“Orgullo y dolor. Esas fueron las dos primeras sensaciones que tuve al pisar las islas”, confiesa en una charla íntima con Teleshow Hernán Drago, modelo y figura televisiva argentina, a pocas horas de haber regresado de su viaje a las Islas Malvinas. Emocionado, pausado, y conmovido todavía por todo lo vivido, Drago compartió una experiencia profundamente simbólica.
Desde el primer momento en que puso un pie en las islas, supo que no se trataba de un viaje cualquiera. “Después uno podría describirlo y ampliar bastante, pero las primeras dos sensaciones fueron eso: orgullo y dolor”, repite, casi como un mantra que sintetiza la intensidad de su vivencia.
No fue un viaje improvisado. En realidad, fue algo que venía gestándose desde hacía años. “Este es el momento que yo pude concretar la visita de un viaje que hace muchos años ya sabía que iba a hacer, porque hay algo dentro que me llevaba, que quería que yo esté ahí”, explica. El deseo no era reciente. Había algo más profundo que lo empujaba: “Yo amo mi país. Lo amo. He viajado mucho por trabajo al exterior y también por todo el interior de la Argentina. Y era un lugar que quería conocer”.

La decisión tomó forma concreta en octubre del año anterior, cuando junto a dos amigos —los mismos con quienes cruzó los Andes a caballo en 2024— comenzaron a planear y financiar el viaje. “Fue una motivación mía. Había algo también que me llevaba. Yo ya les había dicho que seguramente al año siguiente iba a ir a las Islas Malvinas, y ellos también se emocionaron. Y lo pudimos concretar”.
A diferencia de otras cosas que uno suele postergar en la vida, este viaje fue una prioridad. “Por la vorágine en la que uno vive, muchas veces se patean en el tiempo las materias pendientes. Pero con las islas no. No lo quería hacer. He postergado otras cosas, pero le di prioridad a mi visita a las islas”.
Ya en suelo malvinense, el modelo se encontró con una realidad compleja, que exigía respeto y discreción. Antes de viajar, se había informado sobre las recomendaciones básicas para evitar cualquier tipo de conflicto. “Todo el mundo recomienda ir con un perfil bajo y de respeto. Ellos garantizan que si uno va así, va a evitar cualquier tipo de inconveniente”.
Las advertencias eran claras: no banderas, no camisetas argentinas a la vista. “Para mí no era una opción no llevarla, pero la llevé bien guardada en el bolso. El único lugar permitido y habilitado para desplegarla era en el Cementerio Argentino. Por supuesto hice eso”.

La estancia en las islas fue tranquila, en parte gracias al comportamiento cuidadoso de los argentinos que compartieron con él la estadía. “Junto con todos los compatriotas argentinos con los que me tocó compartir, nos comportamos así. Y sentimos un trato respetuoso, porque uno también así lo propone”. Conversando con residentes —entre ellos muchos chilenos— supieron de episodios previos de tensión, pero él no presenció ninguno. “Mientras uno lleve un perfil respetuoso y bajo, públicamente al menos, no hay problema”.
Uno de los momentos más representativos para Drago fue la visita al Cementerio de Darwin, un lugar que lo conmovió hasta las lágrimas. “Estuve casi dos horas. Me agarró la noche ahí. Sentía que no me podía ir. Me emocionó mucho. He llorado mucho, mucho”. Entre los recuerdos imborrables, menciona las seis lápidas que aún hoy no pudieron ser identificadas: “Nos comentaba el guía que no han podido reconocer ni por genética ni los familiares. Y en la lápida está escrito: ‘Soldado argentino solo reconocido por Dios’. Todavía me emociona”.
A través de sus redes, una seguidora le había pedido un gesto para honrar a su padre caído en la guerra. “Me acuerdo que una chica me puso: ‘Ahí está mi papá, si podés dejale una flor’. Y como no tenía una flor, me besé la mano y apoyé la mano sobre la cruz. Fue un momento muy fuerte”.

