
La posibilidad de un acuerdo estratégico entre Brasil y Estados Unidos en torno a las tierras raras representa una de las apuestas más relevantes para redefinir el mapa global de los minerales críticos. En la actualidad, tanto Washington como Brasilia exploran vías de cooperación en este sector, mientras Estados Unidos busca reforzar su seguridad de suministro tras años de dominio chino en la extracción y procesamiento de estos recursos fundamentales para industrias de alta tecnología. Según el Financial Times, este acercamiento podría reconfigurar la relación bilateral luego de recientes tensiones políticas y comerciales.
A finales de 2025, las conversaciones sobre tierras raras se encontraban en una etapa inicial, con el gobierno estadounidense manifestando interés en privado, de acuerdo con personas que han seguido el proceso. El diplomático de mayor rango de Estados Unidos en Brasil, Gabriel Escobar, dialogó sobre el tema con la Asociación Brasileña de la Industria Minera (Ibram) y empresas mineras del país en los últimos meses. Simultáneamente, el Departamento de Comercio de Estados Unidos y el ministerio de Comercio brasileño mantuvieron intercambios sobre minerales críticos, según la misma fuente.
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Durante un evento en Washington dedicado a minerales críticos en diciembre, representantes de ambos gobiernos, instituciones financieras, la industria e inversores se reunieron para abordar la cooperación. El congresista brasileño Arnaldo Jardim, que redacta un proyecto de ley sobre tierras raras, participó y sostuvo reuniones con funcionarios estadounidenses del área comercial, según reveló una persona con conocimiento del asunto.
Un asistente relató: “Había representantes de los departamentos de comercio, estado, defensa y energía; dos o tres de cada uno. Mostraron gran interés y comentaron que están concretando acuerdos con otros países latinoamericanos en relación a las tierras raras”.
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El mercado mundial de tierras raras, un conjunto de 17 elementos metálicos esenciales para tecnologías que van desde autos eléctricos, turbinas eólicas, escáneres de resonancia magnética hasta misiles inteligentes, está marcado por sobresaliente hegemonía de China, que controla cerca del 60% de la extracción global y más del 90 % de la capacidad de procesamiento, según el Servicio Geológico de Estados Unidos. Brasil, sin embargo, tiene la segunda mayor reserva mundial, con el 23% de las reservas globales.

A pesar de este potencial, el país sudamericano todavía no ha conseguido desarrollar plenamente sus yacimientos, obstaculizado por la escasez de financiamiento local y prolongadas trabas burocráticas. Solo el 30 % del territorio brasileño ha sido cartografiado adecuadamente para mineralogía, según Valdir Silveira, directivo del Servicio Geológico de Brasil, lo que podría significar que los depósitos reales sean muy superiores a los estimados actuales.
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Para Estados Unidos, asegurar el acceso a estos materiales se ha convertido en un eje prioritario tras las restricciones impuestas por Pekín como represalia a los aranceles de la administración Trump. La Casa Blanca ha firmado acuerdos de suministro de tierras raras con países como Australia y la República Democrática del Congo, y aspira a replicar ese modelo en la relación con Brasil.
Como señala Christopher Garman, de la consultora Eurasia, “hay cerca de un 75 % de probabilidades de que se concrete algún tipo de acuerdo para el primer trimestre del próximo año”. Para él, un entendimiento sería beneficioso para ambos países, aunque advierte de posibles retrasos ligados a tensiones diplomáticas, especialmente tras la condena de Brasilia al ataque contra Caracas y la negativa de Lula a reducir la pena de Jair Bolsonaro.
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Este renovado interés estadounidense en los recursos naturales sudamericanos se manifestó también en la decisión de la DFC (Corporación Financiera de Desarrollo Internacional de Estados Unidos) de aprobar en agosto un préstamo de USD 465 millones para la mina Serra Verde, en Goiás, la única operación productiva de tierras raras en Brasil.
El contrato de venta anticipada de buena parte de su producción a China concluye este año, lo que abriría la puerta a nuevos destinos para el mineral. Además, la DFC destinó USD 5 millones a un estudio de viabilidad para otro proyecto de tierras raras pesadas de Aclara Resources, con la expectativa de iniciar extracción a mediados de 2028 enfocado en clientes occidentales, según su director ejecutivo, Ramón Barúa. Barúa aseguró al Financial Times: “La acogida ha sido extraordinaria. El interés por parte de las autoridades estadounidenses es evidente”.
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El tipo de cooperación con Brasil seguiría el modelo del marco Estados Unidos-Australia acordado en octubre, que estableció inversiones por USD 3.000 millones en seis meses. Además del respaldo financiero a nuevos proyectos, Estados Unidos propone canalizar más fondos a través de la DFC y del Export-Import Bank, así como de distintas agencias gubernamentales.
El desarrollo de la industria local, sin embargo, enfrenta importantes desafíos regulatorios y financieros. La mina Serra Verde tardó 15 años en entrar en producción tras superar los trámites y la obtención de permisos. A su vez, la Comisión Europea busca un acuerdo propio con Brasil sobre materias primas críticas, en particular para elevar su participación en litio, níquel y tierras raras. Así lo planteó en Río de Janeiro Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión, evidenciando la competencia internacional para acceder a estos recursos estratégicos.
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Analistas políticos describen el actual momento como propicio para la cooperación, tras superar la crisis desatada por los aranceles y sanciones estadounidenses durante el gobierno de Trump y la firmeza de Lula ante presiones para suspender causas judiciales contra Bolsonaro. Desde entonces, Washington revirtió algunas tarifas sobre productos alimenticios brasileños y levantó sanciones dirigidas a funcionarios judiciales clave.
Funcionarios brasileños, citados por el Financial Times, confirmaron: “El debate sobre la cooperación en el área de tierras raras forma parte del diálogo económico entre Brasil y Estados Unidos”. Desde la perspectiva de la industria, observadores como Constantine Karayannopoulos consideran que la “dotación extraordinaria” de Brasil podría convertirlo en una “superpotencia de las tierras raras”. Según su evaluación: “Si la Casa Blanca quiere jugar bien sus cartas, apostará por un enfoque pragmático y racional en lugar de imponer decisiones a Brasil”.
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