8 objetos que conviene sacar del armario para recuperar espacio

Pequeños cambios en la forma de clasificar y conservar las pertenencias pueden simplificar las tareas cotidianas en el hogar

Ilustración en acuarela de una mujer sentada en el suelo frente a un armario con cajones abiertos y prendas de vestir.
El armario prioriza las prendas de uso cotidiano. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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El armario suele absorber objetos que no tienen un destino definido, hasta que encontrar una prenda se vuelve más difícil. Liberar ese espacio implica revisar qué se usa con frecuencia y qué puede trasladarse, donarse, repararse o reciclarse.

Tres organizadoras profesionales consultadas por The Spruce, medio especializado en tareas domesticas, coinciden en un criterio: el armario debe priorizar la ropa cotidiana.

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Juliana Meidl, Carol Di Popolo y Lauren Saltman identificaron ocho grupos de objetos que suelen generar acumulación y que conviene retirar de ese lugar.

1. Los recuerdos

Un baúl de madera abierto contiene fotografías en blanco y negro, un oso de peluche, un sonajero, un cuaderno, una resortera, zapatos y conchas marinas.
Los recuerdos se conservan mejor en espacios de almacenamiento alternativos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las fotos, trabajos escolares, objetos heredados y otras pertenencias sentimentales no necesitan estar en el armario, según Meidl.

La profesional propone limitar los recuerdos a una caja por integrante de la familia y trasladarla a un espacio de guardado alternativo, como un ático o sótano si el hogar cuenta con ellos. La medida permite separar lo afectivo de la indumentaria y evita que esos objetos queden olvidados detrás de las prendas.

2. Los productos de higiene y limpieza

Armario de cocina verde con puertas abiertas que contiene un organizador metálico con productos de limpieza y un cubo de basura.
Los productos de higiene y limpieza pueden dañar la ropa si se derraman. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Guardar excedentes de artículos de baño o limpieza en el armario agrega volumen y supone un riesgo para la ropa. Di Popolo señala que esos envases pueden abrirse, volcarse o perder contenido.

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Su recomendación es restringir las compras a la cantidad que pueda almacenarse en los gabinetes del baño o en el área destinada a tareas domésticas, en vez de usar el ropero como depósito.

3. Las perchas de alambre

Un perchero metálico blanco sostiene seis perchas vacías de colores gris y azul en un espacio de paredes blancas.
Las perchas resistentes ayudan a mantener las prendas ordenadas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las perchas de alambre, habituales tras una limpieza profesional de prendas, son endebles y pueden hacer que la ropa se deslice al piso, advierte Saltman. La organizadora sugiere reemplazarlas por perchas resistentes y similares entre sí.

Además de permitir una distribución más pareja, esa decisión facilita detectar prendas que ya no se usan y evita que las piezas se acumulen dobladas o caídas dentro del armario.

4. La ropa fuera de temporada

Una mujer sentada en el suelo dobla prendas junto a una caja de cartón con ropa y una pila de libros sobre una alfombra.
La ropa fuera de temporada ocupa menos espacio cuando se guarda aparte. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cuando el espacio es limitado, Meidl aconseja que la ropa de temporada se guarde durante los meses en que no se utiliza. Cajas o bolsas de almacenamiento pueden resolver ese traslado hacia otros sectores disponibles de la vivienda.

Así, el armario queda reservado para las prendas necesarias en ese momento y resulta más sencillo acceder a ellas sin mover pilas de ropa que no corresponde usar.

5. Las prendas dañadas o reservadas para “algún día”

Tres pilas de ropa doblada sobre una cama blanca, un armario de madera abierto y una caja de cartón con la palabra donar en el suelo.
Las prendas dañadas requieren reparación, donación o descarte según su estado. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La revisión también incluye la ropa manchada o rota. Si una prenda no tiene arreglo, la recomendación es descartarla. Si puede recuperarse, conviene apartarla y definir cuándo se reparará.

Meidl suma las piezas que se conservan con la expectativa de que vuelvan a estar de moda o de que ajusten en el futuro. Aunque hayan sido costosas, plantea venderlas o donarlas si no forman parte del uso actual.

6. La ropa formal y disfraces

(Imagen Ilustrativa Infobae)
La ropa formal y los disfraces necesitan un lugar de almacenamiento específico. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Vestidos formales, trajes y disfraces que se usan de manera esporádica suelen ocupar sectores centrales del armario. Di Popolo recomienda vender, donar o trasladar las prendas formales que ya no tendrán uso.

El mismo criterio alcanza a los disfraces: si no hay eventos próximos en los que vayan a utilizarse, pueden ir a un lugar de guardado alternativo o entregarse a otra persona.

7. Los regalos no deseados

Una mujer de espaldas sentada en una sala de estar, abriendo una caja con zapatos grises, con un smartphone y ropa doblada sobre la mesa.
Los regalos sin uso pueden encontrar una nueva utilidad al donarse. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Conservar un obsequio solo por compromiso puede quitar lugar a artículos de uso real. Di Popolo aconseja donarlo o regalarlo a alguien que pueda aprovecharlo si está claro que no se utilizará.

La propuesta no implica desechar objetos en buen estado, sino reasignarlos. De ese modo, el armario reúne pertenencias elegidas para el día a día, en vez de artículos retenidos por culpa o indecisión.

8. Las cajas vacías y exceso de ropa blanca

Mujer con delantal a cuadros tiende una sábana blanca en tendedero de azotea. Un cesto de ropa al lado y edificios urbanos de fondo.
Dos o tres juegos de sábanas y toallas por persona ayudan a controlar el exceso. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las cajas de calzado, aparatos y otros productos suelen conservarse ante una eventual reventa, pero solo justifican espacio si existe un plan concreto para ese fin. De lo contrario, pueden reciclarse.

Saltman también indica que las sábanas y toallas deberían guardarse en un armario de ropa blanca. Si eso no es posible, conviene reducir el excedente.

Su regla orientativa es mantener dos o tres juegos de sábanas por cama y dos o tres juegos de toallas por persona. Una revisión mensual permite decidir qué se desecha, dona o reubica y mantener identificadas las cajas que sí se conservan.

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