La Habana y describió a Bolivia como un “narco Estado”. Su acusación más precisa fue que, bajo Evo Morales, la superficie de coca ilegal pasó de 3.000 hectáreas a más de 100.000.

Sánchez Berzaín ubicó el origen de esa expansión en 1999, cuando, dijo, Hugo Chávez rescató al régimen cubano y abrió una etapa en la que el siglo XXI dejó de ser, a su juicio, el tiempo de la democratización plena en las Américas para transformarse en el de la expansión de gobiernos alineados con Cuba en Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Ecuador.

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El exfuncionario planteó además que el cambio más reciente está dado por un giro de Estados Unidos en materia de seguridad nacional. Según afirmó, esa nueva orientación ya tuvo una expresión concreta el 3 de enero, fecha en la que situó una operación contra Nicolás Maduro, y se refleja también en una ofensiva antinarcóticos que, según dijo, se volvió visible en varios países de la región.

Sánchez Berzaín vinculó a Bolivia con una estructura regional de crimen y control político

En su exposición, Sánchez Berzaín definió a las dictaduras de la región como sistemas que combinan represión política y actividades ilícitas. “Bolivia cumple 201 años de su declaración de independencia y de su institución como república, pero lo hace sin independencia y sin República”, afirmó al abrir su intervención.

Luego describió a Cuba como el centro de una red política y criminal expandida por el continente. En ese marco, señaló que el esquema que primero se conoció como socialismo del siglo XXI pasó a ser nombrado como “comunismo del siglo XXI” y citó un documento del Departamento de Estado de Estados Unidos del 16 de julio pasado para sostener que La Habana fue identificada allí como “la capital del comunismo del siglo XXI”.

Sánchez Berzaín habló, además, de un patrón compartido entre varios gobiernos de la región. Dijo que no se trata solo de regímenes autoritarios, sino de aparatos que ejercen “terrorismo de Estado”, al que definió como la comisión de actos criminales desde el gobierno para producir miedo en la población y someterla mediante ese mecanismo.

Carlos Sánchez Berzaín, director del Interamerican Institute for Democracy, en su presentación durante la conferencia “Medidas esenciales para la transición a la democracia”
Carlos Sánchez Berzaín, director del Interamerican Institute for Democracy

Carlos Sánchez Berzaín dijo que Bolivia fue convertida en un “satélite” de Cuba, que esa subordinación destruyó los elementos de la democracia y que la consecuencia fue la consolidación de un sistema de poder que, según su denuncia, mezcla persecución política, dependencia institucional y narcotráfico. También afirmó que el gobierno boliviano “tiene el gobierno pero no tiene el poder”, porque ese poder seguiría en manos de la estructura que rediseñó la Constitución, las leyes y las instituciones.

El exministro definió a Bolivia como “narco Estado” y apuntó a Evo Morales

La acusación más desarrollada de su exposición se centró en la relación entre poder político y tráfico de drogas. “Un narco Estado es un país en el que los funcionarios de gobierno hacen uso de sus potestades gubernamentales para participar del narcotráfico”, sostuvo.

Al aplicar esa definición al caso boliviano, mencionó de forma directa a Evo Morales. Según dijo, el exmandatario impulsó la producción de coca y cocaína y llevó a Bolivia de 3.000 hectáreas de coca ilegal a más de 100.000.

Sánchez Berzaín extendió ese señalamiento a otros países. Afirmó que Venezuela se convirtió en un centro de narco Estado bajo Hugo Chávez y Nicolás Maduro, que Nicaragua mantiene ese esquema y que Ecuador quedó atravesado por esa lógica durante el correísmo.

En su relato, la dimensión regional del problema incluye también la expulsión de la DEA y la ruptura de acuerdos internacionales de lucha antidrogas en algunos países. A eso sumó otra acusación: que el narcotráfico fue utilizado como instrumento de “guerra híbrida” contra Estados Unidos y contra las democracias americanas.

