
En la actualidad es la tercera enfermedad crónica más frecuente en la juventud. Se trata de un trastorno alimentario no específico (TANE), que suele presentarse en personas con una marcada disconformidad con su imagen corporal o apariencia física, baja autoestima, dificultad en el control de los impulsos y las relaciones sociales.
“Este tipo de trastorno se caracteriza porque el paciente presenta una conducta alimentaria alterada, con un patrón de consumo y relación con los alimentos fuera del esquema normal. Aunque pueden registrarse síntomas de un trastorno alimentario específico (como la anorexia o la bulimia) hay criterios de éstos que no se cumplen en individuos con TANE”, destacó la licenciada en Nutrición Marisa Canicoba (MN 1353 - MP 052), quien aclaró que “puede afectar a niños, mujeres y hombres de diferentes edades y variadas contexturas físicas, peso y talla”.
Según precisó la especialista de los Centros de Diagnóstico DIM, “el peso no es determinante en este tipo de trastorno, una persona puede presentar un peso normal y padecer de TANE”. Generalmente son más frecuentes en jóvenes de 12 a 24 años y según la Organización Mundial de la Salud (OMS) afecta más a las mujeres.
El diagnóstico puede hacerse a cualquier edad y el análisis clínico debe especificar la gravedad y remisión, para complementar la información de cada caso particular.
Tratamiento multidisciplinario

"Es muy frecuente encontrar un paciente con rasgos característicos de TANE, que presente alteraciones no sólo en su salud alimentaria sino también en su salud psíquica y física" -destacó Canicoba-. Así como trastornos en su conducta y desenvolvimiento social".
Lo recomendable para un tratamiento exitoso “es que sea abordado mediante el trabajo armónico de un grupo multidisciplinario de especialistas que estén familiarizados con este tipo de trastornos”.
“La sociedad moderna, inundada por medios, redes sociales, y la industria de la moda, que suelen promover valores como la delgadez, belleza y jovialidad, principalmente sobre el cuerpo aumentan la presión sobre el control de peso en las personas”, sostuvo la especialista, para quien “la manera correcta de prevenirlo es mediante una alimentación saludable”.
Una alerta a los padres para prevenir

La mejor manera de prevenir los trastornos alimentarios no específicos es implementando hábitos saludables desde las edades más temprana.
En este sentido, Canicoba recomendó:
1.- Establecer horarios de comida regulares.
2.- Repartir la ingesta de comida diaria en cuatro o cinco raciones al día.
3.- Evitar el salto de comidas y los picoteos entre horas.
4.- La dieta deber ser sana, equilibrada, variada y debe incluir todos los alimentos.
5.- Fomentar la autoestima del hijo para que descubra sus capacidades y sus limitaciones, las acepte y aprenda a sentirse bien consigo mismo
6.- Adoptar y mantener hábitos saludables en otros aspectos como la constancia en la práctica de actividad física y en el número de horas de sueño.
7.- Todo lo que ayude y permita llevar una vida saludable.
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