La localidad de Castelli, en la provincia de Chaco, se vio movilizada por la aparición del Kakuy o Urutaú. Esta ave, que no suele dejarse ver fácilmente, guarda una leyenda escalofriante que dio lugar a que se lo denomine también como “pájaro fantasma”. Se le conoce por su grito tan particular, similar a un lamento humano, y, como en raras ocasiones es visto durante el día, los vecinos de la zona no quisieron perderse la oportunidad de tomar fotos y grabar al protagonista de la historia más triste que hoy está en peligro de extinción.
El video, que en minutos se viralizó, muestra al Kakuy imponente ante la atenta mirada de los vecinos que no salían de su asombro, ya que su presencia es exclusiva en los bosques y en especial durante las noches.
El ave camufla su plumaje con la corteza de los árboles del monte por eso también lo han llamado “pájaro estaca”. Para algunos habitantes del noroeste argentino, es considerado un pájaro de mal augurio, Incluso afirman que ese grito agudo y melancólico, similar al lamento humano, varía en intensidad y suele sorprender y asustar a los desprevenidos.
Sin embargo, son más los que lo admiran y se muestran felices ante la posibilidad de cruzarlo. Y esto justamente es lo que sucedió en Castelli. Los vecinos se agolparon para retratarlo y recordar la leyenda que lo tiene como protagonista.
Myrna Paré, una vecina de la zona, no pudo ocultar la emoción al toparse con el ave. “No lo podía creer a luz del día; no podía ser posible eso. Un ave de esa dimensión no se deja ver jamás. Sólo se hace escuchar por las noches en los montes y bosques con su llanto temeroso y es aterrador. Por eso, cuando lo vi fue emoción, alegría y asombro”, explicó a Infobae.
Pero para Myrna encontrarlo fue una señal del destino. “Por su historia, soy muy creyente. Nosotros éramos cuatro hermanos; en el 2020 perdí a mi hermana menor de solo 32 años por cáncer de mama, y su pérdida fue muy dolorosa”. Ahí es cuándo se siente tan cercana a Kakuy, que “vive penando con su llanto temeroso por las noches”.
Cuál es la leyenda que esconde el ave que parece llorar sin consuelo
La historia del Kakuy se remonta a décadas atrás y tiene por protagonistas a una pareja de hermanos indígenas que quedaron huérfanos a muy corta edad. Mientras que el joven era de corazón noble, muy trabajador y se dedicaba a cuidar a su hermana, la pequeña, por el contrario, era malcriada y lo trataba muy mal.
Un día, luego de regresar de una larga jornada de trabajo, el joven le pidió a su hermana que le preparara un poco de agua endulzada con miel. Ella, enojada por el pedido, fue en búsqueda del agua pero antes de entregársela, la dejo caer sobre el cuerpo de su hermano. Pero esto no terminó ahí, al día siguiente hizo lo mismo y esta vez le arrojó comida. Su hermano, triste con la situación, decidió abandonar la choza e internarse en lo profundo de la selva.

El joven estaba dolido con su hermana, no podía entender su comportamiento y, mientras deambulaba por la oscuridad del bosque, decidió darle un escarmiento. La invitó a pasear por la montaña, aunque detrás de eso se escondía su venganza. La leyenda cuenta que hizo trepar a su hermana al árbol más alto para conseguir miel mientras él subía por el otro lado del arbusto. Cuando vio que estaba en lo más alto, bajó a toda velocidad y cortó las armas con un hacha, para asegurarse de que su hermana ya no pudiera bajar de allí.
El joven se alejo del lugar mientras su hermana, muerta de miedo, en lo más alto del árbol gritaba desesperada. Cayó la fría noche y de tanto llamarlo, quedó sin voz; su cuerpo se fue quedando quieto, inmóvil. Sus pies se convirtieron en garras, su nariz y uñas se arquearon, sus manos se transformaron en enormes alas, y todo su cuerpo se cubrió de plumas: ya era un ave nocturna.
De aquí que su nombre es kakuy, el grito que dejó su garganta seca y por lo que quedó muda mientras clamaba por su hermano: “¡Kakuy! ¡Turay! ¡Kakuy! ¡Turay!”, que en el lenguaje quechua significa “¡Hermano…Hermano!”.
“Cuenta la gente, allá en el pago, lo sucedido entre dos hermanos. Cuando él volvía de la jornada, agua y comida jamás encontraba. Cansado un día de soportarla la llevó al monte para castigarla. Con triste grito busca a su hermano, Kakuy se llama y vive penando. Sobre un árbol ella esperaba, mientras el mozo de allí se alejaba. A sus reclamos los llevó el viento, de su garganta quejumbre y lamento. De esta leyenda no hay que olvidarse. Qué los hermanos no dejen de amarse”, interpretaba el recordado Juan Carlos Carbajal, inmortalizando la leyenda de, probablemente, unas de las aves más misteriosas que habitan las selvas.
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