Existen más de 1000 seres mitológicos en todo el país (Leonardo Batic)
Existen más de 1000 seres mitológicos en todo el país (Leonardo Batic)

Halloween es una celebración que por estas partes del mundo se asocia más a los disfraces, dejando de lado el resto de la liturgia. Pueden hacer referencia a casi cualquier cosa. Desde personajes históricos o de la cultura pop, a alimentos y animales, pero por mucho tiempo la norma era que fuesen figuras terroríficas, desde fantasmas a vampiros.

Existen miles de seres mitológicos en el país. Algunos representan deidades, otros, fenómenos naturales. Hay guardianes, jueces y víctimas en las profundidades de la selva, la jungla, la montaña y los valles.

Entre estos seres autóctonos -o de la región- existen muchos que poseen ciertas similitudes con representantes foráneos, que gozan de una marcada fama gracias a que inspiraron obras de teatro, novelas y, más acá en el tiempo, películas.

Los pueblos originarios de lo que representa el territorio argentino crean su propia cosmogonía y en sus creencias dejaron seres fantásticos, con su propia riqueza narrativa. Duendes, ogros, sirenas, vampiros, muchos fantasmas e incluso un Yeti vernáculo.

Fantasmas, de Ushuaia a La Quiaca

Existen múltiples leyendas de fantasmas(iStock)
Existen múltiples leyendas de fantasmas(iStock)

Los relatos de fantasmas son comunes a todas las culturas desde la antigüedad. En el caso de las Almas Perdidas tienen diferentes nombres y apariencia según la etnia o la región. En Santiago del Estero se las describe como mujeres sin ropa y trenzas larguísimas, que lloran sin consuelo en los caminos y que expían un amor incestuoso. En el norte, está la Almita, que vaga por el mundo y aparece por las noches, especialmente en el día de los muertos cuando se arrima a las casas con un silbido triste. En la tradición mapuche, se las conoce como Alhué, que no es otra cosa que el alma que se desprende del cuerpo.

La Macachera es un fantasma guaraní, que acompaña en silencio a los viajeros durante sus caminatas, aunque también está Mbogua, el alma animal de las personas que se queda vagando por los lugares preferidos del muerto. Póra es la más maligna de todas las representaciones de esta parte del país, que deambula por allí causando sustos mortales, en especial los lunes por la noche y los viernes de luna llena.

Los mitos de la Llorona y la Viuda habitan en diferentes regiones, aunque una se viste de blanco y la otra de negro. Sus historias son similares, habitan los caminos, se acercan a los hombres, en un caso para robarles, en el otro para acompañarlos en su recorrido.

Duendes: Anchimalén, Bachila, Delgadín, Imbunche, El Pombero y otros

Existen diferentes versiones, algunos más asimilados a las versiones que llegaron con los colonizadores; otros, con un corte netamente local, como el Anchimalén o Cherufe. Este mito araucano posee la forma de enano y se parece a un bebé y puede transformarse en una llama, una especie de fuego fatuo que se aparece en los caminos, techos de las casas y árboles. En Salta y Tucumán se lo conoce como El Bachila y si bien se le vio con diferentes ropajes suele llevar sombrero y hacer travesuras, como tirar piedras y desordenar la casa.

El Bachila (Dibujo: Leonardo Batic)
El Bachila (Dibujo: Leonardo Batic)

Por su parte, Delgadín habita en los Valles Calchaquíes y siempre lleva su flauta de húmero de cóndor y se esconde en los árboles de donde sale para proteger a los animales o perseguir alguna muchacha. El Iñakanguaja pertenece a la mitología mbyá-guaraní y es un "duende" que habita en los barreros, los lugares a los que asisten los animales para lamer sal. El Imbunche es un ser araucano de apariencia desagradable y que, al parecer, son niños que al ser robados por brujos durante sus primeros meses de vida se convierten en sus lacayos.

Los tobas orientales los llaman Komalta Lek, los mocovíes -por su parte- tienen en Koonase, una "enana" maldita que se le aparece a los cazadores a la hora de la siesta para tener relaciones sexuales y luego torturarlos; la mitología mbyá-guaraní le teme a Mbai.