Denunció la existencia de “gobiernos para” financiados por el eje cubano-venezolano

Sánchez Berzaín incorporó un segundo concepto para describir la influencia política de esa estructura: el de “gobiernos para”. Con esa expresión aludió a administraciones que, según dijo, llegaron al poder con financiamiento, apoyo o intervención del aparato cubano-venezolano y luego quedaron al servicio de esa red.

En ese listado mencionó a los Kirchner en Argentina, a Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, a Alejandro Toledo en Perú, a Fernando Lugo en Paraguay, a José Mujica en Uruguay, a Gustavo Petro en Colombia y a Gabriel Boric y Michelle Bachelet en Chile. Su tesis fue que esa red operó en procesos electorales y en disputas de poder en todo el continente, incluso fuera de América Latina.

El exministro sostuvo que esas injerencias incluyeron fraude electoral digitalizado, financiamiento de campañas y eliminación de adversarios. Como ejemplo citó el asesinato de Fernando Villavicencio en Ecuador, de quien dijo que iba a ganar la elección, y sumó lo que definió como “asesinato a la reputación” mediante difusión de noticias falsas para destruir imágenes públicas.

También ubicó un punto de auge de ese sistema en la Cumbre de las Américas de Panamá de 2015. Recordó que, en esa instancia, Barack Obama reconoció a Raúl Castro como líder de América Latina y lo vinculó con el restablecimiento de relaciones entre Estados Unidos y Cuba.

Barack Obama visitó a Raúl Castro en Cuba en marzo de 2016 (Reuters)
Barack Obama visitó a Raúl Castro en Cuba en marzo de 2016 (Reuters)

Afirmó que el giro de Estados Unidos dejó sin dinero ni liderazgo al castrochavismo

Para Sánchez Berzaín, el equilibrio regional empezó a alterarse por un cambio en la política de Estados Unidos, que, según dijo, pasó a priorizar su seguridad nacional y a identificar a Cuba como el núcleo del sistema criminal. A partir de esa premisa, aseguró que “todos los caminos conducen a Cuba”.

Dentro de esa nueva etapa ubicó una serie de acciones: la operación del 3 de enero contra Maduro, la puesta en marcha de la “Alianza del Sur”, la interdicción de cargamentos de cocaína y el control del fentanilo en la frontera mexicana con foco en China como fuente de origen. También afirmó que en Costa Rica, El Salvador, Panamá, Colombia, Argentina y Chile empezaron a multiplicarse operativos antinarcóticos que, según él, antes no tenían esa intensidad.

Su conclusión fue que esa presión dejó “sin financiamiento” al castrochavismo. A partir de ahí sostuvo que ya no se pueden costear con la misma facilidad campañas políticas ni operaciones de desestabilización como las que atribuyó al entorno de Petro en Colombia, a los hechos de 2019 contra Lenín Moreno en Ecuador o a episodios ocurridos en Bolivia y Venezuela.

En esa secuencia, describió a Cuba como una dictadura “bajo ultimátum”, a Nicaragua como un régimen aún estable y al resto de los países antes alineados como parte de un proceso de cambio. Para Brasil, México y Colombia habló de distintos grados de supervivencia de los gobiernos “para dictatoriales”.

Propuso cambiar leyes, juzgar crímenes y sacar a la delincuencia de la política

Sánchez Berzaín enmarcó su intervención en la presentación de un libro publicado en 2018 bajo el título Bolivia, la patria está cautiva. Dijo que el diagnóstico de entonces no cambió y enumeró los elementos de esa condición: “narco Estado”, crímenes políticos, manipulación constitucional, crisis económica, dependencia y exiliados políticos.

Al cerrar, planteó tres condiciones para desmontar las dictaduras y sus redes de poder. La primera, dijo, es reemplazar las leyes del sistema criminal por un retorno a la democracia, lo que en Bolivia incluiría revisar la Constitución que, según su visión, sustituyó a la República de Bolivia por un “Estado plurinacional”.

La segunda condición fue la ausencia de impunidad. “No puede haber impunidad”, afirmó al referirse a asesinatos, violaciones de derechos humanos, terrorismo de Estado, corrupción y narcotráfico, y advirtió que un cierre sin sanciones podría repetir una salida como la de 1990 en Nicaragua.

