
Hace más de 50 años que el maestro recibe a clientas en su atelier, donde la "la magia se hace realidad". Ubicado en el barrio de Recoleta, este departamento francés de techos altos, con esculturas en mármol, importantes obras de arte y una gran escalera de madera invita a un espacio de creación, rodeado de espejos, tijeras, alfileres y un imponente un cielo razo envuelto en tela.
Gino Bogani nació en Libia, en el norte de África, vivió en Mar Del Plata, donde junto a su familia, que tenía una pequeña boutique y le permitió entrar en contacto por primera vez con el mundo fashionista. Allí pasó los primeros años de su vida hasta que se instaló en Buenos Aires. "Yo quería ser arquitecto o actor de cine", aseguró el diseñador en una entrevista exclusiva con Infobae. Sin embargo, gracias a su talento innato, rápidamente fue muy solicitado entre el público femenino y se encaminó hacia el ámbito de la alta costura.
Bogani fue uno de los primeros diseñadores consagrados en el fashion world del país, cuando las mujeres solo lucían prendas hechas a medida. "Mis clientes me encargaban trajes para viajar en avión, eso ya no existe". Elocuente, divertido y fiel a su estilo, el maestro no conoce otra manera de hacer moda: "nunca tuve miedo en crear lo que se me ocurría". Experimentó con diferentes musas, materiales, géneros y diseños hasta llegó a confeccionar el vestuario del Teatro Colón.
Inspiraciones nunca le faltaron. Primero su madre Alma, luego las revistas internacionales como Vogue, Grazia y L'Officiel, que lo motivaron, al igual que el cine.

De cáracter transgresor, reconoce que la moda evolucionó y que él también tuvo que aggiornarse a los nuevos tiempos. Así y todo, mantiene sus sueños vivos: hoy anhela poder realizar una línea ready to wear. "Siento que hay vestidos que están destinados a realizarse en serie, para poder explotar la idea. Creo que en algún momento ese día llegará. Y si no, es porque no estaba en mi naturaleza".
Auténtico, sostiene que no hay que seguir las tendencias. Para el maestro no hay colores, ni piezas de temporada: "cada mujer debe lucir lo que la ponga en valor, es es la mejor tendencia".
– ¿Nunca lo tentó el prêt-à-porter?
Sí claro, lo tengo como algo pendiente, creo que ya llegará, pero no quiero hacer algo de mala calidad. Tengo clientes que traen cada porquería de New York y después vuelven desesperadas para que se los arregle.

-Siendo uno de los pioneros en el mundo de la moda en Argentina, ¿cuál cree que fue su mayor aporte?
He comandado miles de desfiles, con colecciones de 200 vestidos. Cuando hice pocos, eran 99. Todos con diversidad de propuestas, materiales, géneros, siempre vanguardista. Cuando desfiló por primera vez Dolores Barreiro, lo hizo con un vestido de novia de encaje de Lyon (Francia), fusionado sobre un polietileno. Fue muy criticado, pero se vendió volando.

– ¿Piensa que diseñadores se inspiraron en su estilo?
Yo he sido el estímulo para muchos. Yo no digo que me hayan copiado, pero sí que se han inspirado en mi. Me molesta que hablen de un sucesor y no digan la verdad. Hacer solo vestidos bordados es una cosa, hacer tendencia es otra, de ahí hacer moda hay un largo camino.
-¿Como es su vínculo con la mujer?
Me involucro tanto con cada una, que si no lo hago, no puedo seguir. Soy muy sincero con ellas, quiero que se sientan únicas con mis creaciones. Me encanta que la mujer use mis vestidos y sienta que tiene algo diferente. Por ejemplo, un vestido negro forrarlo con una seda de color, nadie lo ve, pero ella sí y con eso me alcanza, porque se pasea por la vida de otra manera.
– ¿Dónde surgió su don con el saber vestir?
No creo que sea detallista y meticuloso. Fui así desde pequeño, es natural. Tengo mucha memoria visual y eso es fundamental a la hora de vestirse. Iba al colegio con medias escocesas de Stiletto; mis compañeros, con medias de color café con leche. Usaban una especie de zapatos de enano y yo, con mis mocasines de Lopez Taibo.
– ¿Recuerda su mejor creación?
Casi siempre me enamoro de las más recientes, aunque creo que mis hits son los bordados –porque eso sí son bordados de verdad-. Una mostacilla pegada a la otra, un verdadero proceso artesanal, ni maquina ni nada. Hay piezas que han surgido de errores, como el tríptico, con un estampado muy particular. El vestido surgió por un tijeretazo que se fue de lugar y el resultado fue maravilloso. En cuanto lo puse en pasarela, varias me lo aclamaron.
-Vistió a muchas referentes de la Argentina. ¿alguna asignatura pendiente en el mundo?
Sí, a Meryl Streep y Charlotte Casiraghi.
– ¿Qué se puede esperar de su próxima colección?
No lo sé, pero siempre tengo algo en mente. Si no lo tengo, me aburro.
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