
Los setentas fueron de experimentación: drogas, música, sexo. Todo lo conocido hasta ese momento tomaba otra forma y se convertía en algo nuevo. Chris Bell se comió esos años de un bocado, mientras creaba sonidos que servirían de guía para varias generaciones de artistas que iban a encontrar en sus discos la respuesta a casi todo. Pero su paso por este mundo fue rápido, su entusiasmo, su decepción, su búsqueda, su ocaso y su muerte. Chris Bell falleció el 27 de diciembre de 1978 después de una vida corta y acelerada.
Aunque seguramente los más eruditos dirán que Bell es uno de esos genios olvidados de la música en inglés, para la gran mayoría de los mortales sigue pasando desapercibido. Fue unos de los miembros fundadores de Big Star, la banda que lideró con Alex Chilton, y grabó un solo disco completo como solista. Bell nació en Memphis, Estados Unidos, pero nunca se identificó con el sonido sureño, siempre estuvo más cerca del pop y geográficamente, su cabeza estaba cerca del Reino Unido.
A Chris Bell no le faltó nada, sus padres estaban en una buena posición económica y cuando quiso aprender música, enseguida comenzó a tomar clases de guitarra. Era un adolescente de no más de catorce años cuando conoció en la Memphis University School a quien iba a ser bajista de Box Tops, Bill Cunningham. Allí formaron The Jynx, un proyecto de rock and roll con influencias de The Who y The Kinks con el que solían tocar en fiestas de chicos con plata en la zona de Memphis. Así se hicieron conocidos y empezaron a formar parte de un circuito de gente interesante.
En el libro “There Was A Light: The Cosmic History of Chris Bell and the Rise of Big Star, de Rich Tupica”, David Bell, hermano de Chris, describe esa etapa de los Jynx: “Llevaban chaquetas a juego para parecerse a The Beatles o The Kinks. Hacían algunas fiestas en el garaje y espectáculos por el estilo. Estuve en muchos de sus shows porque yo tenía licencia de conducir y llevaba a Chris y su grupo de fiesta en fiesta, y también a los ensayos”. Con este grupo, Chris -que era tan joven que no tenía permiso ni para conducir un auto- todavía seguía buceando en el rock, su costado pop estaba por florecer.
La habitación de Chris en su casa materna estaba repleta de guitarras y amplificadores, ya era todo un profesional. Lejos estaba de ser la realidad de quien iba a ser su socio en Big Star, Alex Chilton: “Estos no eran niños pobres y enojados. Eran la clase privilegiada máxima de Memphis. No tenían nada contra lo que rebelarse. Si lo hubieran hecho, habrían sido eliminados del testamento de sus padres. Así es como estos niños se mantuvieron bajo control. Yo era un poco forastero, pero no fue un gran problema. Seguramente, toda esta gente tenía un montón de dinero y yo no era uno de los ricos”.
En el libro de Tupica, Cindy Bell Coleman, hermana de Chris, cuenta que festejaron los 16 de Sara, otra de sus hermanas, con un show de Jynx en el patio trasero de su casa. Allí había una arboleda que describe como “el jardín salvaje”, un espacio verde que había plantado la madre de todos ellos cerca de una casa trasera que luego se iba a convertir en el estudio del músico. Ese iba a ser su espacio creativo durante años donde además de crear música, iba a empezar a probar alcohol y marihuana.
Con las paredes acolchadas, cocina y baño, esa casa trasera fue el refugio de Chris Bell cuando todavía era feliz haciendo música y teniendo a su familia cerca. Estaba en la escuela cuando se unió a sus compañeros Jody Stephens y Andy Hummel, y al vecino Alex Chilton y formaron una banda. El nombre Big Star no les tomó mucho trabajo, solamente surgió del cartel de un supermercado que estaban viendo cuando buscaban inspiración. En la música sí se esforzaron, eran perfeccionistas y fanáticos de lo que hacían. Así grabaron tres discos: #1, Radio City y Third, al final. Las críticas fueron buenísimas, pero las ventas no. El material estuvo mal distribuido y tuvo publicidad, situación que deprimió a Chris Bell, que pasó por una clínica psiquiátrica y luego emprendió un viaje por Europa junto a su hermano, en busca de respuestas.
Al Viejo Continente, Bell se llevó el demo de su disco solista I Am The Cosmos, pero no pareció interesarle demasiado a nadie, ni siquiera a EMI, la discográfica que había sacado los primeros dos álbumes de Big Star en Inglaterra. Chris se estaba haciendo adicto a las drogas y luchaba contra sus deseos sexuales, una novia lo había dejado y se sentía atraído por el sexo masculino. “Nunca hablamos sobre la sexualidad de Chris o contra lo que estaba peleando, pero siento que en su mayor parte solo se peleaba consigo mismo. Ojalá pudiera haberlo sacudido y decirle que todo iba a estar bien”, se lamentó el baterista Jody Stephens en una entrevista con Noisey UK hace unos años.
Antes de que salga Third a la venta, Chris Bell se fue del grupo. Su adicción a los sedantes se había convertido en un problema y nadie sabía ya de qué manera ayudarlo. La banda quedó en manos de Chilton, que tampoco estaba en su mejor momento. “Yo también estaba tomando muchas drogas. Creo que la influencia de Chris fue mala en eso. Chris siempre estaba tomando Valium”, le dijo el guitarrista y cantante a Melody Maker en 1985. Volvieron a estar juntos y el 27 de diciembre de 1978 fue justamente a la vuelta de un ensayo que Chris encontró la muerte. El músico de 27 años iba manejando cuando chocó contra un palo de luz al costado del camino. Había pasado la medianoche y en pocas horas iba a ser el cumpleaños de Alex. Al otro día, en vez de festejar un año más, Chilton (que finalmente murió en 2010) despedía a su amigo en un funeral del que no hay muchos registros.
El single de “I am the Cosmos” se publicó en 1978 justo antes de que Bell muriera, ese mismo corte fue el puntapié para que en 1992 el sello Rykodisc juntase material inédito del artista para lanzarlo como un compilado. Los años pasaron y la música de Bell siguió sonando. En septiembre de 2009, Rhino sacó un álbum doble. Esa edición que describieron como “de lujo” incluye un disco compacto con aquel disco completo del 92 y un segundo CD con grabaciones de Icewater, la primera banda de Bell, además de colaboraciones con Nancy Bryan (“In My Darkest Hour”) y Keith Sykes (“Stay With Me”).
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