La tercera fue “sacar de la política a la delincuencia organizada”. Según sostuvo, la política debe volver a ser el ámbito de representantes ciudadanos con mandato y rendición de cuentas, y no el espacio ocupado por estructuras criminales que, a su juicio, administraron el poder en las Américas durante buena parte del siglo XXI.

La apertura de la ceremonia estuvo a cargo de Tomás Regalado, presidente del IID y ex alcalde de Miami.

Tomás Regalado, presidente del Interamerican Institute for Democracy y ex alcalde de Miami habla en la presentación de quienes serán los galadornados en los Premios por la Democracia 2024 (IID)
Tomás Regalado, presidente del Interamerican Institute for Democracy y ex alcalde de Miami

Regalado, atribuyó a Carlos Sánchez un rol central en la proyección internacional de la institución y en la difusión del concepto de “narcoestado” aplicado a regímenes autoritarios de América Latina.

“A él le debemos que el instituto sea reconocido internacionalmente”, dijo Regalado al presentarlo.

En esa misma intervención, Regalado sostuvo que figuras de la política de Estados Unidos terminaron por coincidir con diagnósticos que, según él, Sánchez venía formulando desde hace años.

“Aparece Donald Trump y aparece Marco Rubio y dicen exactamente lo que Carlos Sánchez ha venido predicando durante muchos años”, afirmó.

“Hoy tenemos la posibilidad de saber más de estos narcoestados, un nombre acuñado hace muchos años por Carlos Sánchez”, aseguró, al mencionar además que el término había sido utilizado “para dictatoriales y otros ensayos”, dijo Regalado.

En el tramo final de su presentación, el ex alcalde de Miami expresó expectativas sobre un cambio político en el continente. “Ojalá que esta sea la sentencia final de todas estas dictaduras; todos son narcoestados”, declaró.

El panel de comentarios estuvo integrado por Ricardo Israel, académico y analista político chileno, especialista en derecho constitucional y sistemas democráticos en América Latina; Iliana Lavastida, periodista cubano-estadounidense, directora de Diario Las Américas y reconocida por sus análisis sobre los regímenes autoritarios y el impacto del modelo cubano en la región; y Beatrice Rangel, internacionalista venezolana y directora gerente de AMLA Consulting. Rangel fue diputada por el estado Miranda y ocupó los cargos de secretaria general del Ministerio de Educación, ministra de la Secretaría de la Presidencia y directora del Teatro Teresa Carreño.

Ricardo Israel sostuvo que la obra de Carlos Sánchez Berzaín no se limita a reunir columnas sobre América Latina: ordena un vocabulario político que, a su juicio, permitió nombrar fenómenos que después ingresaron al debate regional, desde el “castrochavismo” hasta la idea de “narcoestado” y de gobiernos “paradictatoriales”.

En su exposición, centrada en un libro del ex ministro boliviano, Israel presentó esa producción como una intervención sostenida sobre la discusión pública en torno de las dictaduras, el fraude electoral, la represión política y la disputa entre democracia y autoritarismo.

Entre los puntos que destacó, el analista puso el foco en la regularidad de esa producción: afirmó que Sánchez Berzaín publica todos los años y que en cada período aparece al menos un libro, a veces más de uno. También señaló que muchos de esos volúmenes toman como título el asunto que el autor considera principal entre los artículos seleccionados.

Israel, especialista en derecho constitucional y sistemas democráticos en América Latina, vinculó esa tarea editorial con una red más amplia de difusión. Mencionó el trabajo del Instituto Interamericano para la Democracia, las columnas periodísticas en medios como Infobae y Diario Las Américas, la publicación en la web del instituto y la circulación frecuente de intervenciones y entrevistas en redes sociales.

En esa misma línea, describió al instituto como una estructura con “muy importante labor” bajo la dirección de Sánchez Berzaín y remarcó que funciona “sin grandes ingresos financieros”, apoyado en la motivación y en el trabajo voluntario de quienes fueron incorporados al proyecto.

