
El orgasmo es la consecuencia del encuentro entre dos o más personas -o incluso con uno mismo- dispuestas a abandonarse a sus sensaciones, a sentir placer, a encontrarse y a conocerse sin tabúes, sin vergüenza y sin temores. En especial, sin el miedo a hacer el ridículo. "En el sexo, tenemos que estar dispuestos a pedir lo que nos gusta, a liberar nuestras fantasías y a vivir un momento agradable”, sostiene Silvina Valente, médica especialista en sexología clínica y tocoginecóloga y presidente de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana (SASH).
Sin embargo según un estudio publicado en la revista Archives of Sexual Behavior, existe un orgasmo malo y un clímax no deseado que puede hacer que las personas se sientan culpables o avergonzadas. La investigación analizó a 726 participantes adultos para examinar las experiencias de orgasmo “no deseadas”. Durante el análisis práctico, muchos dijeron que el orgasmo “forzado” era menos placentero. Otros aseguraron que el clímax los hizo sentirse avergonzados, emocionalmente desapegados de sus propios cuerpos y traicionados.
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El sentimiento es una reacción física, explicaron los investigadores, y no siempre refleja el estado mental o el nivel de disfrute de alguien. Las parejas que se ven obligadas a tener relaciones sexuales, tienen relaciones consensuadas pero no deseadas o se sienten presionadas hacia el orgasmo no pueden disfrutarlo. “Parece haber una suposición generalizada de que los orgasmos durante el sexo consensuado son siempre positivos”, explicó Sara Chadwick, autora principal del estudio y psicóloga de la Universidad de Michigan.
"Nos interesó explorar si podrían existir orgasmos ‘malos’, ya que descubrimos en otras investigaciones que el orgasmo puede ser mucho más complejo de lo que la gente tiende a pensar”, indicó la especialista. Junto con el profesor Sari van Anders, de la Universidad de Queen en Canadá, Chadwick encuestó a un total de 726 personas sobre sus vidas sexuales. 289 de los que dijeron que habían tenido orgasmos negativos fueron interrogados con más profundidad sobre las razones. Algunos dijeron que se habían sentido presionados para llegar al clímax, lo que les había quitado la diversión, mientras que otros dijeron que los hacía sentir separados de sus sentimientos reales sobre una experiencia sexual.
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Un análisis de las descripciones cualitativas reveló varios temas. Muchos participantes describieron sus experiencias sexuales de manera negativa a pesar de tener un orgasmo. Por ejemplo, las personas que actuaban en contra de su orientación sexual o identidad de género encontraron el orgasmo desagradable, aquellos sujetos sexuales religiosas sugirieron que se sintieron traicionados por su cuerpo o avergonzados después de que sucedió y un hombre bisexual dijo que tuvo un orgasmo no placentero después de que una mujer lo presionó socialmente.
El trabajo de Chadwick y Van Anders también sugirió que a veces, los hombres pueden presionar a las mujeres al orgasmo porque ven el clímax de su pareja como un logro de masculinidad. Los investigadores advirtieron que los orgasmos no siempre equivalen a placer y que las personas no deberían asumir que su pareja ha disfrutado del sexo solo porque alcanzaron el clímax. Al mismo tiempo, detallaron que para “buenos orgasmos” las personas deben escuchar las necesidades de su pareja.
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Para Walter Ghedin, médico psiquiatra y sexólogo, la intensidad del orgasmo y el placer que resulta de llegar al clímax depende de varios factores. “Existen personas que precisan condiciones favorables de conexión para no sentir que el orgasmo se convierte en una mera descarga de tensión. Cada vez más, las zonas erógenas, requieren de atención para convertir el sexo en un acto placentero. Hombres, y sobre todo las mujeres, ya no se conforman con sentir que se estimulan siempre los mismos puntos, reclaman más apertura hacia otras zonas corporales igual o más excitables que las de siempre”, explicó Ghedin en diálogo con este medio.
“Las personas pueden tener orgasmos durante el sexo no deseado, sexo que tiene momentos complicados, sentimientos encontrados, o incluso sexo mediocre o aburrido. El orgasmo no hace que el sexo sea ‘genial’ automáticamente y no invalida los sentimientos negativos sobre ciertas partes del encuentro o el encuentro en general", dijeron Chadwick y Van Anders.
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Sin embargo, algunos participantes informaron que los malos orgasmos condujeron a resultados positivos, como una mayor comunicación con su pareja. "Para el buen sexo, las personas deben escuchar atentamente las necesidades y deseos explícitos de su pareja, pero también las cosas no expresadas que comunican (por ejemplo, no verbalmente, con gestos, etc.).
¿Qué es la anorgasmia situacional?

“Se denomina anorgasmia situacional -aseveró Ghedin- a la falta de orgasmo cuando no se estimulan zonas especificas que ayudan a llegar al clímax. Un porcentaje alto de mujeres (aproximadamente un 25%) no llega al orgasmo por penetración y si lo logran lo hacen cuando se les estimula el clítoris con los dedos, a través del sexo oral o con un vibrador. Otras necesitan que otras zonas erógenas intervengan para llegar al clímax. Los hombres, por su parte, pueden dejar de tener orgasmos si no reciben estímulos en zonas sensibles como el glande”.
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Es frecuente escuchar que el factor “piel” define el resultado satisfactorio, o no, según el grado de sensaciones provocadas por el contacto. “Los hombres están más selectivos a la hora de pedir que se los estimule en zonas más sensibles. Un ejemplo de esto es el aumento de casos de eyaculación retardada (contraria a la precoz) cuando la estimulación genital no es suficiente para disparar el orgasmo. Y si logra llegar, el cansancio habrá reemplazado al placer. Por lo tanto, existen personas que llegan al orgasmo y al clímax sin cuestionar los estímulos recibidos y otras (en aumento) que necesitan sentir que el cuerpo responde sensorial y sensitivamente a los estímulos que se dan y se reciben”, concluyó el especialista.
“Estamos interesados en aprender más sobre cómo este tipo de experiencias impactan a las personas. Nuestros participantes sugirieron que las malas experiencias del orgasmo afectaron negativamente su sexualidad, relaciones y salud psicológica. Nos gustaría estudiar estos efectos de manera más sistemática para comprender mejor el grado de impacto y las posibles disparidades en los impactos entre diferentes individuos", finalizaron los autores de la investigación.
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