Florin Opritescu, el rumano que se luce en las series españolas: “Me hice actor a los 30 años para ganarme el pan”

Hace de malo en “Bajocero”, de Netflix. Padre de dos adolescentes y novio de una brasileña, reniega de los papeles que suelen ofrecerles a los artistas de Europa del este. Un villano que es puro amor

Florin Opritescu
Florin Opritescu

Por Pablo David Silva

“Vi que la gente disfruta de un personaje negativo”. La frase pertenece al actor Florin Opritescu, uno de los malos en la serie que es furor en Netflix: Bajocero. El público argentino no deja de elogiarlo en sus redes sociales, pero la humildad de este rumano nacido hace 41 años se mantiene, pese a tener una carrera un tanto reciente con varios éxitos en su haber, como Mar de Plástico, otra serie en la cual interpretó a uno de los malos de Europa del Este.

En una charla exclusiva con Teleshow, Florin narra sus principios en el cine español, su lucha por triunfar, qué sabe de los argentinos, el lado sudamericano en su familia y la dura vida de ser extranjero cuando urge la necesidad de emigrar. Incluso, deja al respecto un breve pero sentido mensaje a los directores y productores de cine de España.

—¿Cómo estás viviendo este presente de popularidad, al menos en Argentina, como uno de los malos del cine español?

—Creo que en Argentina me conocieron al ver Mar de Plástico, y ahora me ven en la película Bajocero. Mar de Plástico la hemos rodado en 2016 y desde entonces casi todos los personajes que hago, en películas y series españolas, son antagonistas (mafiosos). Desde ese año vi que la gente disfruta de un personaje negativo mas que de uno positivo, que a veces les parecen muy planos o demasiado correctos. Los mensajes de felicitaciones, de parte de la maravillosa gente de vuestro país, no pararon desde que la serie llegó a Netflix en 2017. Y les agradezco a todos y cada uno de ellos por ello.

El tráiler de Bajocero, de Netflix

—¿Qué relación tenes con la fama? ¿Se disfruta o llega un momento en que pedís un poco de paz?

—Nunca me ha gustado considerarme famoso: esta palabra, este término no va conmigo. Soy solamente un tipo que ama lo que hace, y el resultado de su trabajo es el que todo el mundo puede ver y la mayoría de la gente lo disfruta. Tampoco tengo tantos seguidores en comparación con otros compañeros, pero los que tengo son muy fieles y casi todos han visto ya gran parte de mis proyectos. Me encanta cuando la gente se me acerca por la calle y me felicita por mi trabajo en una serie o una peli que han visto. La paz la tengo siempre que estoy con mi familia; cuando estoy fuera sé que soy un personaje público y que sacarme fotos con la gente es lo menos que puedo hacer, y lo disfruto.

—¿Cómo llegaste a la actuación? ¿Fue algo deseado o se fue dando quizás como otra búsqueda?

—Llegué por casualidad recién cuando cumplí 30 años. Me apunté a unas agencias de extras por el simple hecho de llevar el pan a casa; en aquel entonces ya tenía mis dos hijos. Desde el primer momento que vi las cámaras, los actores y todo lo demás, es cuando supe qué era a lo que realmente me quería dedicar. Así fueron mis principios. Y lo demás es historia.

—En Argentina, Bajocero es hoy una de las películas más elegidas para ver en Netflix. ¿Cómo ves este furor de las producciones españolas?

—Sí, he visto que es una de las pelis más vistas en Argentina y otros muchos países más. En España se hace muy buen cine y buena televisión, y era solo cuestión de tiempo para que la gente de otros países lo descubra, y esto se ha hecho posible gracias a plataformas como Netflix.

—Luchaste mucho por llegar a este presente en el cine, en el arte escénica. ¿Qué fue lo más extraño que hiciste para trabajar?

