
El papa Francisco visita este jueves Iquique, una multicultural ciudad del norte de Chile que durante los últimos años ha registrado una significativa llegada de inmigrantes procedentes de una veintena de países y que actualmente representan cerca del diez por ciento de la población.
El pontífice cierra en esta ciudad, emplazada en el desierto de Atacama a 1.780 kilómetros al norte de Santiago, su estancia de tres días en Chile y proseguirá en Perú su sexta gira apostólica latinoamericana.
En Playa Lobito, una zona situada a pocos kilómetros de Iquique donde no hay playa ni crías de lobos, Jorge Mario Bergoglio encabezará la tercera y última misa masiva en el país austral, en la que se prevé que la inmigración y la defensa de los derechos de los migrantes tengan un papel central.

"Es una alegría de que el Papa pueda llegar a una ciudad pequeña, lejos del centro y de la capital, y quiera conocer la realidad de la migración, que somos la puerta de entrada de los migrantes que vienen del norte y quieren ingresar a nuestro país", dijo el obispo de Iquique, Guillermo Vera.
Para dar cuenta de la verdadera dimensión de la situación, el obispo explicó que en esta ciudad, que tiene unos 330.000 habitantes, viven inmigrantes de una veintena de nacionalidades.

Los más numerosos son los peruanos y los bolivianos, debido a la cercanía geográfica de sus países de origen.
Pero durante los últimos ocho años ha habido una importante alza en la llegada de colombianos, mientras que en este último tiempo ha destacado el arribo de personas provenientes de Haití, Venezuela y Cuba.

Todos llegan a Iquique con la esperanza de encontrar trabajo y mejorar sus condiciones de vida. Algunos se instalan en Chile con sus familias; otros llegan solos y envían a su país buena parte de su salario.
Creen que el norte chileno, con ciudades prósperas gracias a la minería del cobre, les ofrecerá las oportunidades que sus países les han negado.
Muchos logran su objetivo y comienzan una nueva vida en ciudades como Iquique, Antofagasta y Calama. Los menos afortunados, sin embargo, llegan al país y se encuentran a la deriva, sin un lugar adonde ir ni nadie a quien pedir ayuda.

En ese momento entran en juego instituciones católicas, como la Pastoral de Migraciones de la diócesis de Iquique, que ofrece a los extranjeros una bolsa de trabajo y les asesora para regularizar documentos y realizar los trámites migratorios.
Además, esta institución tiene una casa de acogida para mujeres migrantes, con capacidad para 16 personas, en la que es prácticamente imposible encontrar una cama vacía.
Jeannette Gómez, la secretaria ejecutiva de la Pastoral de Migraciones, explica que el trabajo comenzó en 1995 a raíz de una oleada de inmigrantes peruanos.

Actualmente atienden entre 35 y 50 personas a diario. Sólo exigen que los migrantes hayan ingresado a Chile legalmente con visado de turistas, puesto que la ley de extranjería es bastante rígida con quienes entran de manera ilegal a territorio chileno.
Gómez espera que las palabras del papa Francisco en la misa de Iquique consigan "abrir los corazones del pueblo chileno" hacia los inmigrantes.
"Que los chilenos tengan conciencia de que el extranjero no viene a quitar trabajo (sino que) viene a trabajar, a buscar una nueva oportunidad", afirma.

La responsable de la Pastoral cree que el racismo y la xenofobia no han hecho mella en la convivencia ciudadana, aunque admite que "la intolerancia siempre está presente".
Carmen Colque, de 55 años, sabe lo que es llegar a Iquique con lo puesto y lograr salir adelante, con esfuerzo, trabajo y perseverancia.
Hace cuatro años, asfixiada por las necesidades económicas, dejó a sus cinco hijos en la ciudad boliviana de Cochabamba y viajó a Iquique.
"En Bolivia me dijeron que en Iquique había bastante trabajo y se ganaba bien", relata.

Tras algunas malas experiencias laborales, se enteró de la existencia de la casa de acogida de la Pastoral de Migraciones, y se hospedó allí mientras encontraba trabajo y conseguía un sitio para vivir.
Actualmente trabaja de empleada doméstica, una tarea que no había realizado nunca en Bolivia, donde se desempeñaba como secretaria.
Al papa Francisco, Carmen Colque sólo le pide una cosa: que implore a los chilenos que ofrezcan trabajo a los inmigrantes.
"Que confíen en nosotros. Venimos a trabajar honradamente, no a hacer cosas malas. Hay algunos que lo hacen, pero no podemos pagar todos por una minoría", asegura.
(Por Gerard Soler – EFE)
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