
Son siete segundos pero alcanzan para contener cuatro décadas de magia y rocanrol. Se miran a los ojos, se abrazan, se besan a la mejilla. Juanse y Sarco, en cueros y campera de cuero respectivamente, quedan frente a frente. La tensión cede y las sonrisas son la contraseña para que sus compañeros se unan a la foto triunfal en un Luna Park todavía en éxtasis por la sorpresiva vuelta de Ratones Paranoicos.
El show había sido anunciado como “Juanse, 40 años de Ratones Paranoicos” y en el que el cantante y guitarrista se iba a presentar junto a su banda, los Mustang Cowboys -que completan el también ratón Pablo Memi, Ponch Fernández y Juan Colonna-. Pero en el aire se sentía que iba a pasar algo más y, desde temprano, las inmediaciones del Palacio de los Deportes se fueron tiñendo de esa ansiedad: las calles aledañas fueron testigo de una extendida previa que incluyó farmacia, aguante, birras, humo, trapos, bombos, micros llegando desde algún punto del conurbano. Una liturgia rockera que, al margen de las modas, todavía sobrevive. “Ahora, pueblo del rocanrol, ¡levántate y que se desate la tormenta!”, agitó el líder en el comienzo.
Desde “Sucia estrella” hasta “Boogie”, entre hits como “El Centauro” y joyas tapadas como “Bailando conmigo”, “Simpatía” -como si Pink Floyd hicera un cover de “Miss You”- y “Líder algo especial” (con Facundo Soto, de Guasones, como invitado), la primera parte del show se distinguió por el estilo directo de los Mustang Cowboys, donde las sutilezas se diluyen pero potencian la amalgama entre los Rolling Stones, Lou Reed y los Sex Pistols que Juanse sabe encarnar a la vez en que se deja poseer por el espíritu de Pappo.

A los 45 minutos de show la acción se detuvo, la banda se retiró del escenario y un telón circular escondía lo que todos esperaban. Después de un clip que resumió el costado más salvaje y efervescente de la banda surgida en Villa Devoto, la voz grabada de Tom Lupo atronó el estadio: “Señoras y señores, amigos y enemigos, con la legítima ilusión de ser rockeros heroicos... ¡Los Ratones Paranoicos!”. Entonces, Juanse (ahora de campera negra en reemplazo de una blanca) y Memi reaparecieron pero acompañados por Sarcófago Cano y Roy Quiroga para arremeter con “Destruida Roll”, comienzo calcado al que quedó registrado en el álbum Luna Paranoico, grabado en este mismo estadio en 2002.
El último show de Ratones Paranoicos había sido en el Cosquín Rock 2020, justo antes de la pandemia, y desde allí se había diluido la vuelta que habían concretado en 2017. Desde entonces, Juanse retomó su camino solista y editó un par de álbumes en compañía de los MC. Pero imposible dejar su banda de rocanrol, que volvió para despedirse y quemó las naves. Fuerte, al medio, sin bajar la intensidad.

Como si nunca hubieran dejado de tocar juntos, le dan la misma importancia a las rotadísimas “Rock del pedazo” y “Rock del gato” -que nunca están de más- pero también a clásicos de sus primeros años, como “Rainbow” y “Una noche no hace mal”. Y además de lucirse con su guitarra aguijonera, Sarco también tuvo su momento estelar al entonar “Un vodka doble”.
El clímax, como siempre, es “La nave”, en la que convocaron al Zorrito Von Quintiero -ratón entre 1997 y 2007- para que se ocupe del teclado y dialogara con Memi edificando esa sensualidad funky que hizo tan irresistible a esta canción a través de los años. A continuación, Juanse convocó al escenario a Andrew Loog Oldham, histórico manager de los Rolling Stones que además produjo cuatro álbumes de los Ratones, y se dieron un pico ante la multitud. “Él nos convenció de grabar este tema”, reveló el cantante.

Antes de los bises, “La banda de rock and roll” sirvó de disparador para que las pantallas del estadio anuncien “Ratones Paranoicos. Adiós Para Siempre, Tour 2024″, acentuado con un Sagrado Corazón en llamas. “Ya no quiero vivir / sin escuchar rock and roll”, entonó Juanse modificando los versos originales y para rubricar esa persistencia que los trajo hasta acá. Después de tanto girar, la banda se despide con un tour que viajara por el país, parte del continente americano, Europa y culminará en el estadio de Vélez Sarsfield en septiembre del año que viene.
“Viva la Virgen, viva Jesús”, gritó el cantante. “Más rocanrol que este, no tiene nadie”, agregó mientras señalaba hacia una imagen del hijo de Dios impresa en su remera blanca. No es falsa modestia después de un desparramo elegante de divina energía rockera, sino que es la manera que el carismático frontman encontró de mantenerse humilde después de todo. “Viva la Argentina, viva el rocanrol”, exclamó después como para que quede claro de qué se trata todo esto al fin de cuentas. Y encaró el final con el standard “Ruta 66″ antes de encontrarse en el abrazo final con sus compañeros de siempre. Solo una vez más.

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