Si hay un duende que trascendió por su fama en la región guaraní es El Pombero, que se lo pinta como feo, morocho o negro y peludo y siempre anda con su sombrero de alas anchas. Este protector de las aves mora en los troncos de los árboles y durante la siesta busca a los niños que osen cazar pajaritos para amedrentarlos. En el Chaco aseguran que tendría también preferencia por la sangre de los menores y que los cuelga de un árbol luego de vaciarlos. Como otros personajes mitológicos, también deja que la lascivia lo domine y visita a algunas mujeres casadas -cuando los maridos se van de copas- y solteras -es capaz de apedrear a los pretendientes-.

El Pombero (Dibujo Leonardo Batic)
El Pombero (Dibujo Leonardo Batic)

Otro popular personaje es El Sombrerudo, que habita en Catamarca, que también disfruta de golpear a los jóvenes a la hora del descanso diurno y acechar damiselas durante la noche. Dicen que Yasí-Yateré es hermoso, rubio, de ojos azules, musculoso y barbudo, que recorre los campos de la mesopotamia desnudo, con su sombrero de paja y su bastón de oro, donde reside su poder.

Los habitantes de la Patagonia tienen a Sompaz Hué, que mora en el fondo de los grandes lagos, y sale cuando se van a producir tragedias. Los araucanos hablan de Tinguiritas, los enanitos de los bosques, que serían una especie de mineros -a lo Blancanieves- que viven entre las montañas.

Brujas

Las Brujas trasncienden las fronteras y etnias (iStock)
Las Brujas trasncienden las fronteras y etnias (iStock)

Sí, que las hay, las hay y en todas las culturas. En el norte, básicamente, se respeta la concepción europea y se la presenta como una señora muy mayor, piel arrugada, boca sin dientes, narigona y con verrugas. Claro, también suele viajar en una escoba.

El Chilludo o el Yeti argento

El Chilludo, nuestro hombre de las nieves (iStock)
El Chilludo, nuestro hombre de las nieves (iStock)

Gregorio Álvarez, historiador que contribuyó a la permanencia de las cultura neuquina y por su legado se nombró a un dinosaurio en su honor -el Alvarezsaurus-, documentó su primera aparición, a mediados del siglo pasado en el pueblo de Colo Michi Co. De acuerdo con el relato, un joven perdió el juicio luego de observarlo. Este personaje de origen pehuenche es descripto como un hombre muy grande, cubierto de pelo y que se caracteriza por saltar y correr por laderas y cañadones.

Los vampiros vernáculos

(iStock)
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Para los chorotes -pueblo originario de ambas orillas del río Pilcomayo, en Argentina, Bolivia y Paraguay- existió una hermosa fémina, llamada Ehéie, que transgredió el tabú de ingresar al monte durante la menstruación y por esto se convirtió en un ser del mal, que anidó en su estómago a serpientes que mordían a todos aquellos que se acostaban con ella. Cuando descubrieron que era culpable de tantas muertes, la quemaron viva en el monte, aunque sobrevivió para convertirse en un vampiro y salir volando, no sin antes asegurar que se dedicaría siempre a chuparles la sangre.

En el otro extremo del país, los mapuches tuvieron en Pihuchén un ser que tiene diferentes representaciones, desde rana alada hasta una serpiente con dos cabezas. Una de las versiones lo representa como un vampiro, que ataca a aquellos que duermen al aire libre. Cuando el calor es intenso se refresca adhiriéndose a la corteza de los árboles y cuando se va estos quedan manchados de rojo por la sangre de sus víctimas.

El Futre, el Jinete sin cabeza del Puente del Inca

El jinete sin cabeza (iStock)
El jinete sin cabeza (iStock)

La leyenda de Sleepy Hollow es archiconocida, más después de la película que tuvo a Johnny Depp como protagonista. Esta historia se centra en el famoso Puente del Inca mendocino, aunque existen varias versiones. La más popular asegura que un inglés de clase alta perdió todo en el casino de la zona, desconsolado se dirigió hasta esa zona para desaparecer y reaparecer como un ánima. Su nombre, futre, se lo debe a su atuendo, debido a que en Cuyo se llama así a toda persona elegante. La otra versión reza que era un peón del ferrocarril que fue decapitado por el amante de su esposa en la estación de Puente del Inca. Se dice que deambula por allí, con la cabeza en su mano y un hacha en la otra. En ambos casos, puede aparecer arriba de un caballo.

