James Spader: el actor con memoria fotográfica que ama los personajes excéntricos y odia la tecnología

Tuvo una carrera donde sobraron los papeles complejos y faltaron los protagónicos. Hoy brilla en The Blacklist mientras sigue prefiriendo “gastar” su tiempo en leer un libro antes que en las redes sociales

"Siempre me han gustado los antihéroes. Son los personajes que más me atraen", asegura James Spader
"Siempre me han gustado los antihéroes. Son los personajes que más me atraen", asegura James Spader

Nada en la infancia de James Spader mostraba que sería un actor destinado a brillar y transformarse en ejemplo para otros actores. Pero como dice la canción, “los caminos de la vida, no son lo que yo esperaba”. Spader nació en Boston, y asistió a las escuelas más exclusivas de la Costa Este. No lo hizo por pertenecer a una familia millonaria sino porque sus padres eran docentes en esos establecimientos. Uno de sus compañeros resultó ser John Kennedy Jr, hijo del presidente asesinado, quien solía invitarlo a cenar a su casa, donde James charlaba sin problemas con Jackie Kennedy, la madre de su amigo.

Al elegir profesión, sus dos hermanas decidieron ser docentes como sus padres, pero James pronto mostró que lo suyo no eran las aulas sino los escenarios. En vez de jugar “al maestro”, el prefería preparar obras para entretener a toda la familia. Al abandonar los estudios secundarios con la promesa de retomarlos en algún momento, los padres se apenaron pero no se sorprendieron. Habrán pensado “en casa de herrero cuchillo de palo” y aceptaron la decisión de su hijo.

Como casi todos los que desean seguir su sueño de actores, a Spader se le planteó una opción con dos lugares, Los Ángeles o Nueva York. Eligió la última y la Gran Manzana no lo recibió con los brazos abiertos sino con trabajos precarios. Para solventar sus estudios actorales en el Michael Chekhov Studio aceptó una serie de empleos poco tradicionales pero típicos de jóvenes sin un centavo ni secundario completo. Fue barrendero, camionero, changarín de ferrocarril y el oficio por el cual pasa la mayoría de los protagonistas de estas crónicas: mozo. Su trabajo más original fue de instructor de yoga sin saber yoga. La suerte y Cupido lo ayudaron cuando a los 19 conoció a Victoria, una verdadera instructora de yoga, en el gimnasio donde ambos enseñaban. Casi una década después se casarían.

 James Spader ganó el premio al mejor actor en Cannes 1989 por su papel en el primer film de Steven Soderbergh Sexo, mentiras y video(Photo by Eric Robert/Sygma/Sygma via Getty Images)
James Spader ganó el premio al mejor actor en Cannes 1989 por su papel en el primer film de Steven Soderbergh Sexo, mentiras y video(Photo by Eric Robert/Sygma/Sygma via Getty Images)

De todos sus trabajos no actorales en el que peor la pasó fue de vendedor en un local de discos muy pequeño en Upper East Side, en la tercera avenida de Nueva York y eso que también trabajó quitando bosta en en la academia de equitación de Clarmont. En la disquería el problema no fue que la música no le gustaba, lo que no le agradaban era sus empleadores, adictos a la cocaína y a un medicamento opiáceo que solo se vendía bajo receta médica. Cuando se les acababa, lo enviaban con recetas falsas a recorrer farmacias hasta conseguirlo. El local además era tan pequeño que casi nunca entraban clientes y Spader se aburría tanto que a veces agradecía que le pidieran ir a buscar el medicamento solo para salir del lugar.

La primera buena propuesta laboral le llegó a los 21 con la convocatoria para un papel secundario en la película Amor eterno, nada más ni nada menos con la figura de ese momento: Brooke Shields y dirigido por Franco Zeffirelli. Carilindo, con una voz sensual y un acento atractivo, se podría haber ganado un lugar como sex symbol. Pero fue entonces que comenzó a elegir lo que sería el sello de su carrera: personajes excéntricos, peculiares, con cierta ambigüedad entre lo correcto y lo incorrecto, pero siempre elegantes y carismáticos.

 James Spader tiene un registro vocal suave pero potente con el que dota a sus personajes de de intriga y misterio.(Photo by Michael Ochs Archives/Getty Images)
James Spader tiene un registro vocal suave pero potente con el que dota a sus personajes de de intriga y misterio.(Photo by Michael Ochs Archives/Getty Images)

La primera muestra de esos personajes nos la dio en Sexo, mentiras y videos, una película independiente donde se metió en la piel de Graham Dalton, un señor que grababa a mujeres hablando de sexualidad, pero que sufría impotencia. Por su rol se llevó el premio al mejor actor en el Festival de Cannes. En Crash encarnó a un productor de cine que descubre que solo se excita con los accidentes de autos. En La chica de rosa, en Malas compañías junto a Rob Lowe y en Less than Zero, con Robert Downey Jr, hizo de rubios, siempre al límite entre el seductor peligroso o peligro, seductor.

Una de sus películas mas perturbadoras y fascinantes es La secretaria con Maggie Gyllenhaal. Spader es Mr Grey, un abogado que contrata a Mrs Holloway (Gyllenhaal) como su secretaria. La historia plantea un juego de sumisión, placer y sadismo consentido cotidiano que en tiempos de cancelaciones y donde todos parecen tener la fórmula de cómo se debe o no amar o gozar, puede llegar a escandalizar a más de uno. Por más extraño y retorcido que parezca el argumento, su trama no deja de ser una maravillosa, diferente y consensuada historia de amor. Le sugiero al lector que si puede, la vea y dé su propio veredicto.