El núcleo del elogio de Israel estuvo en la capacidad de “darle nombre” a procesos que, según planteó, resultan centrales para entender la política latinoamericana reciente. “Suyo es el nombre que muchos hoy utilizan”, afirmó, al referirse a conceptos que, dijo, se expandieron incluso entre quienes los repiten sin conocer su origen.

El primer ejemplo que citó fue el de “castrochavismo”, una denominación que, según explicó, ayudó a identificar a los regímenes adheridos al llamado socialismo del siglo XXI sin confundirlos con una doctrina política. Para Israel, esa precisión conceptual tuvo efectos en el modo en que democracias de Europa, América Latina y Estados Unidos interpretaron esos procesos.

A ese repertorio agregó la formulación de “sacar al dictador que continúa la dictadura”, que vinculó con la situación boliviana posterior a la caída de Evo Morales. Según su interpretación, la salida de un líder no elimina por sí sola la estructura jurídica y política que ese liderazgo dejó montada.

Fidel Castro y Hugo Chávez
Fidel Castro y Hugo Chávez

Israel sostuvo que ese patrón también puede leerse en Venezuela. Al mencionar la “captura de Maduro” y la continuidad del gobierno encabezado por “Rodríguez”, afirmó que persisten presos políticos, que no hay libertad de prensa y que figuras destacadas siguen sin poder regresar al país.

Al presentar el libro, Israel subrayó que el volumen reúne ensayos sobre “narcoestado” y gobiernos “paradictatoriales”, dos expresiones que adjudicó a Sánchez Berzaín. Según expuso, la primera apunta a gobiernos que no solo son financiados por redes ilícitas, sino que quedan manejados por el crimen organizado transnacional “como un verdadero dueño”.

Sobre ese punto, añadió un dato político: dijo que el término empezó a ser utilizado por la administración Trump, aunque remarcó que el autor y el instituto llevaban años trabajando esa categoría en seminarios y publicaciones. Para Israel, ese recorrido previo explica que hoy la expresión aparezca de manera habitual en medios de comunicación internacionales.

En cuanto a los gobiernos “paradictatoriales”, los describió como administraciones elegidas democráticamente pero que “le prestan ayuda a la dictadura”, no solo en América Latina sino también en otras regiones. La idea, según su lectura, busca identificar formas de colaboración política con sistemas autoritarios aunque conserven una fachada electoral.

Ese aparato conceptual, agregó, recorre la estructura misma del libro. Enumeró un primer capítulo dedicado a “dictadura y narcoestado”, un segundo sobre “gobiernos paradictatoriales de América”, un tercero centrado en fraude electoral, persecución judicial y represión política, y dos capítulos finales sobre “Venezuela ocupada por el crimen” y “Cuba dictadura, jefe del club organizado”.

Cuba, Venezuela y la guerra híbrida

Israel afirmó que Sánchez Berzaín fue una de las primeras voces en escribir, “hace ya muchos años”, que Cuba era la “dictadura madre” de la subversión en América Latina. Desde su perspectiva, esa idea aparece reafirmada en los capítulos finales del libro y funciona como punto de conexión entre distintos procesos regionales.

También dijo que el autor estuvo entre los primeros en advertir que contra las democracias de las Américas se estaba utilizando una “guerra híbrida”. Presentó esa noción como otro concepto que luego se popularizó y se masificó en los medios de comunicación.

En ese marco, mencionó una columna reproducida en el libro en la que se afirma que el eje de la confrontación global es el de dictadura contra democracia. Para Israel, esa línea “no ha cambiado” y sigue marcando la política del siglo XXI como un hilo conductor en la producción intelectual de Sánchez Berzaín.

América Latina y la estrategia hemisférica

Entre los materiales citados en su intervención, Israel atribuyó “particular importancia” a un documento aparecido en noviembre del año pasado sobre la estrategia nacional de Estados Unidos. Señaló que allí se expresa “por primera vez” de manera oficial y formal qué está haciendo Washington para reordenar la geopolítica mundial.

Según su exposición, ese texto deja ver la relevancia que la actual administración estadounidense vuelve a asignarle a América Latina después de “un largo período de olvido”. En su lectura, la región reaparece como parte del mundo occidental mientras Europa pierde centralidad relativa para esa administración.

