
Entre la infancia y la madurez, nuestros deseos cambian, toman nuevas formas, pero no desaparecen: dejan de estar en el aire y se vuelven más realistas. Sin embargo, esta manera adulta de soñar no siempre facilita la tarea, ya que pensamos en las dificultades que implica conseguirlos y nos acostumbramos a la frustración, resignándonos a que el sueño no se cumpla. Sin embargo, en la misión por alcanzarlos, acumulamos experiencia que nos ayuda a crecer y evolucionar, y nos prepara generando impulsos vitales. Por eso, soñar es importante para entender que podemos cambiar el curso de nuestra vida, según cómo lo planeamos en nuestra mente.
Pasos a seguir
Realizar un sueño es posible. Para que se cumpla en el presente, una buena manera es convencernos de que estamos listos para que ocurra. No es cuestión de creernos más de lo que somos; más bien, se trata de asumir que los logros que pretendemos alcanzar ya son nuestros por el simple hecho de
desearlos. A tal fin, existen tres pasos que pueden sernos de gran utilidad para conseguir lo que queremos:
1-Concebir el deseo en la mente
Hacernos un concepto del sueño como algo verdadero. Si forjamos mentalmente la concepción de nuestro deseo y somos capaces de visualizarlo, estaremos utilizando esa herramienta poderosa con la que todos contamos, pero que muy pocas veces usamos para nuestro bien: la imaginación. Tendemos a emplearla en contra, pensando lo que no queremos que ocurra, impulsados por el miedo y la ansiedad ("No lo voy a conseguir", "Tengo mala suerte"). Pero si empezamos a poner la misma fuerza en positivo, toda nuestra vida puede mejorar. Es una excelente herramienta para comprobar el poder que tiene la mente en materia de decisiones.

2-Crear a través de la palabra
Las palabras tienen incidencia directa sobre nuestro pensamiento y nuestras acciones. Según cómo hablamos, así actuamos (ya que solemos intentar ser coherentes con lo que expresamos). Si decimos que queremos un par de zapatillas nuevas, esa certeza se graba en nuestra mente, de manera de buscar todos los caminos posibles para que el deseo se convierta en realidad. Es preferible decir: "Las zapatillas nuevas están llegando a mi vida" o "En poco tiempo voy a tener las zapatillas nuevas".
Hay que dejar de lado las quejas. Renegar continuamente por lo que nos falta no hará aparecer ese objeto de deseo. Al contrario, porque, al quejarnos, esa actitud negativa de malestar sólo devolverá y generará más malestar.

3-Experimentar sólo lo que vos decidas
Pensamos, hablamos e incluso decidimos sobre la base de las vivencias que tuvimos hasta el momento (hayan sido triunfos o fracasos). A la hora de desear algo, el pasado siempre está ahí para condicionarnos, lo cual constituye un gran error. Que hasta ahora no hayamos tenido éxito con nuestros sueños no significa que no podamos empezar a cambiar esto ya mismo.
Lo vivido tiene que servirnos de aprendizaje, pero no de base para tomar una decisión. Decidir según la experiencia que tuvimos (o las de nuestro entorno) significa, por ejemplo, seguir sin pareja porque, hasta ahora, no tuvimos ninguna que valiera la pena. En cambio, al decidir en función de lo que queremos experimentar, lograremos cambiar el esquema y poder, así, tratar de elegir qué hechos queremos provocar. Entonces, si decidimos en nuestra mente conocer a alguien especial con quien poder compartir nuestra vida, es probable que esa persona aparezca, convirtiéndose en realidad. ¡Hay que confiar más en nosotros y en la vida! Conviene tener
presente esta ley que, en general, tendemos a olvidar.
Vivir el presente y dejar de preocuparse
Tenemos que ser la causa de nuestras experiencias y no el efecto de las mismas. Nunca hay que olvidar que para conseguir algo nuevo, primero tenemos que dejar de basarnos en lo viejo. Y si nos cuesta, hay que aprender a imaginar, ya que es la mejor manera de experimentar, concebir y crear al mismo tiempo, utilizando las emociones y sensaciones necesarias para vivir la experiencia antes de que suceda. Si queremos ser diferentes de como somos, tenemos que empezar por simular que ya lo somos, hasta llegar a convertirnos en lo que queremos. Suena a trabalenguas, pero es más sencillo hacerlo que explicarlo.

También es importante no preocuparnos cuando en un asunto nos va mal. Preocuparse no es ocuparse, y cuantas más vueltas le demos, nuestro sueño más se alejará. En lugar de pensar en lo que no tenemos, aprendamos a disfrutar de lo que sí tenemos. Es la mejor manera de lograr una vida plena, segura, feliz y con verdadero espíritu de superación.
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