Ruido blanco para dormir: 4 riesgos que puede tener su uso prolongado

Especialistas recomiendan considerar el volumen y la ubicación de estas fuentes sonoras, debido a efectos sobre la audición y la capacidad de percibir alertas importantes

Ilustración en acuarela de una mujer que duerme en una cama junto a una mesa de noche con un parlante encendido y una ventana estrellada.
El ruido blanco puede favorecer el descanso, pero requiere controlar su intensidad, duración y distancia respecto al oído. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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El ruido blanco es un sonido continuo que reúne frecuencias audibles con una intensidad similar y que puede enmascarar ruidos repentinos del entorno.

Algunas personas lo usan al acostarse para reducir las interrupciones causadas por el tránsito, conversaciones u otros sonidos. Sin embargo, su empleo nocturno requiere atender el volumen, distancia y población que lo escucha.

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Ilustración de un dormitorio con cuna y cama sobre seis recuadros con gráficos de decibelios, auriculares, alarmas y distancias.
La exposición nocturna a sonidos elevados puede afectar la audición y ocultar alarmas, llamadas o llantos importantes. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La información disponible no permite afirmar que el ruido blanco produzca por sí solo un daño en todas las personas. Los riesgos se relacionan sobre todo con una exposición demasiado intensa o prolongada y con el uso en bebés. Estas son cuatro precauciones relevantes.

1. Un volumen alto y sostenido puede afectar la audición

Una mujer duerme en una cama con mantas grises dentro de un dormitorio oscuro con una ventana al fondo.
La cercanía de una máquina sonora durante toda la noche aumenta la exposición acústica y exige mantener un volumen bajo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El Instituto Nacional de la Sordera y Otros Trastornos de la Comunicación de Estados Unidos (NIDCD) señala que los sonidos de hasta 70 decibelios ponderados A (dBA) rara vez causan pérdida auditiva, incluso tras una exposición larga.

En cambio, la exposición repetida o extensa a partir de 85 dBA puede dañar las estructuras delicadas del oído interno y provocar pérdida auditiva inducida por ruido.

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El nivel real de una pista o aparato depende de su configuración y de la distancia al oído. El riesgo aumenta cuando se utilizan auriculares, se eleva el volumen o la fuente sonora queda junto a la cama. El NIDCD resume la prevención en tres criterios: evitar ruidos demasiado altos, demasiado cercanos o demasiado prolongados.

2. La asociación con el sonido puede dificultar dormir sin él

Una persona duerme en una cama en una habitación oscura. Una lámpara o máquina de sonido blanca y brillante está sobre la mesa de noche, junto a la cama.
El ruido blanco reduce sonidos ambientales, aunque también puede atenuar señales necesarias para responder durante la madrugada. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El doctor Sujay Kansagra, citado por AD Magazine, advierte sobre la llamada asociación de sueño: una persona puede incorporar el sonido de fondo como parte de las condiciones habituales para conciliar el descanso.

No equivale a una adicción ni demuestra un daño clínico por sí misma, pero puede volver más difícil dormirse en un lugar silencioso o cuando el audio no está disponible.

La evidencia sobre los beneficios del ruido blanco en adultos sigue siendo limitada y no es uniforme. La Sleep Foundation indica que puede ayudar a bloquear ruidos ambientales que interrumpen el sueño, aunque los estudios sobre sus beneficios muestran resultados mixtos.

Antes de sostener una rutina permanente, conviene comprobar si mejora el descanso y si el ambiente puede hacerse más silencioso con otras medidas.

3. El enmascaramiento puede ocultar sonidos que requieren atención

La potencia, el tiempo de uso y la distancia al dispositivo determinan los principales riesgos para el descanso y la audición. (Imagen Ilustrativa Infobae)
La potencia, el tiempo de uso y la distancia al dispositivo determinan los principales riesgos para el descanso y la audición. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La función del ruido blanco consiste precisamente en reducir la percepción de variaciones sonoras externas. Esa cualidad puede ser útil frente a ruidos irregulares, pero también puede ocultar señales que una persona necesita oír durante la noche, como una alarma, llamado o llanto de un bebé.

La Sleep Foundation incluye esa advertencia al abordar su uso para cubrir ronquidos y recomienda considerar los sonidos importantes que podrían quedar atenuados. Esta limitación cobra más relevancia si quien duerme debe responder a un menor, a una persona con necesidades de cuidado o a una alerta doméstica.

4. En bebés, la intensidad y cercanía exigen mayor cautela

Una mujer sentada en una cama deshecha mira una cuna blanca con un bebé dentro, envuelto en una manta beige. Una lámpara de mesa ilumina la escena.
El uso continuado de un sonido puede asociarse con la conciliación del sueño sin constituir necesariamente una adicción. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un estudio publicado en Pediatrics, revista de la Academia Estadounidense de Pediatría, analizó los niveles de ruido emitidos por 14 dispositivos de sonido para bebés. A una distancia de 30 centímetros y con el volumen al máximo, todos superaron los 50 decibelios (dBA), mientras que tres alcanzaron niveles superiores a los 85 dBA.

La investigación midió niveles de presión sonora, no diagnosticó lesiones en niños, por lo que sus resultados señalan un peligro potencial y no una consecuencia comprobada.

Un bebé con mameluco azul claro duerme de lado en una cuna oscura con sábanas de lunas y estrellas, iluminado por una luz tenue y redonda.
Las máquinas de sonido para bebés pueden alcanzar niveles elevados cuando se colocan cerca de la cuna. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El otorrinolaringólogo Blake Papsin, autor principal del trabajo, recomendó reducir al mínimo el volumen y tiempo de uso y colocar la fuente lo más lejos posible del bebé. El Hospital Infantil de Filadelfia, que resumió el estudio, aconseja situarla a más de 200 centímetros de la cuna y mantener un nivel bajo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) también vincula la exposición nocturna a ruido ambiental con alteraciones del sueño y recomienda reducirla. Aunque sus directrices se refieren a fuentes como el tránsito, refuerzan un principio aplicable al dormitorio: el descanso depende de un entorno acústico moderado, no de añadir sonido sin controlar su intensidad.

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