Israel ligó ese movimiento a otro ensayo de Sánchez Berzaín, resumido en una frase: “Estados Unidos, el socio imprescindible de Latinoamérica, está de vuelta y raya la cancha”. Dijo que, a partir de ese documento, se puede discutir si esa orientación gusta o no, pero no negar los hechos que expone.

Esa referencia le permitió formular una definición sobre el método intelectual del autor. “Los hechos no se discuten”, dijo Israel, antes de añadir que lo que sí puede debatirse es la opinión sobre esos hechos.

“Restituir la democracia” y no prolongar transiciones

Israel ubicó esa producción dentro de una trayectoria de larga duración. Recordó que conoció a Sánchez Berzaín en una reunión de televisión y que, desde entonces, advirtió una continuidad marcada en sus inquietudes intelectuales, con especial atención sobre Bolivia, Cuba, Venezuela y el funcionamiento regional del autoritarismo.

Como muestra de esa persistencia, citó un artículo reciente publicado en Infobae en el que Sánchez Berzaín plantea “cambiar los procesos de transición por la restitución de la democracia”. Según explicó, la advertencia es que la transición no debe usarse para darle “sobrevida artificial” a quienes eran parte de la dictadura.

En el cierre de su exposición, Israel dejó planteada una expectativa sobre el próximo libro del autor y respaldó esa espera con dos citas. La primera fue de Marie Curie: “Nada en la vida debe ser temido, solamente comprendido”. La segunda, de Oriana Fallaci: “La libertad no es un regalo, sino una conquista que debe defenderse día a día”.

Por su parte, la internacionalista venezolana Beatrice Rangel sostuvo que el avance de los narcoestados en el hemisferio no puede leerse como un problema aislado ni local, sino como una estructura que se expande por los flujos económicos internacionales, crea relaciones de dependencia fuera de sus fronteras y vuelve “extraordinariamente difícil y complejo” su combate. Al presentar una obra dedicada a ese fenómeno, planteó que el caso de Venezuela sigue exigiendo una respuesta jurídica internacional porque, a su juicio, el país permanece “secuestrado por una banda criminal”.

Presentación del libro de Carlos Sánchez Berzaín, "La lucha contra las dictadura tiene amigos de mentira y enemigos de verdad", en en Books & Books de Coral Gables, Miami
Beatrice Rangel (@nachomartinfilms)

Rangel, directora gerente de AMLA Consulting, ubicó en el centro de su lectura los ensayos dedicados a Venezuela y afirmó que son “particularmente útiles para comprender el presente”. En esa línea, remarcó que una de las preguntas decisivas es si todavía sigue vigente esa caracterización del régimen venezolano, porque de esa respuesta “dependerá en buena medida la duración y el éxito del periodo de transición” que atraviesa el país.

La analista comparó la dinámica de estos regímenes con una metástasis: dijo que, así como en el cáncer las células malignas viajan por el cuerpo a través de la sangre, en los narcoestados su influencia se desplaza por los circuitos económicos, sobre todo internacionales, hasta fijarse en comunidades de otros países. Allí, agregó, se desarrollan vínculos de “dependencia y servidumbre” respecto del “tumor original” que representa el Estado capturado.

Sobre Venezuela, Rangel señaló que el autor de la obra define al país como “un país secuestrado por una banda criminal” y sostuvo que esa condición obliga a aplicar la ley internacional. Según explicó, eso implica que los países deberían cumplir la Convención de Palermo y activar contra Venezuela las sanciones previstas por la convención de las Naciones Unidas contra el crimen organizado mientras, dijo, “esté criminal en el gobierno”.

Venezuela sigue bajo control criminal

Beatrice Rangel afirmó que la discusión central no es retórica, sino práctica: determinar si Venezuela continúa bajo el dominio de una estructura criminal con miembros que siguen integrando el gobierno. La consecuencia, según planteó, es directa: esa definición condicionará el tipo de respuesta internacional y el resultado del proceso de transición venezolano.

