Hay comidas, bebidas, golosinas que, por alguna extraña razón, los argentinos consumen en verano más que en ningún otro momento del año en las playas. Quizás en los meses que abarcan la primavera, el invierno y el otoño jamás hayan incurrido en una de ellas, ni siquiera considerado como una de las posibilidades. Pero llega el verano y la playa potencia ciertos hábitos; los culinarios, entre ellos. Costumbre, le llamarán.
En Mar del Plata, Pinamar, Villa Gesell, San Bernardo, Cariló, entre otras tantas ciudades balnearias argentinas, los carritos circulan con tentempiés, los paradores ofrecen comidas típicas, los puestos expenden bebidas tradicionales de verano. Los snacks más emblemáticos, tanto antes del mediodía como durante el almuerzo y la posterior merienda.
Choclo

Es una de las más extrañas tradiciones de las playas argentinas. Se cree que llegó procedente de Brasil, donde les llaman "milho". Cerca del mediodía, mayormente antes del almuerzo como una suerte de entrada, los choclos se multiplican bajo las sombrillas, carpas o encima de las lonas. El vendedor ofrece las opciones de sal y/o manteca. La sabrosa experiencia se puede volver una molestia debido a los granos que se incrustan entre los dientes y la era, que se pega a los granos.
Rabas

En los balnearios de la Costa Atlántica, en los paradores que se alistan frente al mar, hay un plato que toma dimensión de ritual veraniego. Los mariscos suelen ser una de las primeras opciones, pero las rabas se imponen. Algunos veraneantes las prefieren como entrada; otros directamente como plato principal. El limón suele darles el toque final que las vuelve irresistibles.
Churros

"¡Churros! ¡Churros! ¡Ricos los churros!", se escucha en todos los balnearios argentinos. Sin duda, lograron instalarse como el snack predilecto cuando llega la tarde y se impone el hambre tras unas horas del almuerzo. Docena o media docena, acompañado del típico mate o chocolatada para los más chicos, los churros con o sin dulce de leche se apoderaron de la merienda en las playas locales.
Licuados

Junto a los churros, durante la merienda, los más grandes suelen preferir el mate. Entre los niños y adolescentes, por su parte, se imponen los licuados. Todos los balnearios argentinos cuentan con al menos un puesto en el que se expende la bebida frutal. Banana con leche, quizás la opción más recurrente. También están quienes prefieren uno más refrescante y combinado como, por ejemplo, frutilla y naranja al agua.
Pirulines

Una extraña tradición ancestral que jamás perdió vigencia. Los niños se desviven por los curiosos chupetines puntiagudos. La golosina se cocina en un bowl hasta lograr el punto caramelo a 150º centígrados. La peculiaridad que los vuelve una obsesión para los más chicos son sus dos o tres colores. En la tarde-noche en la Costa Atlántica encuentra su pico de popularidad entre los más jóvenes.
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