Natalia Oreiro premiada en el Festival de Cine de Málaga
La actriz Natalia Oreiro en diálogo con Teleshow desde España, reflejó su contexto profesional actual, la alegría con que recibió su premio y cada uno de los emotivos momentos de la cedremonia. La solidez de su trayectoria en música, televisión y cinematografía le ha permitido acumular un portafolio de proyectos de alto rendimiento en distintos aspectos.
En la conversación con Teleshow, Oreiro reveló una agenda orientada al contacto directo con admiradoras provenientes de diversos países: “Apenas termine la charla me encuentro con un grupo de fanáticas de todo el mundo”, relató feliz la artista.

La entrega de la Biznaga de Honor a Natalia Oreiro en el 29.º Festival de Málaga consagró a la actriz uruguaya como referente del audiovisual latinoamericano. El Teatro Cervantes acogió una gala emotiva en la que se celebró el reconocimiento a una trayectoria artística singular.
La actriz recibió la distinción como un homenaje a su capacidad para conectar distintas generaciones y por el lazo personal que la une a Málaga y su historia familiar.
La gala fue presentada por Elisa Zulueta, actriz y dramaturga chilena, quien definió a Oreiro como “una intérprete fundamental en el cine y la televisión de América Latina, capaz de brillar durante décadas en todo tipo de papeles, géneros y formatos”

“Lo que quería no era ser actriz, lo que quería era que me quieran”, confesó Natalia Oreiro en Málaga tras recibir el premio y repasar su recorrido desde la infancia migrante hasta el reconocimiento internacional. La emoción la atravesó en una noche marcada por la sorpresa y la memoria, en el emblemático Teatro Cervantes de la ciudad española.
La emoción y el sentido del reconocimiento en Málaga
—Se te escucha aún muy emocionada por recibir la Biznaga de Honor en Málaga, y mencionaste que querían que te quieran?
—Eso me surgió en el momento. Ni lo pensé, me pasó genuinamente. Antes de que yo subiera a recibirla, hicieron como una retrospectiva de mis trabajos y tres directores que trabajaron conmigo los invitaron para subir. Y eso era una sorpresa, yo no sabía eso nada. Fue María Laura Berch, Benjamín Ávila y Lorena Muñoz, enormes amigos, del mundo del cine y de la vida. Eso fue una sorpresa total. Lo que dijeron, me trascendió el alma, porque no es que hablaban de mí como intérprete, hablaban de mí como persona.
—¿Qué te hizo pensar ese momento?
—Cuando subí, la reflexión que tuve fue darme cuenta que yo no sé si, lo que quería era ser actriz, lo que quería es que me quieran. Y lo que quise decir es que evidentemente es algo que queremos todos, por supuesto.

—Mencionaste tu infancia en el discurso de agradecimiento.
—Porque yo viví en Málaga. Los del festival no sabían nada de eso, no es que me lo entregaron porque yo había vivido acá. No es algo que sea conocido ni que tampoco yo lo haya contado mucho. Pero sí mis padres… yo también lo que conté, en parte de lo que dije, es que de la misma manera que mis abuelos gallegos a principios del siglo emigraron de España a Uruguay y luego nosotros, ochenta años después, emigramos de Uruguay a España.
—¿Cómo fue tu regreso a Málaga después de tantos años?
—Cuando yo llego a Málaga, lo primero que hago es irme al barrio de mi infancia. Yo tenía seis años, hice la primaria acá. Había regresado un solo día en el año 2000 como cantante a un festival de música muy grande que se hace en la playa y me acuerdo que me reuní con mi madrina, que a la que veía siempre porque viajaba mucho a Uruguay. Mis padrinos vivían acá, fallecieron el año pasado. Fue un flash porque volví, siendo un poco más que adolescente, tenía veinte años, y a cantar. Había ochenta mil personas en el festival, pero yo estaba de gira. Entonces vine, estuve con ella y no pude salir a recorrer tanto.

—¿Qué sentiste al recorrer tu antiguo barrio?
—Pedí llegar un día antes de la ceremonia. Supongo que tiene que ver también con la edad, que uno intenta, en este mundo tan acelerado en el que vivimos, frenar un poquito y mirarse para adentro y reencontrarse con ello, y eso a mí me está pasando mucho. Creo que son una mezcla de situaciones. Obviamente, tiene que ver con una madurez natural y biológica. Por el otro lado, siento un vértigo muy grande en estos últimos tiempos del mundo en general y en lo personal mucho, y además muchas películas muy dramáticas.
—¿Te sentiste reflejada en las niñas que viste allí?
—Superreflejada. Ese barrio es una zona de inmigrantes y me impactó porque, aunque yo tenía abuelos españoles, pasé mucho tiempo y nunca dejé de sentirme una inmigrante cuando vivía en Málaga. El sentido de pertenencia me pasa todo el tiempo.

