
Abril se proyecta como el mes más oscuro de Brasil en la pandemia, al punto que en varias ciudades del gigante sudamericano las muertes durante el mes superan a los nacimientos. Solo este miércoles, el país reportó 3.459 víctimas fatales por COVID-19 en las últimas 24 horas y superó los 360.000 fallecidos.
En lugares como Rio de Janeiro, São Bernardo do Campo, Natal y Porto Alegre, ya murieron más personas de las que nacieron. Los datos, que se desprenden del sitio oficial del registro civil brasileño, muestran que en 12 de las 50 ciudades con más de 500.00 habitantes se da esta situación.
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Durante el transcurso de la semana corriente, el país ha registrado 8.747 decesos vinculados al nuevo coronavirus, que se expande sin freno por todo el territorio nacional pese a las restricciones a la movilidad vigentes en buena parte de los estados brasileños.
El Ministerio de Salud también reportó 73.513 contagios en el último día, con lo cual el balance total de positivos es ahora de 13.673.507, aunque especialistas sanitarios estiman que, debido a la subnotificación, el número podría ser hasta “dos o tres veces” más alto.
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En la segunda ciudad más grande del país, Río Janeiro, se registraron en el mes de marzo 32.060 nacimientos y 36.437 muertes. No obstante, la cifra más alarmante la presenta Porto Alegre, que el mes pasado tuvo 3.221 muertes y solo 1.509 nacimientos.

Se pronostica que el número de fallecimientos seguirá aumentando en la próxima semana a un promedio de casi 3.500 por día antes de disminuir, según el Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud de la Universidad de Washington. De continuar la tendencia, generaría un escenario sin precedentes en el gigante sudamericano: que las muertes superen a los nacimientos a nivel nacional en un mes.
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Expertos en salud pública culpan al presidente Jair Bolsonaro por negarse a promulgar medidas estrictas para detener las infecciones y por enfrentarse a los gobernadores y alcaldes que lo hicieron.
Esto se ha agravado por la apuesta del Ministerio de Salud por una sola vacuna, la de AstraZeneca, y por comprar solo un respaldo, la china CoronaVac, después de que surgieran problemas de suministro con la primera. Las autoridades ignoraron a otros productores y desperdiciaron oportunidades hasta que fue demasiado tarde para obtener grandes cantidades de vacunas para la primera mitad de 2021.
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Con una amplia experiencia en programas de vacunación masivos y exitosos, Brasil debería haberlo sabido mejor, dijo Claudio Maierovitch, exjefe del regulador de salud nacional. “El gran problema es que Brasil no buscó alternativas cuando tuvo la oportunidad”, agregó.
Bolsonaro cuestionó públicamente la confiabilidad de otras inyecciones y se burló de los términos contractuales. Insistió en que no obligaría a nadie a vacunarse y hace poco declaró que él mismo podría recibirla.
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El gobierno también se demoró al firmar la iniciativa COVAX de la Organización Mundial de la Salud que proporciona vacunas a las naciones más pobres. Finalmente compró lo mínimo, suficiente para el 10% de su población de 210 millones.
En febrero, Brasil comenzó a firmar contratos con otras compañías farmacéuticas, pero ninguna de sus inyecciones ha sido administrada. Del 10% de las personas que recibieron una dosis hasta ahora, la gran mayoría recibió la inyección de Butantan y el resto recibió la de AstraZeneca, que el instituto de salud gubernamental Fiocruz está envasando.
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La administración de Bolsonaro anunció a mediados de marzo la adquisición de 100 millones de dosis del inoculante desarrollado por Pfizer -aunque llegarán solo 3,5 millones entre abril y marzo- y 38 millones de Johnson & Johnson. Las dosis de este último laboratorio, no obstante, comenzarán a arribar en el tercer trimestre.
Las unidades de cuidados intensivos para pacientes con COVID-19 en la mayoría de los estados del país superan el 90% de su capacidad. Siete de cada 10 hospitales corren el riesgo de quedarse sin oxígeno suplementario y anestésico en los próximos días, informó el diario Folha de Sao Paulo el pasado 8 de abril.
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Bolsonaro ha rechazado los confinamientos argumentando que su impacto económico sería aún más devastador que el virus. Incluso llevó a tres estados a la Corte Suprema el mes pasado por adoptar restricciones. En contraposición, el Supremo Tribunal Federal de Brasil autorizó el miércoles que prosiga una investigación del Senado al manejo que ha dado el presidente.
Con información de AP
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