
Para quienes llegan a la ciudad de New York a pasar unos días allí, el metro es el gran elemento integrador. Usarlo es como sumergirse en las venas de la ciudad y sentirse parte de ella, un local, por así decirlo. El subte sigue siendo la forma más rápida de trasladarse de un lugar a otro de la ciudad, especialmente durante el día cuando las calles aparecen atestadas de tráfico.
El sistema de buses es menos utilizado por los turistas aunque son una buena opción en especial para ir hacia el norte o hacia el sur por las principales avenidas o para las personas que tienen problemas para subir o bajar las escaleras del metro.
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Están a la venta las Metrocards, que cuestan USD 2,50 por cada viaje simple y que se venden en máquinas expendedoras o USD 29 por una de viajes múltiples que dura siete días. Los tickets del metro no se venden por Internet y no son parte del programa New York Pass.

A primera vista, la telaraña de líneas puede parecer intimidante y los locales realmente parecen estar siempre apurados, por lo que no sería extraño sentir esa sensación de estar siendo presionados por la impaciencia de los que están detrás de nosotros en las máquinas expendedoras.
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Para pasar los molinetes se debe pasar la Metrocard por el lector y esperar que el display diga "go". Muchas veces el sistema no funciona tan fluidamente como debería. En ese caso conviene esperar y echar un vistazo a lo que hace la gente local, acostumbrada a lidiar con el sistema.
Por muchas décadas el sistema de metro de NYC tuvo una malísima reputación por estar sucio y ser incluso peligroso. Los famosos grafitis arruinando prácticamente todos los vagones pasaron a la historia hace años. Pero las estaciones y los coches aún sufren porque la gente no se preocupa por buscar algunos de los abundantes tachos de basura que están a disposición.
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La mayor cuestión es la de la seguridad y por suerte en ese sentido el número de delitos reportados en todo el sistema ha caído notoriamente aun cuando siempre es bueno seguir manejándose con precaución.
Lo que quizás nadie podría esperar es lo que reporta la agencia local especializada en turismo STN. Pese a que las comparaciones siempre parecen resultar perdedoras para los servicios públicos del transporte en Buenos Aires, un análisis de lo que está ocurriendo en New York puede hacernos replantear la cuestión.
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Aunque claramente la extensión, el alcance, la interconexión y la amplitud de la red neoyorquina no pueden compararse con las limitadas líneas porteñas que avanzan paralelas sin que más vías las crucen horizontalmente para aumentar las combinaciones y el caudal, el metro de la capital del mundo parece no estar pasando por su mejor momento.
Si bien se conocieron épocas peores en donde era hasta peligroso viajar allí a ciertas horas, en donde los vagones eran un muestrario obsceno y de mal gusto, pintarrajeados con grafitis baratos, hoy en día la situación resulta lejos del ideal.
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El sistema está en crisis, con demoras, servicios cancelados sin aviso previo e incluso algunos descarrilamientos. Ahora está en estudio un programa que llevará, probablemente, a que los vagones vengan sin asientos, para poder trasladar a más personas, de acuerdo a STN.
La información afirma que el caos provocado por el Metro de la ciudad impulsó a la administración local -encabezada por el alcalde Di Blassio- a presentar un plan de reformas por 800 millones de dólares, que incluye los nuevos coches sin asientos.
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El objetivo es llevar el mayor número posible de pasajeros en las líneas más concurridas. Los responsables de la Metropolitan Transit Authority (MTA) anunciaron que el experimento comenzará para fin de año en algunas líneas, comenzando con un programa piloto en la L, que une Brooklyn con Manhattan, y en el "shuttle", que conecta la Grand Central con Times Square.
Pese a algún aplauso aislado -dice STN-, la iniciativa no fue bien recibida, porque se temen malestares entre los pasajeros, especialmente los más vulnerables -como embarazadas, ancianos, discapacitados- que deben sentarse para llegar a destino.
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Asiíque viajeros, a estar preparados para esta nueva experiencia. Algunos simplemente no lo podrán creer, pero en todo el mundo se cuecen habas.
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