—Luché como cualquiera que quiere ver hecho realidad su sueño: con mis propias armas, a mi manera. Y parece que funcionó. Para poder trabajar como actor lo más duro fue al principio de mi carrera cuando he tenido que renunciar a mis otros oficios para tener disponibilidad absoluta para castings, formación y todo lo demás que tiene que ver con el mundo de la actuación. Básicamente me había lanzado a la piscina apostando todo por mi pasión. Pero nada de esto hubiera sido posible sin el apoyo incondicional de mi familia.

—¿Cuáles son los próximos proyectos? Si se pueden contar...

—Por ahora, como están las cosas con el coronavirus, no hay nada seguro. Antes de la pandemia tampoco lo había, pero ahora todo se mueve más lento y con pies de plomo. No te podría decir que hay algún trabajo seguro en mi futuro, pero cositas en el aire sí que hay... Yo soy partidario de hablar menos y hacer más.

Florin Opritescu
Florin Opritescu

—Te hablaba de la Argentina. ¿Qué conoces del país?

—Argentina es un país maravilloso con gente que ama la vida, un buen asado y un buen vino. Mi visita a este lindo país llegará en un momento u otro de mi vida, es algo que tengo pendiente. He estado ya muchas veces en Brasil porque mi mujer es brasileña y solemos ir con los niños de vacaciones para visitar la familia. Lo mas cerca que he estado de Argentina ha sido en una bonita ciudad brasileña de playa llamada Balneario Camboriú, y he sentido un poco el espíritu argentino por el gran número de turistas que visitaban la ciudad.

—¿Se puede hablar de un cambio generacional de actores en España, entre los que se te puede considerar incluido?

—Aunque haya una diferencia, a la hora de enfrentar el mundo laboral, yo considero que una generación siempre puede aprender de la otra, y que el trabajo en equipo es lo mejor que hay. Me tocó trabajar con actores y actrices mayores y siempre he aprendido mucho con ellos. Ahora bien, la generación de los mas jóvenes trae una frescura, una ambición, que también hay que tener en cuenta. La verdad que me siento incluido tanto en la generación de los veteranos, debido a mi experiencia de vida, mi trayectoria desde que llegue a España con 20 años, al hecho de tener hijos grandecitos: mi hijo tiene17 años y mi hija, 13. Con mis 41 años me considero un tipo bastante maduro. También me siento incluido en la generación de los más jóvenes porque soy un espíritu libre, y como actores nunca dejamos de jugar, de ser niños de una manera u otra. Y a la hora de trabajar soy incansable debido a la felicidad que siento al poder dedicarme a algo por lo que tanto luché y lo que tanto amo.

—Muchos son los extranjeros que llegan a España cada año. Con tu experiencia, ¿se puede decir que fue fácil alcanzar el sueño personal?

—Por ahora puedo decir que llegué hasta el punto de poder vivir dedicándome a lo que me hace feliz, pero todavía estoy a la mitad de mi camino: espero llegar mucho mas lejos. A ver... La vida de un extranjero no es fácil. Pero si uno tiene las cosas claras se integra en la sociedad de ese país, en este caso España, tiene algo por lo que luchar, respeta y hace la convivencia fácil con las otras personas. Solamente le queda una cosa importante a tener en cuenta: cuál es su pasión. Si descubrió su pasión, como yo lo hice a los 30 años, lo único que tiene que hacer es ir a por todas y nunca desistir sus sueños. Un día u otro lo conseguirá, no importa si el proceso es más largo o corto, cada uno tiene trazado su propio camino. Y si encima reparte respeto y amor, a las personas de su alrededor, recibirá lo mismo. Pero hablando de mi sueño y del amor que tengo por mi oficio no puedo pedir nada más. A la industria española de cine y televisión, que empiecen a reflejar cada vez más la realidad de la sociedad. Sé que se me da bien hacer de tipo duro, tipo malo. Pero también podría hacer otros perfiles: parece que por el simple hecho de haber nacido en Europa de Este no me dan la oportunidad de defender esos tipos de personajes.

Florin Opritescu
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