Cómo queda la cúpula del régimen chavista tras la captura de Nicolás Maduro

Delcy Rodríguez encabeza constitucionalmente la sucesión, pero el poder real está en manos de Diosdado Cabello y el ministro de Defensa Vladimir Padrino López, quienes controlan la seguridad interna y las fuerzas armadas

Guardar
Nicolás Maduro flanqueado por su
Nicolás Maduro flanqueado por su esposa Cilia Flores, el ministro del Interior Diosdado Cabello, la vicepresidenta Delcy Rodríguez y el presidente de la Asamblea Nacional Jorge Rodríguez en Caracas, el 1 de diciembre de 2025. Delcy Rodríguez es la primera en la línea de sucesión constitucional. (REUTERS/Leonardo Fernandez Viloria)

La captura de Nicolás Maduro anunciada por el presidente Donald Trump deja a Venezuela en un vacío de poder sin precedentes, con una cúpula gubernamental desconcertada y una línea de sucesión constitucional que enfrenta su mayor prueba desde el inicio del chavismo hace más de dos décadas.

Aunque la Constitución venezolana establece una línea de sucesión clara, la realidad política en las calles de Caracas —marcadas por explosiones y una fuerte presencia militar— sugiere una posible transición caótica. El futuro inmediato del país recae ahora en un reducido círculo de funcionarios que deben decidir entre la cohesión interna o una lucha abierta por el liderazgo. Una disyuntiva compleja en un país donde el poder formal y el poder real rara vez coinciden.

La sucesión constitucional: Delcy y Jorge Rodríguez

La palabra de Delcy Rodríguez

Bajo las leyes venezolanas, la vicepresidenta ejecutiva, Delcy Rodríguez, es quien debe asumir la presidencia ante la “falta absoluta” del mandatario. Horas después del ataque, Rodríguez compareció ante medios estatales para confirmar que el régimen desconoce el paradero de Maduro y su esposa, Cilia Flores. “Exigimos pruebas de vida inmediatas”, declaró con voz firme pero visiblemente afectada.

La abogada de 56 años no es una figura menor en la estructura de poder venezolana. Además de vicepresidenta, ocupa el cargo de ministra de Hidrocarburos, una posición que le ha permitido liderar negociaciones con Estados Unidos y otros actores internacionales. Ha sido descrita por analistas y medios internacionales como una tecnócrata cosmopolita con vínculos tanto con las élites económicas venezolanas como con inversores extranjeros.

Pero Delcy Rodríguez no opera sola. Es hermana de Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, lo que convierte a los hermanos en un dúo político que controla dos de las instituciones más estratégicas del Estado venezolano. Jorge, psiquiatra de profesión, fue quien juramentó a Maduro el 10 de enero para un tercer mandato que la oposición y gran parte de la comunidad internacional consideran fraudulento.

Nicolás Maduro, es juramentado por
Nicolás Maduro, es juramentado por el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, para un tercer mandato de seis años en Caracas, el 10 de enero de 2025. Jorge Rodríguez es hermano de la vicepresidenta Delcy Rodríguez y segundo en la línea de sucesión. (Jhonn Zerpa/Miraflores Palace/Handout via REUTERS)

Si Delcy no puede asumir la presidencia —por renuncia, incapacidad o cualquier otra circunstancia—, la constitución establece que el poder recae en el presidente de la Asamblea Nacional: su propio hermano.

Sin embargo, tanto Delcy como Jorge han sido sancionados por Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea, lo que complica cualquier intento de normalización internacional bajo su liderazgo.

Los Rodríguez representan el ala civil y técnica del régimen. Su capacidad para mantenerse en el poder dependerá enteramente de su habilidad para cohesionar a las distintas facciones del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y, fundamentalmente, de asegurar el reconocimiento de la cúpula militar. Sin embargo, su autoridad no es absoluta dentro del movimiento.

El control de las armas: Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López

El discurso de Padrino López tras el operativo de EEUU

Pero cualquier análisis de la sucesión en Venezuela que se limite a lo constitucional sería incompleto. El poder real en el país sudamericano se asienta sobre dos pilares que trascienden los cargos formales: Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López.

Cabello, de 61 años, es considerado por analistas políticos y gobiernos extranjeros como el número dos del chavismo. Militar retirado que participó en el golpe de Estado fallido de 1992 junto a Hugo Chávez, Cabello ha ocupado prácticamente todos los cargos de poder imaginables: presidente de la Asamblea Nacional, gobernador, vicepresidente y, desde agosto de 2024, ministro del Interior, Justicia y Paz.

