
Luego de 18 meses de detención preventiva en la cárcel de San Pedro en La Paz, la Justicia boliviana otorgó detención domiciliaria al activista Fernando Hamdan, aprehendido en el marco de las investigaciones por el presunto intento de golpe de Estado del excomandante Juan José Zúñiga contra el Gobierno de Luis Arce el 24 de junio de 2024.
Hamdan, que también es miembro de la Comisión Iberoamericana de Derechos Humanos para el Desarrollo de las Américas, recibió en diciembre medidas sustitutivas en el marco de una disposición del Tribunal Supremo de Justicia para revisar los casos en los que se hubieran superado los plazos procesales previstos por ley. Uno era el suyo, que había triplicado el tiempo establecido para la detención preventiva.
Al activista se lo acusa por los delitos de alzamiento armado y terrorismo, por haber presuntamente participado en la avanza militar que tomó la Plaza Murillo con tanques y soldados armados. El objetivo era, según el gobierno de entonces, tomar la sede del poder ejecutivo. Sin embargo, tras un par de horas de ofensiva, los militares se replegaron.
A casi dos años de ese episodio, que marcó un punto de inflexión en su vida y a más de tres meses de haber regresado a Santa Cruz con detención domiciliaria, Hamdan conversó con Infobae sobre su situación y el proceso que se sigue en su contra.

-¿Cuál es la situación jurídica en la que se encuentra actualmente?
- Estoy con detención domiciliaria, todavía sin derecho al trabajo desde el 31 de diciembre de 2025. Por lo menos me permitieron regresar a casa, pero sigo sometido al proceso y sin posibilidad de salir. Me mantengo como un preso y preso político hasta la fecha, esperando que la chicana política y la manipulación se acaben de una vez.
-A usted lo acusan de haber participado en el supuesto intento de golpe de Estado orquestado por el general Zúñiga contra el gobierno de Luis Arce. ¿Tuvo algo que ver con este caso?
- Para empezar, es un caso montado, un teatro. El mismo general Zúñiga reconoció que esto fue una instrucción del presidente Luis Arce para elevar su popularidad. Yo me reuní con el general Zúñiga expresamente para revisar la situación de los presos políticos y lo que estaba bajo su tutela, que son los destinos de castigo y la manipulación de esos destinos por parte de las Fuerzas Armadas y del Ejército boliviano. Bajo esas premisas se monta toda una parafernalia, donde a mí me dejan atrapado en ese teatro en la ciudad de La Paz y secuestrado, por decirlo de alguna manera, a lo que eran las condiciones de esa reunión. Yo llegué (a La Paz), (sostuve) una reunión de una hora y no lo volví a ver (a Zúñiga) nunca más.
-Ese contacto que usted tuvo con el general Zúñiga, ¿lo hizo a título de la organización en la que trabaja?
- Fue a título personal, pero a través de toda una red de contactos. En ese momento se dio una aparente confrontación entre Zúñiga y el presidente Luis Arce por los ascensos de grado y de jerarquía. Bajo ese escenario me dijeron que era el momento para abogar por los presos políticos y por lo que se estaba dando en las Fuerzas Armadas que era la designación de destinos de castigo.

-Cuando a usted lo detuvieron, el entonces ministro de Gobierno, Eduardo del Castillo, dijo que había el registro de nueve llamadas entre usted y el general Zúñiga el día del alzamiento militar. ¿Son reales estas llamadas? ¿En qué contexto se dieron?
- Yo me encontraba casi secuestrado en el hotel donde se llevó a cabo la reunión. Su gente cercana me decía “llame al general.” Y cada vez que yo generaba una llamada era porque su gente me pedía que llamara al general. Y esto era básicamente parte de lo que se quería establecer, una comunicación forzada.
-¿La gente de Zúñiga lo obligó a usted a llamarlo?
- A mí me pidieron una reunión en reserva antes del alzamiento militar. Yo acepté la reserva y entendí los riesgos de esa reserva. Llegué y me dijeron “no se puede comunicar con cualquiera, hay gente que lo va a movilizar, si tiene que ir a algún lado, tiene que ser con esta gente.” Era un escenario de absoluta indefensión donde yo no tenía ni siquiera las libertades para irme. Estaba sometido al control de su seguridad, entonces negar que me den una destrucción, realmente era difícil en esa situación.
-¿Usted no sabía lo que se estaba gestando?
- Bajo ningún concepto. Yo estaba en una reunión que tenía un contexto y desembocó en otra cosa y que evidentemente todo el juego que yo pude seguir fue precautelando mi seguridad y cumpliendo las instrucciones de la gente que me tenía bajo su tutela.
-¿Por qué cree usted que lo involucraron en este caso?
- Bolivia tiene más de 300 presos políticos que todavía no se han liberado. Se han liberado a las figuras más públicas como Jeanine Áñez, Luis Fernando Camacho, Marco Pumari, pero quedan los resabios de toda esa cacería descarnada del Movimiento Al Socialismo (MAS). Yo me atreví a denunciar y presenté la primera lista de presos políticos de Luis Arce al Parlamento Europeo. A través de eso se reconoció mi trabajo y que en Bolivia existen presos políticos. Llegamos a Naciones Unidas, a la OEA y un montón de organizaciones que colaboraron en este sentido.
Ese era un frente, pero también todo el trabajo previo que yo desarrollé del análisis electoral de las elecciones del año 2019 con mi plataforma Ciudadana Transparencia Bolivia, donde presentamos informes técnicos que demostraban el fraude y la manipulación electoral en esas tres elecciones.
Entonces, había motivos de sobra, por mi trabajo y por mi dedicación ,para haber tenido los enemigos del anterior gobierno, incluidas las Fuerzas Armadas. Mi guerra fue frontal contra las vulneraciones de la democracia y del sistema de derecho.

-Mirando un poco hacia atrás, ¿cómo fueron sus días en la cárcel?
- Es una sensación de absoluta indefensión, de falta completa de libertades, una tensión e incertidumbre permanente, uno no es dueño ni siquiera de sus pensamientos y tristemente los días son extremadamente largos. También hay una desconexión del vínculo familiar y la afrenta a mi dignidad personal; el daño moral ha sido muy grande. Lo más grave fue que no pude despedirme de mi madre, que falleció mientras yo estaba en la cárcel.
-¿En qué etapa se encuentra el proceso actualmente?
- La anterior semana fui notificado con la acusación formal, eso quiere decir que el Ministerio Público está decidido a llevarnos a juicio cuando realmente existen los elementos suficientes para que esto hubiera colapsado por sí.
- Usted en un momento dijo que se consideraba un preso político de Luis Arce. ¿Cómo ha cambiado su percepción sobre su condición con el gobierno de Rodrigo Paz? ¿Se considera todavía un preso político?
- Sigo siendo preso político porque no tengo libertad, no tengo derecho al trabajo y estoy siendo torturado económicamente. Hemos recuperado la democracia de forma, pero no hemos recuperado el Estado de Derecho. Los procesos que han sido iniciados por el MAS con una dirección política todavía no se han caído.
-¿Por qué cree esto que ocurre esto?
- Hay entes que no han jugado de manera independiente en el pasado, como el sistema judicial y el Ministerio Público. Posiblemente por decoro y por una salida onerosa, el Ministerio Público no está retirando la acusación en estos casos, no solamente el mío sino de otros presos políticos. Hay evidencia, más allá de la susceptibilidad o la posición política, que nos demuestra que aún la justicia no es 100% independiente.
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