Bad Secretary se basa en el cuento Bad Behavior (Mal comportamiento),  de Mary Gaitskill. La película ganó un Independent Spirit Award al mejor guion original
Bad Secretary se basa en el cuento Bad Behavior (Mal comportamiento), de Mary Gaitskill. La película ganó un Independent Spirit Award al mejor guion original

Pese a su indudable talento, en el circuito comercial a Spader no le fue tan bien. Quizá por sus roles secundarios detrás de figuras muy conocidas, como Michael Douglas en Wall Street o Tim Robbins en El ciudadano Bob Roberts. Sus protagónicos fueron en películas que pocos recuerdan: el protegido de un editor en Wolf o un traficante de drogas en Keys to Tulsa.

La televisión se convirtió en su otro lugar de lucimiento con papeles en The Practice y Boston Legal, por los que ganó tres premios Emmy. Los guarda en un estante de su vestidor, porque los visibles de la casa están ocupados con “libros, cuadros, vasos, platos, ollas o sartenes”.

Si le preguntaban por qué no filma más, su respuesta es contundente: “Si no necesito el dinero, no trabajo. Prefiero pasar tiempo con mi familia y amigos, viajar, leer, escuchar música y tratar de aprender un poco más sobre cómo ser un ser humano, en lugar de aprender cómo ser un personaje. Vivir me interesa más que actuar”. Eso sí, aclara sin problemas que en caso de precisar dinero “no me importa ir a un productor y decirle: ‘Está bien, este es el dinero que necesito para pagar mis cuentas durante los próximos seis meses. Si me pagas eso, haré la película’. Si lo acusan de frívolo su respuesta es: “No es frivolidad. Muchas de las películas que hice fue porque me quedé sin dinero. Pero siempre busqué el mejor filme que podía encontrar en el momento”.

En 2013 le llegó una nueva gran oportunidad. No fue en el cine sino en ese nuevo reino que son las series. Sería Raymond ‘Red’ Reddington en la serie The Blacklist. Aceptó porque las temporadas duran 13 capítulos en vez de 22, lo que le permitía hacer más teatro o más cine y porque “la grabamos en Nueva York, donde me encanta vivir”.

"Me gusta estar equivocado. Me gusta descubrir algo nuevo", afirma James Spader
"Me gusta estar equivocado. Me gusta descubrir algo nuevo", afirma James Spader

Su personaje, como describe la revista Esquire, “es una especie de Hannibal Lecter gringo, un tipo misterioso y trastornado que pese a no titubear al torturar o matar, sabe vestir bien y elegir un buen vino tinto para la comida. Red es genial y despierta interés desde su primera aparición. Tras entregarse a la policía, propone ayudar al gobierno a capturar terroristas, pero pone una condición: hablará sólo con la investigadora Elizabeth Keen (Megan Boone)”. Spader dice que todavía no tiene en claro el perfil de su personaje: “No sé si Raymond es un malo que hace cosas buenas o un bueno que hace cosas malas”.

Con 62 años, el actor que prefiere que lo llamen Jimmy a James asegura que lo que le preocupa “tiene que ver con no estar en la buena forma en que solía estar. Perdí el estado físico trabajando en la televisión; era imposible ejercitarme al punto que lo hacía antes. Estar fuera de forma no es aceptable cuando uno ve la cantidad de gente que muere de ataque cardíaco en sus 50″.

Los que conocen a “El hombre más gloriosamente extraño de la televisión”, como lo definió la revista Rolling Stone aseguran que fuera del set, es una persona amable, simpática y muy profesional. Cuando filma permanece concentrado y enfocado en lo suyo. Nada le pasa desapercibido. “Soy muy observador, estoy siempre concentrado. Soy también un hombre de rituales, necesito cierta rutina. Eso se termina haciendo adictivo”, reconoce. Muchas veces se despierta de noche y no puede evitar empezar a repasar las escenas del día siguiente. Para calmar su obsesión encontró una sencilla receta, dicho esto de un modo literal: se levanta y comienza a cocinar ya que es un gran chef.

Su particular don causa asombro: posee memoria fotográfica, lo que le permite repetir sus líneas con solo darle un vistazo al guion. Eso sí, tiene muy mala vista y no se adapta a los lentes de contacto. Él mismo contó que en las escenas que no le dejan usar anteojos apenas logra distinguir a los actores que están frente suyo.

Por sus problemas de visión James Spader usa siempre lentes de marco de carey negro (Photo by J. Vespa/WireImage)
Por sus problemas de visión James Spader usa siempre lentes de marco de carey negro (Photo by J. Vespa/WireImage)

Si su memoria fotográfica asombra, algo lo convierte casi en un ser de otro planeta o al menos de otra era: siente aversión por la tecnología. Los que lo entrevistaron se asombran de su obsoleto celular que ni siquiera le permite recibir mails, algo que no le importa porque tampoco los lee. “No tengo computadora, no hay tecnología en mi vida. Tengo este celular que suena, lo abro y en ese mismo acto se apaga”. A él no le preocupa, pero cuenta que sus hijos “están en un estado constante de sacudir la cabeza con desánimo, y probablemente con vergüenza.”.

Hace poco Spader aseguró en la revista Diners que “el negocio de la televisión hoy es muy diferente al de hace algunos años. Pero al menos encontré que si puedes atraer a una audiencia de la forma en que lo ha hecho Blacklist, entonces se quedarán contigo. Creo que hemos sido muy afortunados”. Quizá por modestia le faltó aclarar que el programa atrae, pero el que verdaderamente atrapa es él.

James Spader no es amante de la tecnología ni tiene laptop, y prefiere dar entrevistas por teléfono antes que aparecer en cámara en un Zoom. (Foto AP 163)
James Spader no es amante de la tecnología ni tiene laptop, y prefiere dar entrevistas por teléfono antes que aparecer en cámara en un Zoom. (Foto AP 163)

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