
Elvira está dispuesta a todo. Sí, a todo. Incluso a casar a su hija – de quien cobra un subsidio por discapacidad- con el viejo almacenero de la esquina. Se quiere salvar y no le importa nada. Es muy bicha. Entonces crea un plan. Sin escrúpulos. Sin frenos. Es como una topadora fuera de control. Y avanza.
“Prestá atención que esto es importante: don Pietro, grabate ese nombre a fuego en la cabeza. Va a ser tu marido. Vamos a ir al almacén, vos le movés un poco las tetas, le dictás la listita y nos traemos las bolsas. ¿Estamos? Vení que te arreglo un poco el pelo. Escuchame bien y abrí esas orejitas. Don Pietro es un buen partido. Tiene el almacén, y en cualquier momento se arma un mercadito. Atrás una casita linda, tres ambientes, con jardín. (…) Vos hace lo que yo te digo. Todo llega: la casa, el auto, la ropa fina, mucho maquillaje de marca y no esa mierda de la revistita que vende tu amiga Sandra. Estamos listas para la próxima etapa del plan. Ya hice las tareas de inteligencia. Sé cuál es su comida preferida. Ahora tenés que lograr que acepte la invitación a cenar a casa. Del resto me ocupo yo”.
Pero Olga, la hija de Elvira no quiere. No le gusta ese señor mayor, aunque finalmente haga lo que le pide su mamá. Es una mente infantil atrapada en un cuerpazo de mujer. Es sexy y voluptuosa. Y también es hot. Y lo que para cualquiera sería un problema enorme (contener el fuego de ese deseo de mujer en una mente infantil) para la madre es la vía de escape hacia un futuro que le promete algo inalcanzable para ella: bienestar económico. Y eso es lo único que le importa y está dispuesta a sacrificar a su hija y a cualquiera que se cruce en su camino. Y casi, casi, que lo logra. Pero no.
La primera novela de Mauro Ignatti, La potentada (Enero, 2025), te hace temblar de risa y de espanto. El autor se anima con temas difíciles y lo hace desde el humor, pero sin perder el eje. Porque retratar la vida en los márgenes no es cualquier cosa y mucho menos las ilusiones de progreso y ascenso social de los personajes que “huelen, gritan y se disputan el poder” ante un plan macabro que empieza de una manera y termina de otra.

“A veces, una tiene que ver las oportunidades en el medio de una crisis -dice la protagonista-. Cambiar planes sobre la marcha. Dar un paso atrás para, luego, dar cinco para adelante. (…) Don Pietro hace una caída de ojos y yo sonrío y siento que caigo por un barranco. No sé si me empujaron o me tiré, pero ya nada va a ser lo mismo.”
El primo, el cura y la tarotista
Ignatti escribió, además de una novela, una serie de televisión. Porque La potentada tiene todos los ingredientes para ir a la tele y por qué no a la pantalla grande al mejor estilo Esperando la carroza. Y mucho de esto lo consigue, no solo la trama -con tintes de sainete- sino también los personajes que muy bien desarrolló el escritor de Avellaneda. Por ejemplo, Jorge, el primo de Olga, con quien mantiene una relación incestuosa a puro sexo y rock and roll.
“Le aviso que a la tarde va a venir Jorge, porque si la visita la toma por sorpresa es peor. (…) es capaz de armar un plan para tomarlo de rehén. Cuando algo se le cruza en la cabeza, es ingobernable. Cuando escucha el nombre de Jorge, se pone como un animal hambriento. No sé cómo pararla. Hace años que no sé cómo parara esto”. Sucede que este vínculo que la chica tiene con su primo es un obstáculo para Elvira. No solo porque son primos hermanos, sino porque entorpece su plan de casarla con el almacenero viudo de la esquina.
El padre Raúl (el cura del barrio) es otra de las figuras destacadas de esta novela corta. Y Elvira tiene algo con el tipo. Y él con ella, claro está. Pero shhh. “Si el padre Raúl no hubiese hecho voto de castidad ni de pobreza, sería el hombre ideal. Tiene buen porte, es casto, puro, sobre todo eso: puro, y no como ese Luis que me tocó en desgracia, que era la suma de todos los pecados”. Como sea, no tiene desperdicio. Un dato: muy recomendable lo que juntos y con ayuda de otros vecinos traman para apartar a Jorge de Olga. Disparatado y atroz. Pero no cuento nada. Como sea, la peluquera, tarotista y amiga Sandra, es otro de los grandes personajes de la novela que hay que rescatar. Sensacional. Es como el copiloto de Elvira en todo. Y aunque la maltraten o la desprecien ella sigue igual. “Sandra llega una hora después de lo convenido. Siempre hace lo mismo. Tiene la mala suerte pegada desde chica, nació meada. Siempre le pasa algo. (…) Le va mal porque se viste como una atorranta. Tiene el pelo pajizo y apagado de tanto decolorarse para que le quede dorado como una albina. Lleva calzas elastizadas claritas metidas en el culo y la bombacha entangada que le hace sombra.”

Con diseño de tapa y diagramación interior de Corina Vanda Materazzi, las 142 páginas prometen y cumplen con una lectura ágil, entretenida y original. Diálogos filosos, situaciones delirantes y la ferocidad de Elvira en su ambición por salvarse a toda costa, hacen de la historia una radiografía perfecta del drama de vivir en los márgenes, con los sueños rotos, las ilusiones que se desvanecen y la esperanza de una vida digna que no llega. “Sandra nunca va a entender como es la vida. Se deja llevar por el corazón y el enconche, que si hay algo que no te da de comer es eso. Por eso fracasa en el amor y en los negocios, porque no es fría. (…) ahora soy yo la potentada del barrio, la que va a tener casa con parque y pileta, electrodomésticos y comida en la mesa todos los días. (…) Me tienen que entregar la corona en vida a mí, a la princesa, el resto se pueden ir bien a …”
La potentada ficciona una realidad agridulce: buscarse la vida y hacerlo a cualquier costo en medio de un panorama desolador donde no hay escrúpulos, brújula u horizonte. Nos convence de que es preferible reír que llorar. Sí, pero, aun así, al terminar el libro la pregunta – ineludible- será: ¿de qué me estoy riendo? Fin.
¿Quién es Mauro Ignatti?
Nació en Avellaneda, provincia de Buenos Aires. Estudió Música Electroacústica en la Universidad de Quilmes y se recibió de Licenciado en Sociología en la Universidad de Buenos Aires.
Se formó en los talleres literarios de Cecilia Maugeri y Mariana Komiseroff. Su cuento “Segunda Oportunidad” fue elegido y publicado en la Antología Cuentos de Buenos Aires publicado por la editorial Palabra Herida, en 2024. La potentada es su primera novela.
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