—¿Cuánto tiempo viviste en Málaga y por qué migraron?
—Dos años, porque mis padres vinieron en 1984, hasta 1986. En Uruguay, además de la vuelta de la democracia, hubo algo que se llamó el efecto tablita, que fue un problema económico muy grande que sucedió también en Argentina, y que repercutió en el Uruguay. Mi papá se quedó sin trabajo. Había colas y colas de uruguayos sacando pasaporte extranjero y yéndose.
—¿Cómo afecta a tu vida interpretar personajes tan intensos?
—Empecé a sentir como este desdoblamiento profesional de vaciarme de mi propia historia para entregarle como mi herramienta, mi cuerpo, a la historia de otros. Me vienen tocando personajes muy duros, castigados, que me dejan movilizada y como corrida de quién soy yo.
—¿Por qué necesitás hacer comedia cada tanto?
—Yo necesito hacer comedia cada año. Yo me doy cuenta de que soy muy melancólica. No soy una persona dramática. Soy una persona optimista, pero muy melancólica. Eso es muy rioplatense, eso de tener un río marrón, el tango, Jorge Drexler. Pero yo necesito hacer comedia. No solo es que me gusta lo que se genera, el clima que se genera, la empatía que genera con el público, es lo que me pasa a mí. Yo vuelvo cambiada. Con la serie Yosi, Evita, La noche sin mí, La mujer de la fila, son todos unos dramones que claro, yo volvía a mi casa muy cargada. Hablo mucho con la gente que estoy interpretando, las personas que están involucradas. Me cuesta mucho tomar distancia.
Natalia Oreiro en conferencia de prensa después de proyectar "La mujer de la fila", en la cárcel de Málaga
—¿Cómo fue la presentación de La mujer de la fila en una cárcel de Málaga?
—La devolución fue muy emotiva. Estaban muy conmovidos, porque lo que pasa con la película, es que la película habla de las familias que están fuera. Y que de alguna manera, socialmente están también siendo culpabilizadas, como si hubieran cometido el delito. Además todo lo que tienen que pasar estas familias, en su gran mayoría mujeres, por eso se llama La mujer de la fila. Los presos, no saben ese derrotero que hacen ellos, para poder visitarlos, y que muchas veces no se lo cuentan.
El homenaje de colegas y figuras del cine latinoamericano

A lo largo del evento, colegas y profesionales vinculados a la carrera de Oreiro se sumaron al homenaje. La directora Lorena Muñoz realizó un emotivo repaso de los personajes encarnados por la actriz: “Nati, con tu interpretación muchas vidas fueron posibles. Nos invitaste a tu primera boda, fuiste madre, estuviste reloca, casi muerta y asfixiada. Te fuiste de campamento, pasaste la noche sin vos y fuiste la primera mujer de la fila. Te quiero”.
También participaron la directora de casting María Laura Berch y el cineasta Benjamín Ávila. Berch destacó “el inmenso amor por su profesión, la sensibilidad y la honestidad con la que trabaja. Siempre eleva la vara con una mirada minuciosa y con un respeto absoluto hacia todos los que estamos detrás de cámara”. Ávila, por su parte, recordó: “La primera vez que nos sentamos a hablar fue en su casa. La vi leyendo el guion con una mirada muy profunda, no solo sobre el personaje, también sobre la historia. Me di cuenta de que estaba frente a una persona especial. Tenés la virtud de llevarnos siempre a estar mejor”.

La actriz aseguró que el reconocimiento posee un valor muy personal, asociado tanto a su recorrido profesional como a su niñez. Dedicó el premio a la niña que fue y a quienes inician nuevas etapas lejos de su lugar de origen.
—¿Qué proyectos tenés para este año?
—Tengo el estreno de varias películas, primero La casaca de Dios con Jorge Marrale, dirigida por Fernán Mirás. En mayo estreno una muy buena de Juan Taratuto, una comedia romántica con Gael García Bernal como compañero. Después estrenamos otra con Gael, una película de él, como director y como actor, que filmamos en México el año pasado. Después estreno en agosto la película Yo, Narciso, de Adrián como director y como actor. Tengo una seguidilla de estrenos de películas este año interesante, de distintos géneros, por suerte.

—¿Y qué se viene a futuro?
—Empiezo a filmar ahora una peli para Amazon dirigida por Martín Sastre. Basada en la novela Orgullo y prejuicio de Jane Austen, pero es una adaptación muy actual de Sastre, Y después voy a filmar una película de terror, que es la primera vez que voy a hacer. Estoy probando nuevos géneros. Me animé con un guion superbueno de un director argentino-mexicano. Después filmo una serie con coproducción con España, que se llama Punta blanca. Es un policial que se graba en Punta del Este. A fin de año vuelvo a filmar una peli para Netflix con Martín Hosadeli, otra comedia. Un poquito de todo.
Vida personal, familia y vínculos públicos

—¿Cómo está tu familia actualmente?
—Muy bien, mi hijo, ya tiene catorce años, no lo puedo creer.
—Se percibe mucha calidez en tu casa, a través de las fotos en tu cocina, que publicás en tu Instagram...
—Soy fanática de la repostería, de las plantas y los dulces. Tengo muchos frutales. A mí me cuesta mucho compartir, siento que uno pone algo y abre algo para que los demás… Pero bueno, cada tanto trato de compartir algo más personal.
—¿Cómo vivís tu relación con las redes sociales?
—Me costó. Fui de las últimas en tener Instagram y siempre me costó bastante eso. De hecho, mi casa anterior se conoció cuando estaba vendida por otro. La pasó un dueño con sus nuevos muebles. Yo decía: “Pero mi casa no era así”.

—Vi en tu instagram el comentario amoroso que te puso Nancy Dupláa por este premio...
—Fue una de las primeras que escribió. A mí me encanta Nancy como actriz. Yo dije incansables veces que eso no, que yo nunca viví eso, el episodio de supuestos abucheos en el Martín Fierro. Pero bueno, se instalan mitos. Me cae superbién. Eso lo tengo como muy puesto en un buen lugar. Cuando decís qué bueno que las personas encuentren su camino en la vida y el amor me parece lo mejor.
—¿Cómo enfrentás los momentos difíciles a nivel personal y social?
—Estamos viviendo momentos muy duros a nivel mundial. Muy duros. Tratarse con delicadeza es fundamental. Es mirar a los ojos y decir buen día y gracias y sonreír. Esos son gestos pequeños que cambian realmente la percepción del otro y de tu entorno. Detenerse a respirar y mirar al otro es fundamental, porque si no la energía no fluye, se traba ahí.
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