Desde este último cargo, Cabello controla los aparatos más sensibles del Estado venezolano: el Servicio Bolivariano de Inteligencia (SEBIN), la policía nacional, el sistema penitenciario y las unidades especiales de acción. En la práctica, esto significa que controla quién es detenido, quién es liberado y cómo se reprime la disidencia.

Estados Unidos ofrece una recompensa de 25 millones de dólares por su captura, acusándolo de liderar el llamado Cártel de los Soles, una estructura de narcotráfico que según fiscales estadounidenses involucra a altos oficiales militares venezolanos. Horas después del ataque, Cabello apareció en las calles de Caracas protegido con casco y chaleco antibalas, escoltado por efectivos de seguridad. “Que nadie caiga en el desespero”, dijo en una breve transmisión televisada. “Estamos desplegados. Llamamos a la calma”.

Cabello ha sido históricamente el enlace entre el ala militar y la estructura política radical. En un escenario sin Maduro, su influencia es crucial para evitar una desbandada de los cuadros medios del régimen.

La palabra de Diosdado Cabello

El otro pilar es Vladimir Padrino López, ministro de Defensa desde 2014 y comandante de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. El general en jefe de 62 años es la figura militar más poderosa de Venezuela y su lealtad ha sido crucial para mantener a Maduro en el poder durante más de una década.

A diferencia de otros militares venezolanos que han desertado o se han distanciado del régimen, Padrino López ha permanecido inquebrantablemente leal. Fue el único alto funcionario en comparecer públicamente desde una instalación militar tras los ataques, donde anunció el despliegue inmediato de todas las capacidades de defensa nacional. “Nos han atacado, pero no nos someterán”, afirmó, uniformado y rodeado de comandantes militares.

Estados Unidos ofrece 15 millones de dólares por Padrino López, acusándolo de cobrar tarifas de protección a organizaciones de narcotráfico para permitir el tránsito de aeronaves cargadas de cocaína desde Venezuela hacia Centroamérica.

El funcionario ofreció un parte oficial tras el bombardeo del ejército de Estados Unidos y mencionó que la “invasión” representa “el ultraje más grande que sufrió” Venezuela.

El aparato judicial: Tarek William Saab

El fiscal general de Venezuela,
El fiscal general de Venezuela, Tarek William Saab, habla durante una conferencia de prensa en el Ministerio Público en Caracas, el 17 de diciembre de 2025. Saab controla el aparato judicial y ha encabezado la persecución contra opositores políticos. (REUTERS/Gaby Oraa)

El tercer pilar de la estructura de poder es el fiscal general Tarek William Saab, quien controla el Ministerio Público. Saab, de 57 años, ha sido el brazo judicial del régimen, encabezando la persecución contra opositores políticos. Ha emitido órdenes de captura contra líderes como Edmundo González, quien la oposición considera el verdadero ganador de las elecciones presidenciales de 2024.

Ratificado recientemente para un nuevo período de siete años, Saab ha sido sancionado por Estados Unidos, Canadá, la Unión Europea y México.

Incertidumbre ante lo desconocido

Una partidaria de Nicolás Maduro
Una partidaria de Nicolás Maduro sostiene una bandera de Venezuela cerca del Palacio de Miraflores en Caracas, el 3 de enero de 2026. El gobierno declaró un estado de conmoción exterior y llamó al pueblo a las calles para "repudiar este ataque imperialista". (REUTERS/Leonardo Fernández Viloria)

Con la captura de Maduro, basada en cargos de “narcoterrorismo” presentados por la justicia estadounidense en 2020, Venezuela se encuentra en territorio absolutamente desconocido.

La cúpula chavista —los hermanos Rodríguez, Cabello, Padrino López y Saab— enfrenta ahora su mayor desafío: determinar quién gobierna Venezuela en ausencia de Maduro y cómo responder a la intervención militar más significativa de Estados Unidos en América Latina en décadas. Mientras funcionarios estadounidenses como el subsecretario de Estado declaran un “nuevo amanecer” para Venezuela, en Caracas la situación es de máxima alerta.

El régimen venezolano declaró un “estado de conmoción exterior” que otorga poderes excepcionales para suspender derechos ciudadanos y expandir el rol de las fuerzas armadas. También llamó al pueblo a tomar las calles para “repudiar este ataque imperialista”. En algunos barrios caraqueños, simpatizantes del régimen —muchos uniformados como milicianos— respondieron al llamado. En otros, las calles permanecieron vacías.

Sin embargo, con el hangar de una base militar en llamas y partes de la capital sin electricidad, la capacidad de la cúpula para ejercer un mando efectivo está bajo prueba. La pregunta que queda en el aire, mientras Trump se prepara para una conferencia de prensa, es si los sucesores de Maduro podrán mantener la unidad de un sistema diseñado para girar en torno a un solo hombre.