Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina, 30 años de una hermosa amistad


El dúo de maestros volvió al país. Y en época de grietas, ellos no generan contradicción. Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina son adorados y aclamados por el público argentino, que los siente propios, tras acompañar el recorrido de la vida con algunas de sus canciones.

Las dos leyendas de la música charlaron a solas con Teleshow. Y entre los guiños cómplices de casi tres décadas de amistad confesaron una gran noticia: tras 20 años en pareja el andaluz sorprendió a su mujer, Jimena Coronado, con una propuesta de casamiento. Arrodillado y con alianza incluida, se declaró. El poeta de las pequeñas cosas también llega con grandes noticias familiares, aunque por ahora tiene prohibido contarlas. ¿Se agrandará la familia?

Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina a solas con Teleshow
Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina a solas con Teleshow

A siete años de su último espectáculo juntos en Buenos Aires, Serrat y Sabina se reencontrarán mañana en el flamante Movistar Arena para presentar muchos de los temas que marcaron a varias generaciones. “Antes de salir, siempre creo que el público tiene demasiadas expectativas y que yo no voy a ser capaz de cumplirlas”, confiesa Sabina, afirmando que su momento favorito en los shows es al decir adiós, cuando ya todo salió bien, porque es mucho más “neurótico y nervioso” que su compañero. Por su parte, el creador de “Mediterráneo” y “Qué va a ser de ti” no elige ni el principio ni el final: “El placer está en el medio del concierto. Sale allí algo que pasa cada día, que es diferente”, dice.

Sabina: —Yo creo que el suyo preferido es cuando lo dejo solo en el escenario y me voy (risas).

—Ya son un poco nuestros: el público argentino los ama.

Sabina: —No un poco, somos bastante nuestros (risas).

Serrat: —Antes, suestros (risas).

Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina vuelven juntos a la Argentina luego de 7 años


—¿Cómo se han preparado para este nuevo show?

Serrat: —Llevamos meses preparándonos para este concierto.

Sabina: —Yo, a las 5 de la mañana estoy corriendo; ¿cuántos kilómetros pueden ser cada mañana?

Serrat: —Este concierto para nosotros es muy especial por varias razones. La primera, es un espacio nuevo. Va a ser un espacio que va a ser histórico en la ciudad y es muy hermoso estar inaugurándolo. Después, es un concierto que también hemos tenido que trabajar mucho y darle muchas vueltas, muchas canciones, organizar de nuevo todo él. Y hay una tercera razón: Joaquín se me está haciendo muy mayor y no sé bien lo que podría dar de sí. Y hoy anuncio que de cualquier manera yo no lo pienso abandonar. Eso no lo pienso, de ninguna manera (risas).

Sebina: —Está muy preocupado porque se me olviden las letras, su nombre, cosas así.

Serrat: —Basilio me llamaba el otro día (Risas). Yo le decía: “Que no soy negro”. Basilio.

—Llevan entre 25 y 30 años de amistad, me contaban. Es una vida.

Sabina: —Sí, por ahí. Pero ten en cuenta que no era para nada una cosa de igual a igual. Es decir, yo tenía un póster de este en mi cuarto y el póster ahora canta a mi lado. Ha sido muy impresionante para mí.

—Han hecho un gran recorrido juntos y se conocen muchísimo. Ya que se conocen tanto le quiero preguntar, por ejemplo a Joan Manuel: si lo quiero hacer enojar a Joaquín, ¿qué debería hacer?

Sabina: —Es difícil.

Serrat: —Tener paciencia. En algún momento quizás encuentre alguna rendija por donde poder entrar, ¿no? Podría dar algunas indicaciones, pero no le haría ningún bien. Seguramente superaría estas indicaciones y él no encontraría el camino para enfadarse.

—Y si ya está enfadado Joan Manuel conmigo y necesito que me perdone, ¿cómo hago Joaquín?

Sabina: —Llamarme a mí para mediar (risas). No, contigo no se va a enfadar nunca: a las chicas guapas siempre les ha perdonado.

—Hablando de amistad y de mujeres guapas como son sus parejas, si se enteran que el otro va a cenar con su mujer, ¿están tranquilos o desconfían?

Serrat: —No, estoy seguro que mi mujer va a tratar de que él coma algo.

Sabina: —Si no está su mujer, yo voy a estar preocupado (risas).

—Una de tus letras Joaquín, dice: “Por decir lo que pienso sin pensar lo que digo más de un beso me dieron y más de un bofetón”. ¿Recuerdan el cachetazo más impactante que hayan recibido?

Sabina: —Todos los cachetazos han sido malos porque las mujeres de mi vida, desde luego, no eran de dar cachetazos. Los cachetazos me los daban los muy cristianos padres salesianos que me educaron a base de cachetazos.

—Joan Manuel, ¿ha recibido alguna cachetada?

Serrat: —Sí, pero porque he sido lento, no he salido a tiempo.

Sabina: —No ha sacado los puños (risas).

Serrat: —No, normalmente tengo una velocidad de giro muy alta y puedo salir a 34 km/h sin dar posibilidad al otro. O sea, entiéndeme: soy un perfecto escapista, por eso les cuesta mucho pegarme. Voy a contaros una cosa: mi madre conseguía pegarme porque lo hacía a traición, mientras ella cosía en la máquina, ¿no? Pijamas, camisas, todas estas cosas. Me llamaba, fingía la voz: “Juanito”. Y entonces yo me acercaba estúpidamente y cuando estaba a una distancia…

Sabina: —¿Zapatilla o con la mano?

