
En el Reino Unido, un equipo de psicólogos de la Universidad de Kent demostró que las personas que utilizan inteligencia artificial para redactar mensajes personales, como votos matrimoniales, cartas de amor o disculpas, son vistas con mayor recelo que quienes escriben directamente. Esta conclusión surge de seis estudios con cerca de 4.000 participantes británicos, cuyos resultados fueron publicados en la revista Computers in Human Behavior, según informó la propia universidad en un comunicado.
Los investigadores, entre ellos Scott Claessens y Jim Everett, analizaron la percepción social sobre el uso de herramientas de IA, especialmente ChatGPT, en diversas tareas. El rechazo resultó particularmente evidente en mensajes socio-relacionales: la mayoría de los participantes consideró que delegar en la IA la escritura de un mensaje emocional evidencia menor dedicación, autenticidad y cuidado hacia el destinatario, incluso si la calidad final del texto es alta y el uso de la herramienta se reconoció abiertamente.
Un caso citado en el estudio y en el comunicado universitario corresponde a una publicación en Reddit, donde una recién casada expresó su disgusto al descubrir que los votos de su pareja fueron escritos con ChatGPT. La mujer manifestó sentirse herida al ver reemplazado un gesto significativo por una respuesta automatizada. Reacciones negativas similares surgieron ante el uso de IA para redactar disculpas románticas o mensajes de ruptura.

Everett, lector en psicología, explicó: “Si usas la inteligencia artificial para este tipo de tareas sociales que nos unen, corres el riesgo de que te perciban como alguien que no se ha esforzado y que además demuestra menos interés por la tarea y por lo que representa”. En tanto, según la declaración recogida por la Universidad de Kent, Claessens remarcó: “Las personas no solo juzgan lo que produces, sino cómo lo produces”.
El estudio comparó el impacto social de emplear IA en distintos contextos. Las valoraciones negativas no se presentaron con la misma intensidad en tareas prácticas o técnicas, como la elaboración de recetas, la programación o la organización de agendas, donde el uso de IA fue mucho menos polémico y, en muchos casos, pasó inadvertido para la mayoría de los encuestados.
Los autores precisan que la percepción negativa asociada al uso de inteligencia artificial en situaciones personales supera la simple falta de esfuerzo. El principal mecanismo identificado es que delegar tareas íntimas a una herramienta automática transmite la impresión de que la persona es menos auténtica y que se preocupa menos por el destinatario.
De acuerdo con los especialistas, se percibe que “hay valor no solo en el resultado, sino en el proceso y en lo que representa para la relación”, según consta en el documento académico.

El análisis conjunto de los seis estudios permitió reforzar este hallazgo: incluso cuando los participantes explicaban de manera explícita que recurrieron a la IA para mejorar una tarea con valor emocional, la impresión predominante seguía siendo negativa, especialmente en mensajes con contenido simbólico.
Entonces, utilizar la IA como apoyo, aportando ideas pero dejando la redacción final a la persona, reduce levemente la percepción negativa, aunque no consigue revertirla en ámbitos sensibles.
El equipo de la Universidad de Kent también abordó la dimensión cultural de este fenómeno. La incomodidad ante la automatización de gestos simbólicos, como escribir cartas de amor o votos matrimoniales, tiene antecedentes: ya se refleja en la obra Cándida de George Bernard Shaw, donde se ironiza sobre lo que implica recibir una carta romántica generada por una máquina.
A criterio de los especialistas, la creciente presencia de la inteligencia artificial en la vida cotidiana plantea la necesidad de repensar el equilibrio entre eficiencia y significado social. Si bien la IA puede agilizar trámites y escritos, su uso en la esfera emocional supone un riesgo reputacional real y puede debilitar la confianza y los vínculos humanos.
Los investigadores advierten que, aunque los avances tecnológicos sean notables, existen límites no escritos sobre qué tareas conviene delegar en algoritmos y cuáles reservar como expresión directa del involucramiento personal.
El estudio concluye que, ante la expansión global de la IA, preservar la autenticidad y la calidad de las relaciones interpersonales requiere no sacrificar el esfuerzo personal, por atractiva que resulte la alternativa automatizada.
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