
Bajo un disfraz inocente, el régimen de Daniel Ortega estaría a punto de emprender en Nicaragua una maniobra “peligrosísima” a criterio de los opositores. Este jueves, la junta directiva de la Asamblea Nacional activó un proceso de reformas parciales a la Constitución de la República para incluir cuatro nuevos héroes nacionales. Ese, consideran los opositores, es el pretexto; la intención de fondo es sortear en el 2021 unas elecciones que sabe que va a perder.
“Cuando se trata te reformas constitucionales, un agujerito se puede convertir en un gran portón para hacer cualquier cosa. Y como Ortega tiene el control del parlamento y los partido aliados, el puede hacer lo que quiera”, dice Mauricio Díaz, miembro del partido opositor Ciudadanos por la Libertad (CxL).
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Según las leyes nicaragüenses, una reforma constitucional necesita discutirse en dos legislaturas de la Asamblea Nacional y ser aprobada por dos tercios de los diputados. El Frente Sandinista, el partido de Daniel Ortega, tiene 70 de los 92 diputados del parlamento.
La propuesta de abrir la Constitución para sus reformas se produce solo 18 días antes de que termine la presente legislatura, de tal forma al concluir esta legislatura el 15 de diciembre, y comenzar la siguiente, el próximo 9 de enero, en dos meses podrían estar aprobadas las reformas constitucionales que Daniel Ortega se proponga con esa gran mayoría que tiene en el parlamento.
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Mauricio Díaz considera que estamos en víspera de “una gran sorpresa”. En los próximos días Ortega podría estar abriendo sus cartas. “Se ha mencionado la idea de cambiar la naturaleza del sistema político de Nicaragua para evitar unas elecciones que a todas luces las va a perder. ¿Cómo podría hacerlo? Con la complicidad de los partido aliados en la Asamblea Nacional se han venido acomodando a estos intereses”, dice.
“Quieren hacer una Constituyente y eventualmente crear otra figura”, explica. “En vez de la Presidencia de la República nombrar un Primer Ministro, buscando como garantizar la continuidad de la familia, que es lo más ridículo del mundo, como si esto fuese una monarquía”.
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El analista político Eliseo Núñez no cree que esta propuesta de reformas sirvan a Ortega para eludir las elecciones. “En la parte técnica de las reformas constitucionales solo se puede reformar lo que se propone, no más allá de eso. El proyecto de reforma tiene que versar al inicio sobre lo que se va a reformar al final. Puede variar el texto pero no se puede adicionar un artículo”, dice.
Sin embargo, coincide con Díaz en que en ninguno de los cálculos de Ortega está dar elecciones completamente libres, sobre todo después de la intempestiva salida del poder del boliviano Evo Morales. “Daniel Ortega está convencido que si da elecciones libres no va a poder ganarlas. Tiene que construir un proceso electoral en que él pueda controlar eso. Una vez que pasa lo de Evo (Morales) se da cuenta que el proceso electoral que controla, con el que puede hacer fraude, le puede dar como resultado un levantamiento popular que lo saque del poder”, señala Núñez
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Lo que sucedió en Bolivia es un hecho que provoca angustia entre los sandinistas. “Ortega ha prometido a su base dos cosas: uno, que las elecciones serán recién en 2021; y dos, que en 2021 gana las elecciones de cualquier forma”, explica Núñez. Ese es un mensaje, dice, para la gente que ha delinquido bajo las órdenes de Daniel Ortega y Rosario Murillo. “Él está manteniendo lealtades a base de vender impunidad permanente. Si alguien es policía represor, un funcionario que robó, un funcionario que puede ser acusado de crímenes de lesa humanidad, lo que le interesa es que Ortega se mantenga en el poder más allá del 2021”.
En varias ocasiones Ortega ha manifestado su simpatía por el modelo político cubano, donde existe un solo partido y los ciudadanos eligen sus autoridades entre los candidatos que ese partido designa. También habló con insistencia, antes de volver al poder, de la posibilidad de establecer en Nicaragua un régimen parlamentario. Lo dijo en su discurso del 24 aniversario de la revolución sandinista, en 2003, cuando era oposición, y lo volvió a repetir en 2009 cuando ya estaba en el gobierno.
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Recientemente, con la renuncia de Evo Morales a la presidencia en Bolivia, atacó a la “vía electoral” como método de escoger gobiernos. “Hemos apostado a la vía electoral, pero lo de Bolivia es una prueba de fuego para que se pueda sostener la mínima confianza en la vía electoral, de lo contrario los pueblos se sentirán con todo el derecho de tomar las armas para buscar el poder por la vía revolucionaria”, dijo Ortega en la clausura de la reunión extraordinaria del Consejo Político de la Alianza Bolivariana (ALBA), que sesionó en Managua, el 14 de noviembre pasado.
“Yo veo que no quiere correr ningún riesgo”, dice Díaz. “Se siente cómodo controlándonos militarmente, teniendo el control de las calles y carreteras del país, la arbitrariedad en el ejercicio de una policía que ya perdió toda legitimidad, pero le está funcionando. Está apostando a mantener el país así, no está pensando en abrir las válvulas de descompresión y permitir darle personería jurídica a nuevas agrupaciones. Más bien lo veo cómodo negociando, transado con sus partidos parlamentarios”.
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“Mi miedo es que la comunidad internacional, hastiada de nosotros, los europeos, la OEA, los mismos norteamericanos, terminen aceptando aceptando cualquier locurita, cualquier barbaridad, que la representación legislativa de ese congreso saque, si es una solución que vaya a darle una salida a este atolladero en que estamos”, expone Mauricio Díaz.
El otro temor de Díaz es que, una vez presentado este paquete de reformas, la OEA caiga en la trampa de aceptar que el interlocutor único es el Estado de Nicaragua. “Y así el gobierno no tiene ni que aceptar la demanda de que se siente a negociar con la Alianza Cívica tal como quedó pedido en la 49 Asamblea General de Medellín, de la OEA”.
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Díaz dice sentirse angustiado. “Vamos camino a otro baño de sangre. Ortega está apostando a provocar una guerra civil”.
Para Eliseo Núñez, Daniel Ortega tiene varios atajos para mantenerse en el poder sin arriesgarse a perder las próximas elecciones. “La constituyente puede ser una opción que tenga prevista. Convocará una (asamblea) constituyente que le extienda el periodo. Ese sería el más obvio. El segundo, es crear un caos que le permita decir que no hay condiciones en el país para una elección. Para mí, lo que va a intentar es una constituyente o algo similar”.
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Dice que la estrategia de Ortega es que “la comunidad internacional y la oposición jueguen contra hechos consumados. Yo ya hice una Constitución, yo ya hice una reforma que me extendió el período, entonces no están jugando contra algo que va a pasar sino contra algo que ya se hizo. Es el juego leninista, de dos pasos adelante un paso atrás”.
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