
Entre los casi dos mil presos políticos postelectorales a los comicios presidenciales del 28 de julio de 2024, estaba Yenny Lucía Barrios, quien unas semanas después de ser operada fue detenida en septiembre de 2024. El fiscal Anderson Carmona la acusó de terrorismo, por la denuncia que hizo el dirigente del PSUV, José Alexander Gil Álvarez (48). Barrios perdió ayer la batalla contra un linfoma no Hodgkin sin ver a su único hijo, también preso.
La paciente oncológica estaba en condición crítica, más aún porque luego de su detención, el 9 de septiembre de 2024, le suspendieron las quimioterapias y estuvo 93 días tras las rejas, siendo excarcelada, el 11 de diciembre de 2024, con medida de presentación que la obligaba a viajar, todos los meses, unas seis horas, desde Lara hasta Caracas a firmar ante el Tribunal; su defensa no logró que le permitieran firmar en Carora o en la capital del estado Lara.
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Barrios lidiaba con su enfermedad, pero también con encontrarse sola en el hospital, donde había sido recluida, porque su único hijo, Diego Sierralta Barrios, fue detenido el 22 de enero de 2025, acusado por publicar en redes que cambiaba un medicamento por otro que requería Yenny. Diego está detenido en la sede de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) de Pata e’Palo, Barquisimeto, estado Lara.

Cuando Yenny fallece es parte del expediente donde a ella y a otras personas el Fiscal Penal Octavo, Anderson Carmona, las imputa por los delitos de terrorismo e instigación al odio. Carmona, luego de solicitar la detención del grupo de opositores e imputarlos, se fue de Lara con su esposa e hijos y solicita asilo en Alemania, donde se encuentra actualmente.
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La denuncia contra Barrios y un grupo de opositores la hizo el teniente de la Milicia Nacional Bolivariana, José Alexander Gil Álvarez, quien a su vez es el director del Instituto de Previsión y Asistencia Social del Ministerio de Educación (Ipasme), dirigente del PSUV y conductor de un programa en la emisora Venceremos ubicada en la sede del PSUV en Carora, municipio Torres del estado Lara.
Numerosas ONGs hicieron pronunciamientos públicos solicitando que Diego Sierralta Barrios fuera dejado en libertad para que le hiciera acompañamiento a su mamá, cuyos riñones habían colapsado, pero las autoridades no consideraron las peticiones.
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Se deterioró
A Yenny Barrios la detienen porque aparece en la declaración que José Alexander Gil Álvarez, dirigente del PSUV y vecino de los denunciados, hizo luego de las protestas que hubo en diversas partes del país después que el CNE desconociera el triunfo del candidato que postuló la oposición, Edmundo González Urrutia.
Barrios solo tenía tres semanas de haber sido operada cuando fue detenida en un delicado proceso postoperatorio, que agravó su condición estando tras las rejas.
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Cuando por fin la excarcelan, la obligan a ir cada mes a Caracas a presentarse ante el tribunal; sus abogados solicitaron que lo hiciera ante una oficina en Lara, pero se lo negaron.
Era su hijo, Diego Sierralta, quien luchaba por conseguirle los medicamentos, darle acompañamiento y atenderla, pero cuando Yenny necesitaba un medicamento y su hijo publica que tiene uno que cambia por otro que ella necesitaba, fue detenido y con ello se agrava la situación de Barrios.
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Gil denuncia
La denuncia la hizo José Alexander Gil Álvarez, 48 años, docente, director del Instituto de Previsión y Asistencia Social del Ministerio de Educación (Ipasme), teniente de la Milicia y conductor de un programa en la emisora Venceremos que está en la sede del PSUV en Carora.
Declaró que el 29 de julio de 2024, es decir al día siguiente de las elecciones del 28J, varias personas llegaron a la sede del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), en Carora, municipio Torres del estado Lara y que “rayaron las paredes y arrancaron los afiches de Nicolás Maduro”.
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De inmediato el PSUV ordenó que el 30 de julio se pintaran las paredes y se “embelleciera el lugar” por lo que se convocó a una reunión para las 4 de la tarde, pero que media hora antes llegan mensajes a un grupo de WhatsApp que tienen los dirigentes del PSUV, indicando que estaban rodeados por manifestantes que los amenazaban.
Para ese momento, el Consejo Nacional Electoral (CNE) ya había desconocido el triunfo de Edmundo González Urrutia como presidente electo dando ganador a Nicolás Maduro, lo que provocó airadas protestas en todo el país.
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Gil refiere que dejó el trabajo y se fue a ver lo que sucedía, observando unos 150 motorizados monitoreando la calle Coromoto y que la situación empeoró porque los manifestantes comenzaron a quemar las instalaciones del PSUV en Carora.

Acusó a la “derecha fascista de tener un plan macabro” contra su partido y que por ello resultaron lesionados Dennys Pereira, Raúl Castejón, Nirian Segueri, Marcial Rodríguez, Francisco Ocanto, Octavio Pérez, Alí Montes De Oca, José Gregorio Tua, Douglas Mosquera y Eliazar Chirinos, quienes fueron atendidos en el Hospital Pastor Oropeza de Carora. No hubo heridos de gravedad.
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Relató que como agresores “aunque la mayoría estaban encapuchados”, identificó a Guillermo José Quintero Piña, de quien dijo aparece en un video de la noche anterior quitando el afiche de Maduro. Y responsabilizó como autores intelectuales al entonces alcalde Francisco Javier Oropeza y a Jesús Guillermo Gómez.
La prueba que tiene de ello es que en un grupo de WhatsApp llamado El Diario El Caroreño, “incitaban al odio a las personas” porque en un comentario dijeron: “Para tener paz, deberán publicar los resultados electorales”.
A otras personas que señaló como responsable “de actos vandálicos” contra la sede del PSUV, menciona a los trabajadores de los tribunales Elibeth Navas y su pareja Gerson Gil, además menciona a Isabel Pinto y a Yenny Barrios de quien dio su dirección y teléfono “calle Contreras con Ramón Pompilio”.
Los menciona como responsables porque “han publicado información contra el Gobierno Nacional, incitando al odio y a la violencia, a través de las Redes Sociales”.
De la casa del PSUV dijo que robaron motos, una planta eléctrica, kits trabuco conuquero, juguetes, franelas, gorras, sillas de plásticos, una laptop, 10 computadoras, 4 aires acondicionados, y quemaron consolas de radios, trasmisor, micrófonos, audífonos, cornetas y cámaras de trasmisión.
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