El Lobizón

Esta leyenda tiene orígenes greco-latinos, Cervantes la nombra en su obra Persiles y Segismunda y está instaurada en casi todo el globo. En Argentina es especialmente fuerte en Corrientes y Misiones. Existen diferentes versiones, pero la más popular es la del séptimo hijo varón -que además haciendo caso a otra tradición local debería ser ahijado del presidente de turno-, aunque en algunos lugares, como Formosa, se habla de la séptima hija mujer.

Lobisome, Lobisone, Lobisonte, Lubisón y Luisón, algunos de los nombres con que se conoce al licántropo de las pampas
Lobisome, Lobisone, Lobisonte, Lubisón y Luisón, algunos de los nombres con que se conoce al licántropo de las pampas

La persona suele transformarse los viernes o martes a la medianoche. Se alimenta de cerdos, gallinas y de la carroña de los cementerios, aunque de vez en cuando almuerza un niño no bautizado. En su forma humana suele ser una persona alta, escuálida, de piel amarillenta y con un olor nauseabundo.

Sirenas en ríos y lagunas

Dicen que en río Dulce, de Santiago del Estero, habita un ser mitad mujer, mitad pez, que suele acicalar su cabellera rubia con un peine de oro o un espinazo de pescado. Para algunos llama a la abundancia; para otros solo seduce jóvenes para llevárselos hasta al fondo del río. Lo chiriguanos temen a Mboiwuju, la hermosa mujer-serpiente que tampoco tiene piedad de aquellos que enamora en el agua.

Existen varios relatos de Sirenas en el país (iStock)
Existen varios relatos de Sirenas en el país (iStock)

Otros rincones donde se produjeron 'avistamientos' de sirenas son la ciénaga de Animaná -San Carlos- y la laguna de Brealito -Seclantas-, ambas en Salta. Los visitantes de la Laguna Brava, Catamarca, y del río Dulce, Córdoba, también pueden tener la suerte o la desgracia de cruzarse con ellas. En Bahía Blanca existen relatos que la describen como rubia y tez muy blanca. Los wichí describen a Wajatneol, mitad hombre y mitad pez, como el dueño de los peces.

Ogros y ogresas

Los mocovíes y los tobas poseen mitos sobre ogresas similares. Una mujer a la que se le despierta un hambre atroz y luego de comer animales sigue con su familia. Los pobladores le tienden una trampa y fallece. En el primer caso se la conoce como Nesogoy, en el segundo es Nsoe, que tras su muerte dio vida a la primera planta de tabaco justo donde fue enterrada. Los mocovíes hablan de Noweté, otra ogresa 'diabólica'. Los tobas, además, creen en Simialche, un ogro que un día tuvo un ataque de hambre y comenzó a arrancarse pedazos de pierna para alimentarse hasta que ésta le quedó puro hueso y lo afiló como arma, que utiliza contra las personas de improviso y para huir.

Los chorotes acusan a Tesexmataki de ser el responsable de devorar la parte de la Luna que no se ve durante el cuarto menguante, además de arrasar con aldeas enteras por su voracidad.

Chancha con cadenas

Chancha con cadenas, pintura de Inés de Iróstegui
Chancha con cadenas, pintura de Inés de Iróstegui

Si bien no es fácil realizar un paralelismo con otro ser, su simple nombre la valida como material para disfraz. Según los expertos habita en Quilino, una localidad cordobesa, y se aparece por las noches cerca de la estación de tren y corre entre los rieles realizando un sonido ensordecedor.

Gigantes

Existen diferentes seres que se los conoce por su altura desmedida. Uno de ellos es Kataló o Nkalga Ltá, un dios de origen toba que envía medicinas a las personas; Caá-Porá habita en las profundidades de la selva guaraní, a su figura peluda se la suele ver fumando su pipa hecha de un cráneo y tibia humanos y cualquiera que se cruce con él será devorado de pies a cabeza, excepto sus vísceras. Esas no les agradan.