Al desarrollar esa idea, sostuvo que aunque “el señor Nicolás Auro” se encuentra preso en Nueva York, “muchos de sus cómplices y compañeros de organización continúan actuando con libertad en Venezuela y forman parte del gobierno de la nación”. Con esa observación, vinculó la vigencia del diagnóstico sobre el país con la permanencia de cuadros de poder que, a su entender, no fueron desplazados.

Rangel también destacó como “la reflexión más valiosa del libro” el ensayo titulado “La coexistencia de gobiernos democráticos con la dictadura es el mayor peligro para las Américas”. Allí, resumió, se expone cómo la globalización, la consolidación de los sistemas de pago digitales, las comunicaciones satelitales y un transporte aéreo y marítimo cada vez más eficiente eliminaron los espacios de aislamiento real.

A partir de ese escenario, advirtió que todas las naciones están expuestas al contagio de “nuevos virus políticos”, que identificó como el crimen organizado y el totalitarismo. Según su descripción, ambos desarrollaron una relación simbiótica que les permite expandirse de forma simultánea en la política y en los negocios ilícitos.

Venezuela y el poder narco-militar

Rangel señaló que, aunque Cuba representa el régimen totalitario de mayor permanencia en el hemisferio, no debe olvidarse que Bolivia atravesó en la década de los 80 una sucesión de gobiernos militares sostenidos por el narcotráfico. Añadió que un cuadro semejante predomina en “mi amado país”, gobernado, dijo, por una estructura criminal que muchos comparan con el llamado cartel de los Soles venezolano.

En ambos casos, afirmó, las organizaciones criminales ejercen el poder “prácticamente sin ningún contrapeso”. También pidió recordar el financiamiento de ejércitos irregulares en Colombia, Guatemala, Nicaragua y El Salvador durante las décadas de los 80 y 90, cuando grupos armados disputaban el control de recursos provenientes de actividades ilícitas.

Con ese repaso, introdujo una advertencia sobre las estrategias de combate al narcotráfico cuando interviene el componente militar. Dijo que en ese terreno “hay que crear algunos dispositivos para impedir que eso pase de nuevo”, en referencia a la reproducción de estructuras armadas sostenidas por economías ilegales.

El consumo de drogas como un problema de salud pública

En el tramo final de su intervención, Rangel respondió a la pregunta sobre si existe un antídoto contra ese mal y sostuvo que “el primer antídoto es la libertad”, aunque aclaró que no alcanza por sí sola. Luego planteó una respuesta de base económica y resumió su idea con una frase atribuida a James Carville: “Es la economía, estúpido”.

Para argumentarlo, recordó que a lo largo de la historia numerosos gobernantes crearon monopolios artificiales con rentas destinadas a financiar proyectos políticos, aunque algunos de esos monopolios terminaron siendo profundamente dañinos para la sociedad. Como ejemplo citó la prohibición del consumo de bebidas alcohólicas en Estados Unidos entre enero de 1920 y diciembre de 1933, período en el que, dijo, florecieron el crimen organizado, la corrupción y algunos de los mayores abusos de la historia del país.

Desde esa comparación, sostuvo que con las drogas se repitió el mismo error. Planteó que la adicción constituye ante todo un problema de salud pública y no exclusivamente de criminalidad, y afirmó que si fuera tratada de ese modo “el valor económico del narcotráfico se desplomaría”.

Rangel sostuvo que el fin de la prohibición reduciría los ingresos del narcotráfico, haría desaparecer sus beneficios ocultos y empujaría a los carteles a la quiebra de su principal negocio. Según dijo, eso les quitaría los recursos multimillonarios que hoy utilizan para corromper instituciones, crear ejércitos paralelos, subvertir gobiernos y financiar otras actividades ilícitas.

Esa tesis, añadió, fue una de las últimas grandes causas defendidas por Milton Friedman, a quien identificó como uno de sus profesores. Según recordó, el economista instó a los jefes de Estado reunidos con motivo del aniversario de las Naciones Unidas a preservar la paz, la democracia y la libertad mediante el reconocimiento del consumo de drogas como un problema de salud pública mundial.