Serrat: —Con la mano. ¿Zapatilla? Era una dama. Se giraba rápidamente y ahí me pillaba. Normalmente cuando venía precedido de un grito yo ya estaba lejos.

Sabina y Serrat reflexionan sobre el resultado electoral en la Argentina y la crisis en Chile


—En alguna charla que hemos tenido Joan Manuel, dijiste que la tristeza generaba mayor crecimiento que la felicidad, y que la felicidad son momentos a cuentagotas. ¿Cuál es el último momento en el que sintieron una alegría importante?

Serrat: —No te lo puedo contar....

—¿Por qué?

Serrat: —Porque hay una promesa de secreto familiar.

—¿Alguna alegría de esas que nos dan los hijos?

Serrat: —Una alegría muy grande.

Sabina: —¡¿Qué le habría costado decir: “Cuando Sabina me dijo que sí a esta gira”?!

—Absolutamente. Encima menciona una que no puede contar, no le costaba nada realmente.

Sabina: —Claro.

Serrat: —No, tú me dijiste si había sentido una y yo te contesto que sí. Fue hace poco, dos días hace.

—Es una hermosa noticia; felicitaciones por eso.

Serrat: —Muchas gracias. De Joaquín, sí, lo voy a contar también, fue hace pocos días. Cuando le pidió a casarse a Jimena. Se arrodilló y le regaló un anillo, como hacen…

Sabina: —Eso no lo debías contar.

Serrat: —¡Ah!, fue tan hermoso.

—¿Me lo dicen en serio?

Sabina: —Sí, sí. Yo tengo 70 años, el día que la Jime cumplió 50 doblé la cerviz y en verso…

Serrat: —Llegó a arrodillarse.

Sabina: —Y en verso... bueno, él sabe.

Serrat: —Yo el verso no me lo aprendí porque estaba llorando y no pude.

Sabina: —Él ve un pedrúsco y sabe inmediatamente lo que me había costado (risas).

Cómplices y amigos: Joaquín Sabina y Joan Manuel Serrat, una dupla exquisita
Cómplices y amigos: Joaquín Sabina y Joan Manuel Serrat, una dupla exquisita


—Sabemos que Joaquín no usa celular, no usa computadora, ¿cómo te comunicás cuando querés llamarlo?

Serrat: —Llamo a su mujer.

Sabina: —¡Claro! (risas).

—La llamás a Jimena y le pides: “Ponme a Joaquín”.

Serrat: —La llamo con una gran ternura, porque Jimena se asustaría. Es muy dulce.

Sabina: —Oye, pero es que antes de existir los celulares e Internet ya vivíamos vidas estupendas y nos relacionábamos con la gente, escribíamos cartas que eran una cosa preciosa, ¿no?

Joaquín Sabina y Joan Manuel Serrat, en Buenos Aires (Fotos y videos: Lihue Althabe)
Joaquín Sabina y Joan Manuel Serrat, en Buenos Aires (Fotos y videos: Lihue Althabe)


—Ustedes iban a iniciar la gira en Chile, finalmente la inician acá por todo lo que está viviendo nuestro país vecino. ¿Qué les generó ese cambio?

Sabina: —A mí, primero estupefacción porque durante tanto tiempo han vendido tan bien Chile como la sociedad casi perfecta neoliberal, que no había corrupción, que todo iba bien, que no había graves movimientos sociales... Mucha estupefacción; lo primero. Luego ya empecé a leer periódicos, a enterarme de lo que pasaba. Pero como el Nano ha comentado antes, está siendo un movimiento en casi toda América Latina. Ha sucedido en El Salvador, bueno, está sucediendo en Hong Kong, que no es ni América ni Latina, pero está sucediendo.

Serrat: —En el mundo.

Sabina: —Sí, sí.

—El fin de semana pasado tuvimos elecciones en la Argentina, ¿cómo ven este cambio que se viene?

Serrat: —Creo que tenemos que referirnos a aquella canción que cantaba Doris Day: “Qué será, será. Whatever will be, will be...”. Hay que esperar que ocurra. Si uno tuviera que juzgar por estos cuatro días pensaría que está en Versalles, hay un trabajo que hacía mucho tiempo que no recordaba. No quiero decir que sea bueno ni malo, sino que yo no recordaba: “Pase usted”; “No, siéntese”; “Tome asiento”.

—Pareciera que tenemos una transición ordenada.

Serrat: —Bueno, ya veremos cómo acaba.

Sabina: —Otras veces no fue así, fue muy duro: bien salía en helicóptero o bien el que llegaba no iba a su despedida o el viejo no iba… Bueno, esta vez parece que han entendido que la sociedad quiere mejores modales y no la grieta.

—El presidente electo, Alberto Fernández, es muy de hacer guitarreadas. Si los invita en algún momento a un asado, rico, con la guitarra, ¿lo visitan?

Serrat: —Esto es una posibilidad que si se diera, la valoraríamos con mucho cariño.

Agenda: Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina vuelven a presentarse juntos en Buenos Aires con su gira “No hay dos sin tres” los próximos 2, 3, 7 y 8 de noviembre en el Movistar Arena, y se despedirán de la Argentina el 13 de noviembre en el Orfeo Superdomo de Córdoba