
“El cine es mejor que la vida: con cada película se nace de nuevo”. Así se refirió Giuseppe Tornatore cuando fue entrevistado durante el restreno de Cinema Paradiso.
Es uno de los mejores filmes de la historia del cine italiano y, podríamos arriesgarnos a decir, de la historia del cine universal. La sala, la melancolía, los recuerdos de la infancia, todo lo que podría haber sido y no fue, el despertar sexual, la vida en un pueblo, el exilio a la ciudad, la búsqueda de un sueño, la magia de las películas, el primer amor, la paternidad, los vínculos, el paso del tiempo, la tragedia después de la guerra.... Todo esto pasa en Cinema Paradiso. Todo esto pasó por nuestro corazón cuando lo vimos por primera vez y cuando lo volvemos a ver. Una y otra vez.

Cinema Paradiso (Nuovo) se estrenó en 1988, y fue escrita y dirigida por Giuseppe Tornatore. Se trataba de su segunda película; solo tenía 30 y pocos años al momento de concebir el film. Sin una carrera que lo respaldara, Tornatore fue con su proyecto bajo su brazo en búsqueda de un productor que quisiera apostar por su historia, que tenía como protagonista al cine en sí mismo. Encontró a un productor que supo ver más allá de la inexperiencia del director y decidió apostar a la película. Se trató de Franco Cristaldi, a quien muchos reconocen como el verdadero autor de esta obra maestra que se alzó con un Oscar al mejor filme internacional.
Cristaldi había trabajado con directores de al talla de Luchino Visconti, Mario Monicelli y Federico Fellini, y era súper reconocido y respetado en la industria. Fue también el mentor de la actriz Claudia Cardinale (con quien se terminaría casando). Ganó tres Oscar: Divorcio a la italiana (1961), de Pietro Germi, Amarcord (1973), de Fellini, y la propia Cinema Paradiso, claro.
Con este aval, Tornatore recibió la venia de Cristaldi y su idea se convirtió en un proyecto que vería finalmente la luz. Pero esta relación terminaría de lo más tirante cuando, cerca del estreno, el director insistió en que la versión final debía quedar con dos horas y 52 minutos. El productor puso el grito en el cielo y se negó rotundamente a que el filme durara tanto. A regañadientes, Tornatore accedió a cortar gran parte de la película hasta llegar a las dos horas y 22 minutos.
Así con media hora menos, Cinema Paradiso fue estrenada el 11 de septiembre de 1988. El resultado de los primeros días fue nefasto: nadie la fue a ver, salvo en Sicilia, donde sí tuvo una buena acogida; en el resto de Italia y en los puntos más relevantes para la taquilla, como Francia o España, fue considerada una película más del montón.

Pero tanto Tornatore como Cristaldi no se dieron por vencidos a pesar de estar enfrentados por el tema de la longitud de la cinta. Con los ánimos por el piso llevaron su producción al Festival de Cannes y la suerte cambió por completo. Pero el productor seguía con la idea de recortar más y más, y fue contundente con el director: si querían estar en Cannes, debían presentar una película más breve. Presionado por el malo resultado de las primeras presentaciones, Tornatore aceptó como un manotazo de ahogado, y redujo su obra a 121 minutos finales.
Ya en Cannes, fue ovacionada de pie con la versión propuesta por Cristaldi. Durante siete minutos el público aplaudió esta película hasta que las manos quedaron rojas. Cinema Paradiso ganó el gran premio del jurado y logró reestrenarse. El éxito fue inmediato y la película fue nominada a los Globos de Oro, al Bafta y, por supuesto, al Oscar.

Cinema Paradiso se había convertido ya en un clásico del cine sin que nos diéramos cuenta. Recién en 2002 Tornatore estrenó la versión extendida, aquella que él había armado para su estreno en 1988.
Si imaginamos esta película viene siempre a nuestra mente y corazón la canción de amor creada por Ennio Morricone en colaboración con su hijo Andrea. La nostalgia se apodera de cada nota y acorde, que evoca a esos pueblitos de Sicilia y a esa Italia golpeada luego de la Segunda Guerra. Imposible que no brote una lágrima de nuestros ojos cada vez que la escuchamos.

Capítulo aparte se llevan los actores del filme. Philippe Noiret le dio vida a Alfredo, el encargado de poner los rollos de las películas del cine. Alfredo, un hombre analfabeto de buen corazón, no había podido tener hijos y adoptó al pequeño Totó como su discípulo. Noiret era un reconocido actor francés que, a pesar de que se enamoró del guion apenas lo leyó, se resistió a aprender italiano para el filme. Fue así como fue doblado por Vittorio di Prima, que ya había hecho esta labor traduciendo a Marlon Brando, Morgan Freeman y Anthony Quinn, entre otros. Incluso le dio al voz al Sheriff de la película animada Cars.
Pero tal vez lo más difícil era encontrar el actor que le diera vida al pequeño Salvatore o Totó, como lo llamaban afectuosamente sus allegados. Por esas cosas del destino, el actor llevaba el mismo nombre del personaje: Salvatore Cascio. En una entrevista a The Guardian, el actor recordó el momento del casting cuando Tornatore le preguntó qué era el cine para él: “Yo le dije que era como una televisión gigante”. El director dice que lo miró de manera extraña y luego se rio. “Quizás esa respuesta fue la que me dio el papel de Totó”, concluyó.

Así, este vínculo entre Totó y Alfredo es el que más nos emociona en la película. Ese momento de evasión de sus propios problemas en la sala de cine donde los sueños se convertían por unos instantes en parte de su realidad. “El progreso siempre llega tarde”, le dice Alfredo a Totó cuando en un incendio pierde su vista, remitiendo a que el material del celuloide era inflamable. Porque Alfredo le ordena a Totó que se vaya, y triunfe. Que viva la vida que él no pudo tener. Que sea alguien en la gran ciudad. Pero sabemos que el corazón de Salvatore queda allá, en Giancaldo, cuando toma ese tren que lo desgarra y lo aleja para siempre de la vida pueblerina.
La magia del cine puede contra todas las adversidades, todas las tristezas y todo el dolor. Allá, los héroes somos nosotros, los espectadores que no lo somos tanto, y nos convertimos en compañeros y protagonistas de las tramas más diversas. Cinema Paradiso tiene y tendrá siempre un lugar guardado en el corazón de cada aquel que se dejó llevar por el placer de disfrutar las pequeñas cosas.
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