Por qué reírse de uno mismo tras un error es clave para la salud emocional y el bienestar social

El estudio, publicado en Journal of Personality and Social Psychology, demuestra que una reacción espontánea y natural tras equivocaciones cotidianas favorece la interacción y la confianza interpersonal

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Cinco personas jóvenes ríen alrededor de una mesa de madera en una cafetería. Un vaso volcado ha derramado una bebida oscura en la mesa, y hay tazas de café.
Un estudio de la American Psychological Association revela que reírse de uno mismo tras un error leve mejora la percepción social (Imagen Ilustrativa Infobae)

Tropezar en la vereda, empujar una puerta que decía “tirar” o confundir el nombre de alguien en una presentación son escenas comunes. En esos segundos incómodos, muchas personas sienten que todas las miradas están sobre ellas y que el episodio quedará grabado en la memoria colectiva.

Sin embargo, una nueva investigación sugiere que la reacción ante ese tipo de fallos puede marcar la diferencia en cómo los demás evalúan a quien los protagoniza.

Un estudio internacional difundido por la American Psychological Association (APA) y publicado en el Journal of Personality and Social Psychology encontró que reírse de uno mismo tras cometer un error social menor mejora la percepción que otros tienen sobre esa persona.

En particular, quienes adoptan esta respuesta son vistos como más cálidos, competentes y auténticos que quienes reaccionan con vergüenza visible.

Vergüenza ajena
Mostrar vergüenza tras un error sin consecuencias tiende a percibirse como desproporcionado y menos favorable socialmente (Imagen Ilustrativa Infobae)

Autorrisa vs. vergüenza: qué observaron los investigadores

El trabajo fue desarrollado por especialistas de la Vrije Universiteit Amsterdam, Cornell University y London Business School. A lo largo de seis experimentos en línea participaron más de 3.000 personas, en su mayoría residentes en Estados Unidos.

A los participantes se les presentaron escenarios cotidianos. Alguien que tropieza en la calle, que se golpea con una puerta de vidrio o que se equivoca al llamar a otra persona. Luego debían evaluar al protagonista según su reacción: reírse de sí mismo o mostrarse avergonzado.

Los resultados fueron consistentes. Cuando el incidente no afectaba a terceros, la autorrisa generaba juicios más favorables. Los observadores interpretaban esa actitud como señal de seguridad social y confianza. En cambio, la vergüenza tendía a percibirse como una reacción desproporcionada ante un episodio sin consecuencias graves.

Desde el punto de vista psicológico, reírse de uno mismo transmite un mensaje implícito: “sé que fue un error menor y no representa quién soy”. Esa lectura reduce la tensión y facilita la interacción posterior.

Un hombre con chaqueta azul tropieza en una vereda de la ciudad, con los brazos extendidos para el equilibrio y una sonrisa. Peatones lo miran.
Los experimentos incluyeron a más de 3.000 personas, que evaluaron reacciones ante errores sociales cotidianos (Imagen Ilustrativa Infobae)

El límite del humor: cuándo deja de ser positivo

El beneficio, sin embargo, no es universal. Los autores subrayan que la ventaja desaparece cuando el error provoca daño a otra persona.

Por ejemplo, si al tropezar alguien empuja a un colega y le causa una lesión, la risa puede interpretarse como falta de sensibilidad. En ese contexto, mostrar arrepentimiento o incomodidad se considera más apropiado.

Este hallazgo introduce un concepto central: la calibración emocional. Ajustar la respuesta a la gravedad real del incidente es clave para mantener una imagen positiva. Si el hecho tiene consecuencias para otros, la ausencia de una señal de remordimiento puede generar juicios negativos. En otras palabras, no se trata de reír siempre, sino de evaluar el impacto del desliz.

Uno de los aspectos más interesantes del estudio es que la autorrisa no solo incrementó la percepción de calidez, sino también la de competencia. A primera vista, podría parecer contradictorio: admitir un error y bromear al respecto no debería asociarse con capacidad.

Un grupo diverso de jóvenes celebra en una fiesta, con una mujer en el centro bailando animadamente mientras sus amigos la rodean, aplauden y ríen. Hay globos y luces decorativas.
La reacción espontánea ante errores leves reduce la tensión y facilita interacciones sociales, según la investigación internacional (Imagen Ilustrativa Infobae)

Sin embargo, los investigadores sugieren que mostrar naturalidad frente a una equivocación leve comunica control emocional. Esa estabilidad se interpreta como fortaleza social.

Además, quienes se ríen de sí mismos son vistos como más auténticos. La actitud transmite aceptación de las propias imperfecciones, algo que suele valorarse en entornos laborales y personales. En cambio, la vergüenza intensa puede generar incomodidad en los observadores y prolongar la tensión del momento.

¿Por qué sobrestimamos el juicio de los demás?

El estudio también respalda una idea ampliamente investigada en psicología social: las personas tienden a sobreestimar cuánto las juzgan los demás. Este fenómeno, conocido como “efecto foco”, describe la tendencia a creer que nuestros errores reciben más atención de la que realmente obtienen.

La coautora Övül Sezer señaló que“las personas suelen sobrestimar lo duro que otros las juzgarán por pequeños errores sociales”. Sin embargo, los datos muestran que la reacción adecuada puede incluso mejorar la percepción externa.

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El estudio confirma que las personas tienden a sobrestimar cuánto las juzgan los demás por pequeños errores sociales (Freepik)

Los investigadores advierten que los experimentos se realizaron con participantes estadounidenses y en escenarios hipotéticos. Las normas sociales pueden variar en otros contextos culturales o en ambientes donde la formalidad sea mayor.

Asimismo, el tipo de error es determinante. La investigación se centró exclusivamente en incidentes menores y accidentales.

Una herramienta simple para la vida diaria

Más allá de sus límites, el estudio aporta una enseñanza práctica: la gestión emocional frente a errores pequeños influye en cómo somos percibidos.

Reírse de uno mismo, cuando no hay perjuicio para terceros, puede aliviar la tensión, transmitir seguridad y fortalecer vínculos. En cambio, exagerar la vergüenza puede amplificar la incomodidad.

La imagen social no depende tanto de evitar equivocaciones —algo inevitable en la vida cotidiana— como de la manera en que se afrontan. Adoptar una respuesta espontánea y bien calibrada puede convertir un momento incómodo en una oportunidad para mostrarse genuino.