
Un equipo de la Universidad de Yale demostró que los bebés son capaces de formar recuerdos episódicos a partir de los 12 meses de edad, lo que contradice la hipótesis tradicional de que la amnesia infantil se debe a la inmadurez del cerebro.
El estudio, publicado el 20 de marzo en la revista Science, observó mediante resonancia magnética funcional cómo la actividad en el hipocampo de los bebés predice su capacidad para reconocer imágenes previamente vistas.
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El trabajo, liderado por Tristan Yates, ahora investigador en la Universidad de Columbia, y dirigido por el psicólogo Nick Turk-Browne, reforzó la idea de que los humanos comienzan a aprender desde los primeros meses de vida, pero que también pueden codificar recuerdos específicos mucho antes de lo que se creía.

Durante décadas, la explicación más aceptada sobre la amnesia infantil (la incapacidad de recordar eventos vividos en los primeros años) señalaba que el hipocampo, la estructura cerebral clave en la formación de recuerdos, no estaba suficientemente desarrollado hasta bien entrada la adolescencia, según Popular Science.
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El experimento con bebés y resonancia magnética
Para comprobarlo, el equipo de Yale realizó un experimento con 26 bebés de entre 4 y 25 meses, quienes fueron expuestos a imágenes inéditas de rostros, objetos y escenas, según la agencia de noticias EFE.
Posteriormente, tras ver una serie de imágenes adicionales, se les presentaron nuevamente algunas de las ya vistas, acompañadas por otras nuevas.
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Los investigadores midieron cuánto tiempo miraban los bebés cada imagen, bajo la premisa de que si una imagen les resultaba familiar, pasarían más tiempo observándola.
En paralelo, usaron resonancia magnética funcional (fMRI) para registrar la actividad cerebral, un desafío técnico considerable debido a la corta capacidad de atención y movimiento constante de los bebés, indicó Medical Xpress.
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Según explicó Turk-Browne a EFE, si el hipocampo mostraba una mayor actividad durante la primera exposición a una imagen, existía una mayor probabilidad de que el bebé la reconociera después. Este patrón se repitió en toda la muestra, pero fue más marcado entre los bebés mayores de 12 meses.

Además, el área del hipocampo que se activó con mayor intensidad fue la parte posterior, la misma región que se vincula con la memoria episódica en adultos.
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Dos tipos de memoria, distintas rutas cerebrales
Esta memoria episódica se diferencia del aprendizaje estadístico, que consiste en detectar patrones generales en el entorno, como el ritmo de una rutina diaria o el aspecto habitual de un lugar.
Según los investigadores, este tipo de aprendizaje aparece antes —a partir de los 3 o 4 meses— y también depende del hipocampo, pero de una zona más anterior.
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La investigación de Yale confirmó que ambos tipos de memoria coexisten en el cerebro infantil, pero se desarrollan a ritmos distintos.
Mientras que el aprendizaje estadístico es útil para adquirir lenguaje y comprensión general del entorno, la memoria episódica permite conservar experiencias específicas, como una comida compartida o un paseo particular.
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Este hallazgo sugiere que el cerebro del bebé registra eventos, pero que además los codifica con un detalle suficiente como para poder reconocerlos más tarde, aunque no pueda verbalizarlos.
¿Por qué no recordamos nada de los primeros años?
La pregunta que permanece sin resolver es qué ocurre con estos recuerdos tras ser codificados. El estudio indica que, si bien el hipocampo permite formar memorias episódicas en la infancia, las dificultades pueden surgir en las etapas posteriores, como la consolidación o la recuperación, lo que explicaría la amnesia infantil.
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La consolidación se refiere al proceso en el cual el cerebro transforma una experiencia codificada en un recuerdo duradero, mientras que la recuperación es el acto de acceder a él. Ambas etapas son críticas para la memoria funcional, pero no necesariamente simultáneas o estables en los primeros años de vida.
Los resultados se alinean con investigaciones anteriores en roedores, que mostraban que recuerdos generados durante la infancia podían persistir hasta la adultez, aunque permanecieran inaccesibles sin una estimulación neuronal específica, según EFE.
El equipo de Yale trabaja ahora en seguir el rastro de esos recuerdos a lo largo del desarrollo infantil, incluyendo pruebas con niños en edad preescolar para evaluar si pueden reconocer escenas de su primera infancia grabadas en video desde su propia perspectiva, indicó Medical Xpress.
“Estamos empezando a considerar la posibilidad radical, casi de ciencia ficción, de que estos recuerdos codificados durante la infancia puedan perdurar en la edad adulta, a pesar de ser inaccesibles”, afirmó Turk-Browne en declaraciones recogidas por Popular Science.
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