A lo largo de esos días, el conductor comprendió también por qué tantos veteranos y familiares no lograron volver. “Me han hecho saber muchas personas que no han podido volver por qué no pueden. Se niegan porque no quieren ver su pasaporte con un sello inglés. Porque es una zona de mucho dolor y tienen la herida muy abierta. O por motivos totalmente entendibles y personales”. Ese fue uno de los motores que lo llevaron a hacer el viaje. “Yo que pude ir, me sentí en el lugar de todos esos que no pudieron ir. Cuando me preguntan por qué fui, fui un poco por eso también”.
Uno de los momentos más emotivos ocurrió el último día en el hotel, cuando uno de los veteranos, ya amigo, le mostró un video que lo dejó sin palabras. “Había encontrado su posición, así lo llaman ellos, en uno de los montes donde le tocó estar. Se metió ahí con la bandera y se puso a llorar como un bebé. Cuando me mostró las imágenes, por supuesto que nos abrazamos muy fuerte y lloramos los dos”.

Agradecido por la experiencia, Hernán no ocultó su asombro por los gestos que recibió: “Él me agradecía a mí. Todos los veteranos me decían: ‘Gracias Hernán por haber ido’. Me parece un montón. Lo único que faltaba era que me agradezcan a mí”. Recién aterrizado en Buenos Aires, seguía recibiendo mensajes de los soldados. “Ya agendé a dos o tres de ellos. Nos separamos en el aeropuerto y ahora seguimos escribiéndonos”, reveló.
Durante las largas charlas en el Malvina House, el hotel donde se alojaron, los veteranos compartieron sus historias con él. Muchas de esas noches se transformaron en espacios de testimonio. “Les pregunté por qué tenían esa necesidad de hablar. Y la mayoría da charlas en instituciones, clubes, escuelas. Me comprometí a poner mi voz también ahí”.
Lo que más lo impactó fue una reflexión que escuchó directamente de un veterano. “Una vez un soldado me dijo: ‘La manera correcta de llamarnos es veteranos, no excombatientes’. Y cuando se lo pregunté a uno de los que estaban ahí, me respondió: ‘No somos excombatientes, somos combatientes, porque todavía seguimos combatiendo con esto’”.

“A medida que uno va recorriendo, uno va entendiendo un poco más la historia. La conclusión que saco es que no se puede terminar de entender si uno no está ahí”, explicó emocionado. Aunque había leído libros, visto videos, y buscado información, nada lo preparó para lo que vivió. “Es muy distinto cuando uno está ahí, y le cuentan, y entiende el frío, la turba mojada que uno pisa. En muchos lugares te enterrás hasta el tobillo. Siempre el ruido del silencio. Las distancias. Las dimensiones...”.
En esas trincheras, Drago sintió el peso de la historia. “Estuve literalmente adentro de una o dos trincheras argentinas. Es imposible no imaginar que ahí hubo chicos de 18, 19 años, muertos de frío, de hambre, dispuestos a defender la bandera”.
La vida cotidiana de los isleños también llamó su atención. Describió un lugar silencioso, de horarios estrictos y clima hostil. “La isla básicamente se sostiene por la ganadería, el turismo y la pesca. Todo cierra muy temprano. Bares, restaurantes, a las 23:00 ya no hay nadie en la calle. Hay muy poca gente circulando”. En cuanto a los recuerdos turísticos, fue categórico: “No me traje ningún souvenir. No reconozco ni siento esas islas como Falklands”.

En medio de este escenario de respeto y distancia, también supo de algunos gestos inesperados. “Un veterano me contó que en alguna ocasión se le acercó un soldado inglés a pedirle disculpas y mostrarle respeto”.
Pero aún con estos gestos, para el modelo publicitario y para muchos de los veteranos, el dolor sigue intacto. “La herida está tan abierta. Uno aterriza y entiende todo. No está permitido grabar ni sacar fotos porque ellos tienen una base militar muy grande ahí. Camiones, hangares, aviones. Está todo muy asentado. Uno entiende la importancia que ellos le dan. Pero también entiende el dolor del otro lado”.

Y aunque reconoce que la experiencia fue transformadora, la siente menos como un cambio y más como una confirmación. “Cambió mi mirada sobre Malvinas, sí, pero no cambió mi opinión. Se reforzó. No sé bien qué fue lo que me llevó. Eso se siente. ¿Me mejoró como persona? No tengo ninguna duda”.
Desde su regreso, Hernán Drago aseveró que sostiene un compromiso firme: “Me voy lleno, orgulloso. Y con la promesa y el deber de seguir llevando esta bandera de Malvinas en el día a día. En esta entrevista, con mis hijos, con mis allegados, hasta el día que yo no esté”.
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