
Son parte de un grupo selecto en el que casi no tienen lugar los científicos latinoamericanos. De hecho, además de ser los únicos argentinos dentro del colectivo, son los únicos latinoamericanos. No hay otro latino más que Miguel Ondetti y Julio Palmaz dentro del Salón de la Fama de Inventores de Estados Unidos. Sus inventos, tan determinantes como oportunos, les permitió el ingreso exclusivo.
Miguel Ondetti
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No pudo vivir su homenaje en persona. Es que su gran reconocimiento fue póstumo. Ingresó al Salón de la Fama de Inventores en 2007, tres años después de su muerte, gracias al desarrollo del captopril, lo que marcó una revolución como una nueva clase de medicinas inhibidoras de las enzimas conversoras de angiotensina (ECA).
Miguel Ondetti nació en Buenos Aires en 1930 y se graduó con un doctorado en la UBA con solo 27 años. Luego, llevó adelante una carrera prolífica, de más de 35 años, en Estados Unidos, en Bristol-Myers Squibb, una farmacéutica de escala global.
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Ondetti, para pergeñar su invento, no estuvo solo. Junto a su compañero, el químico David Cushman, se valieron de una serpiente brasileña para concretar el avance posterior. El veneno de la especie inhibía la producción de angiotensina II, que estrecha las arterias y aumenta la presión sanguínea.
Después de años de investigación, y gracias al hallazgo, los científicos lograron distinguir, purificar y sintetizar la sustancia principal y dar lugar, en 1974, a la concreción del captopril, el primer paso para entender el rol clave de la angiotensina en la hipertensión. El captopril abrió el abanico de investigación en un área hasta entonces inexplorada: la inhibición de las ECA. Por consiguiente, salvó un sinnúmero de vidas de pacientes con fallas cardíacas por congestión.
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Julio Palmaz

Al igual que Ondetti, Julio Palmaz -nacido en La Plata, en 1945- desarrolló su carrera profesional en Estados Unidos. Después de una residencia como médico de radiología de la Universidad de California, la idea comenzó a revolotear en su cabeza. La idea que después lo convertiría en el primer argentino en formar parte del Salón de la Fama de Inventores.
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"Surgió de la necesidad y la motivación", le dijo Palmaz a la BBC. El platense consideró realizar un stent intravascular, un tubo diminuto de malla de metal que permite mantener abierta la arteria. Se dio cuenta de que el método de angioplastia por globo presentaba limitaciones. "Los resultados no eran muy buenos, había limitaciones. El globo se infla y desinfla y la arteria se desorganiza, tiende a volver donde estaba", señaló.
En ese momento, se le ocurrió que una malla de acero podría mantener a la arteria en su lugar. Tras 7 años de investigación, ya en 1985, estaba decidido a solicitar una patente para su invento. Primero se aprobó el stent destinado a extremidades inferiores. Después se autorizó su uso para coronarias. El primer stent de uso humano lleva el apellido Palmaz.
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El invento marcó un cimbronazo en la medicina coronaria. El reconocimiento, aunque tardío, lo tuvo en vida. "Pasaron varias cosas que fueron muy halagadoras pero vinieron todas juntas y bastante después de que hiciera mi trabajo. Lleva un poco de tiempo ser reconocido", comentó.
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