Entretanto, la periodista cubano-estadounidense Iliana Lavastida, directora de Diario Las Américas, cerró el evento de la presentación del libro del doctor Carlos Sánchez Berzaín como una intervención contra lo que definió como décadas de adoctrinamiento ideológico en América Latina y como una herramienta para explicar por qué varios países de la región siguen bajo control de narcoestados o de gobiernos que, a su juicio, derivaron en formas para dictatoriales.

Durante la presentación de La arca de gobiernos para dictatoriales y otros ensayos, transmitida por las redes sociales del Instituto Interamericano para la Democracia, Lavastida sostuvo que el valor central del volumen está en ordenar conceptos, denuncias y hechos concretos que, según afirmó, permiten identificar alianzas, complicidades y zonas de impunidad en el hemisferio.

La directora del diario dijo que los ensayos son el resultado de textos que Sánchez Berzaín escribe “al menos con una frecuencia semanal” y que ella publica en las ediciones impresas y plataformas digitales del medio. En esa producción regular, señaló, detecta una voluntad que va más allá de difundir ideas y busca ofrecer argumentos para desmontar narrativas que encubren a actores contrarios a la democracia.

Iliana Lavastida durante su presentación en la conferencia
Iliana Lavastida

Lavastida enmarcó ese trabajo en una disputa por el sentido político de la región. “Quienes lo leen o lo escuchan encuentran una alternativa a las décadas de adoctrinamiento ideológico a las que en este hemisferio hemos permanecido expuestos”, afirmó durante su intervención.

En su lectura del volumen, la periodista sostuvo que una de las contribuciones del autor es la “conceptualización” de las razones por las que en América Latina algunos países han permanecido, y otros continúan, bajo estructuras de poder vinculadas al crimen y al autoritarismo.

También ubicó en ese marco la caracterización del socialismo del siglo XXI. Según recordó, Sánchez Berzaín lo ha definido como “una transnacional del crimen organizado”, una formulación que, de acuerdo con Lavastida, atraviesa sus artículos y exposiciones públicas.

La periodista agregó que el libro identifica a gobiernos elegidos por métodos democráticos que, por sus alianzas y complicidad con determinados regímenes, “califican para dictatoriales”. Para Lavastida, esas definiciones integran una narrativa que suele usarse para “justificar” y “enmascarar” a los enemigos de la democracia.

La influencia cubana

Lavastida enumeró una serie de países en los que, según dijo, la expansión de la influencia cubana “ha hecho mella”: Nicaragua, Bolivia, Ecuador, Venezuela, Argentina, Brasil, México y Honduras, entre otros.

En ese punto, describió a La Habana como un “eficiente laboratorio del mal” y sostuvo que en los ensayos se registran “informaciones, sucesos y denuncias muy concretos” sobre ese funcionamiento. A la vez, afirmó que el autor ha expuesto a sus “cómplices en otras latitudes geográficas”.

Lavastida incluyó entre esos actores a China, Rusia, Irán y grupos terroristas como Hamas y Hezbollah. En su exposición, los presentó como adversarios de Occidente y de Estados Unidos.

La directora de Diario Las Américas sostuvo que Sánchez Berzaín no limita sus cuestionamientos a los regímenes latinoamericanos. Según explicó, sus textos también apuntan a organismos e instituciones que, por “inacción” e “incumplimiento de estatutos y convenciones vigentes”, adoptan una postura de permisividad frente a violaciones de esos principios.

Esa permisividad, dijo, permite que quienes vulneran esos preceptos actúen “con impunidad y sin consecuencias”. La observación apareció en su intervención como parte de una cadena de responsabilidades más amplia que excede a los gobiernos señalados.

Lavastida también mencionó el papel de Estados Unidos en esa “complejidad del hemisferio occidental”. Dijo que el autor ha señalado momentos en los que Washington “no ha sido lo suficientemente enérgico en su actuar” o ha fallado en la definición de una estrategia.

