Cuáles son las claves de la crianza consciente y qué reacciones de los padres pueden generar miedos en los hijos

La psicóloga Jennifer Delgado y el concepto de aprendizaje vicario de Albert Bandura explican por qué los niños internalizan temores, emociones y prejuicios antes de recibir cualquier instrucción verbal

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Adulto y niño pequeño sentados a una mesa de madera en una cocina, el adulto sostiene una rodaja de manzana verde, hay cuencos y plantas en macetas.
La crianza consciente plantea que los niños aprenden al observar los hábitos, emociones y creencias de sus padres (Imagen Ilustrativa Infobae)

La crianza consciente es un enfoque que subraya cómo los niños aprenden, muchas veces de manera inadvertida, a través de la observación de sus padres. En un artículo publicado en Ser Padres, la psicóloga, educadora y psicopedagoga Jennifer Delgado señala que los pequeños no solo asimilan normas o consejos explícitos, sino que incorporan hábitos, emociones y creencias mediante los gestos y reacciones diarias de los adultos que los rodean.

El psicólogo Albert Bandura fue pionero al describir este proceso como aprendizaje vicario, concepto que sostiene que los hijos interiorizan comportamientos y respuestas emocionales observando a sus figuras de referencia, incluso cuando estas no buscan ser modelos. Investigaciones recientes respaldan esta perspectiva.

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Un estudio demuestra cómo los niños adquieren miedos y conductas de evitación al observar las reacciones temerosas de sus padres ante estímulos nuevos. El metaanálisis reveló un efecto causal pequeño a moderado en la transmisión del miedo, especialmente en aquellos niños con mayor inhibición conductual. Las pruebas respaldan que la influencia de los padres no radica únicamente en lo que dicen, sino sobre todo en lo que hacen y sienten delante de sus hijos.

Familia de cuatro personas sonriendo y caminando por una acera de un vecindario en Estados Unidos. El padre lleva a la hija sobre sus hombros, la madre y el hijo se toman de la mano.
La transmisión del miedo en la primera infancia presentó un efecto causal pequeño a moderado, con mayor impacto en niños con inhibición conductual (Imagen Ilustrativa Infobae)

La crianza consciente invita a los adultos a observar y revisar sus propios hábitos y emociones, conscientes de que estos constituyen el principal modelo de aprendizaje para los niños.

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Qué aprenden los niños al observar a sus padres

El repertorio de conductas, emociones y creencias que los niños adquieren de sus padres va mucho más allá de las enseñanzas explícitas. En la vida cotidiana, los pequeños absorben numerosos hábitos simplemente observando. Por ejemplo, pueden aprender miedos específicos si ven que un adulto evita situaciones o reacciona con ansiedad ante algo nuevo.

Estos aprendizajes pueden hacer que los niños desarrollen sus propios temores ante objetos, animales o situaciones a los que nunca han estado expuestos directamente, solo por interpretar las reacciones de sus padres como señales de alarma.

Una madre sentada en un sofá, recibiendo un regalo envuelto en papel marrón y una tarjeta con un corazón de su hija; el padre está detrás, tomando una foto.
La observación de los padres también influye en cómo los niños interpretan si un entorno, un objeto o una situación es segura o peligrosa (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estudio citado destaca que la transmisión de miedos y conductas de evitación es un proceso mensurable en la primera infancia. Los investigadores comprobaron que las reacciones emocionales de los padres ante estímulos novedosos influyen en la manera en que los hijos interpretan el entorno y deciden si algo es seguro o peligroso.

Este proceso no solo se limita a los miedos: los niños también pueden asimilar formas de gestionar la frustración, el estrés o la forma en que valoran su propio cuerpo y la alimentación, todo a través de la observación.

El peso del ejemplo en la educación infantil

El ejemplo cotidiano de los adultos es uno de los principales motores del aprendizaje infantil. Las conductas y actitudes que los niños observan en sus padres tienden a reproducirse, incluso en ausencia de instrucciones verbales. Esta influencia también alcanza la gestión emocional.

Familia hispana (padre, madre, hijo) en mesa de madera. Padre con papeles, madre en laptop, hijo mirando documentos. Hay calculadora, frasco con dinero y hoja con '1%'.
El ejemplo de los adultos incide en la gestión emocional infantil, sobre todo ante la frustración y el estrés (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cuando los adultos modelan estrategias saludables para afrontar la frustración o el estrés, como verbalizar sus emociones y mostrar que pueden manejar situaciones difíciles, los niños aprenden a regular sus propias reacciones.

Las investigaciones recientes subrayan que la influencia parental abarca aspectos como la relación con la comida, la imagen corporal y la percepción de prejuicios sociales. Por ejemplo, los comentarios que los padres hacen sobre su propio cuerpo o el de otras personas, así como las actitudes hacia la alimentación, pueden ser internalizados por los hijos y determinar cómo se ven a sí mismos o cómo se alimentan.

La observación de actitudes discriminatorias o estereotipadas, aunque sean sutiles, también puede sentar las bases para la adquisición de prejuicios desde la primera infancia.

Familia sentada en el césped de un parque. Un hombre aplica crema solar en la cara de una niña, mientras una mujer sostiene protectores solares y un niño agarra un frisbee.
Aplicar la crianza consciente implica revisar hábitos y emociones, verbalizar lo que se siente y sostener coherencia entre lo que se dice y lo que se hace (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cómo aplicar la crianza consciente en la vida cotidiana

Adoptar una crianza consciente requiere que los padres se detengan a reflexionar sobre sus propios hábitos, emociones y creencias, entendiendo que estos tienen un impacto directo en el desarrollo de sus hijos.

La coherencia entre lo que se dice y lo que se hace: los niños aprenden más de lo que observan que de lo que escuchan. Por ello, conviene verbalizar las emociones de manera honesta, como expresar que algo produce miedo, pero también mostrar que es posible afrontarlo.

En situaciones de estrés o frustración, resulta útil explicar el proceso emocional: por ejemplo, decir: “Estoy enfadado, necesito unos minutos para tranquilizarme y luego seguimos hablando”. Este tipo de comunicación enseña a los niños que es normal sentir emociones intensas, pero existen maneras adecuadas de gestionarlas. En cuanto a la relación con el cuerpo y la alimentación, se recomienda sustituir las valoraciones centradas en la apariencia por otras enfocadas en la salud y el bienestar.

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