Fueron casi 10 años durante los que la imagen de Patricia Viggiano entraba en la mayoría de los televisores del país, parte principal de los ciclos más destacados del momento. Pero ella se mantenía pese a todo con los pies en la tierra, segura de que no todo lo que brilla es oro y nada es para siempre.
Actriz principal de una trilogía que incluyó a Grande, pa! (1991-1992), Mi cuñado (1993-1996) y Verano del 98 (1998-1999), en las últimas horas abrió su corazón en una reflexión profunda donde expuso con honestidad su visión compleja sobre el éxito y las lógicas que durante décadas condicionaron su vida y la de muchas mujeres en el ambiente artístico.
Durante una charla en el podcast que realiza con su hija Olivia, Compartiendo data, la intérprete contó cómo vivió los momentos en que la consideraban el talismán de la televisión: programas con mucho rating surgían uno detrás de otro y desde la prensa la etiquetaban como la “chica exitosa”. Ella recordaba en detalle cómo esa palabra la incomodaba y por qué nunca terminó de identificarse con esa etiqueta: “Siempre esa palabra ‘éxito’ me resultaba tan mentirosa, tan horrible... porque, ¿qué es el éxito?”. Sin rodeos, relató el vacío que sintió pese a las luces y los aplausos.

En ese diálogo cálido, su hija aportó: “No hay una manera de tener éxito. Está instalado que si tenés todo lo que alguna vez nombraste, igual puede aparecer un vacío enorme. Cuando llegás ahí, todo sigue igual”. Así, desde la cercanía entre madre e hija, se animaron a cuestionar no solo la presión social, sino también los estereotipos que muchas veces distorsionan el valor real de una persona. Patricia cerró su pensamiento con una pregunta que golpea: “¿Qué se supone, que si no soy exitosa, no soy? ¿Si no llego a eso, no existo? Yo no soy eso”.
Estas definiciones surgieron en un contexto íntimo y honesto, el mismo que nutre cada episodio de su proyecto compartido. De la mano de invitados que se animan al ida y vuelta sin estridencias, las Viggiano persiguen un objetivo central: derribar mandatos y creencias limitantes, para reemplazarlas por nuevas ideas.
La historia personal de Patricia en los medios también dejó marcas difíciles de borrar. Hace tiempo, la actriz –con más de treinta años de carrera– reconoció: “No me atrae estar en los medios, que se hable de mí. Soy una persona con un perfil muy bajo”. Y recordó aquella vez en que la exposición mediática la lastimó. “Una revista muy conocida me pidió que mi marido estuviera en una nota. Desde mi inocencia, acepté… Cuando el periodista llegó, mi marido no estaba. Me preguntó por qué me había ido de Grande pá! y le conté que era por mi embarazo. Pero el periodista publicó: ‘Con esto la actriz trata de echar un manto de olvido sobre su relación con Arturo Puig, razón por la cual se fue del programa’. Yo estaba embarazada de tres meses”. Patricia revivió la indignación de sentirse usada y malinterpretada en un momento tan especial de su vida personal.

No fue el único golpe. Viggiano revivió otra situación dolorosa, donde rumores infundados afectaron su círculo más íntimo: “En un momento tuve una separación y crearon un rumor de romance con Juancito Ponce de León. Me persiguieron meses para una nota. Como no hablé, inventaron una relación inexistente. Tenía hijas chiquitas y ellas venían del colegio llorando, entonces tenía que sentarme a explicarles”.
A lo largo de su camino artístico, también aparecieron las contradicciones de un oficio que la apasiona pero al mismo tiempo le impone obstáculos inesperados. Evocó la época de Mi cuñado, aquel clásico de Telefe en el que compartió elenco con Luis Brandoni y Ricardo Darín: “Fue un programa que me encantaba… Mis compañeros eran maravillosos. Pero mi personaje daba para un año, no para cinco. Era madre y ama de casa en un momento donde la mujer ya era sostén de hogar”. En plena popularidad, eligió el riesgo de buscar nuevos desafíos: tenía apenas 30 años y un deseo genuino de no quedar anclada en un solo papel.

En otro pasaje sincero, la actriz puso el foco sobre cómo la industria castiga a las mujeres con el paso de los años: “Las actrices caducan antes que los actores. Pasamos a ser ‘la madre de...’. Jamás tuve problema en aceptar trabajos que otras actrices no querían, pero la verdad es que faltan personajes de mujeres de otras edades. En Occidente, la vejez es vista como algo negativo, mientras que en Oriente es sinónimo de sabiduría. Me impresiona cómo nosotros mismos creamos estas trampas y nos limitamos”.
Entre confesiones, recuerdos y fuertes críticas a los mandatos sociales y mediáticos, Patricia Viggiano se animó a desnaturalizar prejuicios, hablar de sus heridas y levantar la voz por una generación de mujeres que exige más espacio y menos etiquetas. Una voz genuina y apasionada que pide repensar el éxito y la valía personal, más allá del brillo fugaz de la fama.
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