En la misma línea, aludió a la actual administración estadounidense y afirmó que la doctrina puesta en práctica por Donald Trump ha sido objeto de cuestionamientos y también de incertidumbre e incomprensiones. Presentó esa mirada como parte de un análisis “pragmático”, alejado de “apasionamientos ideológicos”.

Una herramienta de lectura política, histórica, social y jurídica

Lavastida vinculó su valoración del libro con su propia experiencia profesional. Explicó que, como lectora y editora de esos textos, los ha usado para repasar la contemporaneidad hemisférica y para ofrecer a los lectores una perspectiva que, según dijo, combina dimensión política, histórica, social y jurídica.

En un tramo personal de la presentación, recordó una frase de su padre para subrayar el sentido del trabajo intelectual del autor: “El conocimiento es uno de los bienes y materiales que nunca se pierde o no nos puede arrebatar nadie”.

Con ese marco, cerró su intervención con una recomendación directa del volumen. “Recomiendo los artículos compilados en este volumen de la autoría del doctor Carlos Sánchez Berzaín que hoy estamos presentando”.

La coordinación y moderación del encuentro estuvo a cargo de Francisco Endara Daza, especialista en gestión de eventos y diplomacia pública, colaborador del IID y moderador habitual de foros dedicados al fortalecimiento de la democracia.

El Interamerican Institute for Democracy presentará “Narcoestados, gobiernos paradictatoriales y otros ensayos”, el nuevo libro de Carlos Sánchez Berzaín
El Interamerican Institute for Democracy presentará “Narcoestados, gobiernos paradictatoriales y otros ensayos”, el nuevo libro de Carlos Sánchez Berzaín

Abogado, politólogo y director ejecutivo del IID, Carlos Sánchez Berzaín ha advertido en reiteradas oportunidades sobre la consolidación de alianzas entre dictaduras y organizaciones criminales en América Latina. En ese contexto, sostiene que una transición democrática efectiva requiere desmantelar los aparatos jurídicos, políticos y represivos construidos por regímenes como los de Cuba, Venezuela y Nicaragua.

En recientes declaraciones publicadas por Infobae, el ex ministro boliviano destacó la necesidad de restablecer el Estado de derecho, garantizar las libertades fundamentales y recuperar la independencia de los poderes públicos como condiciones indispensables para frenar la expansión de los modelos autoritarios.

Sánchez Berzaín afirma que la principal amenaza para la democracia en América Latina no proviene únicamente de gobiernos abiertamente dictatoriales, sino de la estructura que denomina “socialismo del siglo XXI”, la cual, según su análisis, consolidó redes de crimen organizado que sustituyen la actividad política y capturan las instituciones del Estado. También sostiene que estos regímenes ejercen un esquema de control basado en el “terrorismo de Estado”, mediante la persecución judicial y política de sus opositores y la restricción de los derechos fundamentales y las libertades económicas.

Asimismo, plantea que una transición democrática exige eliminar las estructuras jurídicas y operativas heredadas de las dictaduras, revertir las reformas constitucionales y legales que consolidan el autoritarismo, sancionar a los responsables de la represión y desmantelar las redes vinculadas al narcotráfico y otras economías ilícitas. A su juicio, solo el restablecimiento de cinco pilares esenciales —las libertades y los derechos humanos, el Estado de derecho, la independencia de poderes, la libre organización política y las elecciones libres— permitirá superar el ciclo de autoritarismo y consolidar una institucionalidad plenamente democrática.

PRESENTACIÓN DEL LIBRO “LA LUCHA CONTRA LAS DICTADURAS TIENE AMIGOS DE MENTIRA Y ENEMIGOS DE VERDAD” DE CARLOS SÁNCHEZ BERZAÍN.
Sánchez Berzaín afirma que la principal amenaza para la democracia en América Latina no proviene únicamente de gobiernos abiertamente dictatoriales, sino de la estructura que denomina “socialismo del siglo XXI”

Con la presentación de “Narcoestados, gobiernos paradictatoriales y otros ensayos”, el Interamerican Institute for Democracy, organización sin fines de lucro con casi dos décadas de trayectoria, reafirma su misión de promover el debate plural y regional sobre los principales desafíos que enfrenta la democracia en el continente.

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