Punto límite (Point Break, 1991) es uno de esos filmes cuya perfección es la exacta combinación de talentos. Una alineación artística de planetas, donde los actores están en su mejor momento, la directora despliega todo su oficio y la historia es capaz de meternos de lleno en un trama de acción durante las dos horas que dura la película. Resulta, además, un reflejo fiel de la época en la que fue filmada, dejando para siempre un registro de aquellos años.
Keanu Reeves interpreta a Johnny Utah, un ex jugador de fútbol americano y actualmente agente del FBI que sigue la pista de una banda de asaltantes de bancos conocidos como “Los expresidentes”. Se llaman así debido a que usan máscaras de Ronald Reagan, Jimmy Carter, Lyndon B. Johnson y Richard Nixon cuando cometen sus crímenes. Angelo Pappas (Gary Busey), el compañero de Utah, sospecha que los ladrones son surfers, y le pide al joven que se haga pasar por un novato de las tablas para infiltrarse en ese mundo y descubrir a los asaltantes.
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Utah encontrará en una surfista, Tyler (Lori Petty), una aliada para entrar en ese ámbito de códigos cerrados y pocas ganas de recibir desconocidos. Su pasado de futbolista famoso lo ayudará, de todas maneras, a esconder sus verdaderas intenciones. El gran líder y gurú del grupo, llamado Bodhi (Patrick Swayze), desconfía de Utah, pero poco a poco entabla una amistad con él. Ni Tyler ni Bodhi conocen la verdadera identidad de Johnny.
La película tiene muchas grandes escenas de acción, originales, potentes y efectivas. Algunas vinculadas con el deporte, otras de trepidantes persecuciones y espectaculares tiroteos. La directora, Kathryn Bigelow, supo imprimirle a todos esos momentos su sello, colocándose entre los realizadores más respetados y exitosos de Hollywood en ese momento. Hoy no parece tan llamativo, pero las mujeres no habían tenido tantas oportunidades de dirigir en la industria y mucho menos en películas de acción de protagonismo masculino, como es el caso de Punto límite.
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Kathryn logró, además, algo menos habitual en estos filmes populares: trasladar sus obsesiones personales. Como los grandes autores del cine americano, ella cumplió con la taquilla, el entretenimiento y, también, con un cine personal. La búsqueda de la adrenalina y los personajes con una obsesión que los pone en riesgo son temas de Bigelow. Años más tarde dirigiría una obra maestra llamada Vivir al límite (The Hurt Locker, 2008) por la que terminaría obteniendo un Oscar como directora y otro a mejor película. Fue la primera mujer en toda la historia de estos premios en ganar la estatuilla a la mejor dirección. Y no fue por corrección política: ella realmente se merecía un premio por aquel gran filme.
Patrick Swayze era ya una estrella consagrada a la hora de filmar la película. Había logrado tres éxitos que le aseguraban su lugar en la historia del cine: Dirty Dancing, El duro y Ghost lo habían convertido en un número uno en la industria. Y Keanu Reeves estaba ascendiendo en aquel momento, logrando un estatus de estrella que, con altibajos, llega hasta la actualidad.
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Swayze como el sabio y Reeves como el novato armaron una combinación explosiva que reflejaba sus propias carreras. En la pantalla parece que uno le pasa el testimonio al otro. Swayze alcanzó aquí su punto más alto como actor, y Reeves tenía por delante al menos tres décadas más.
Pero no son solo ellos los que aportan el corazón de la película. Lori Petty muestra un personaje independiente y valiente, poco habitual para esta clase de filmes. Su carrera también estaba en un gran momento. Su rol más reciente fue como una de las reclusas en la serie Orange is the New Black.
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Gary Busey, un actor bastante problemático años más tarde, supo en sus años juveniles interpretar a un surfer, aunque aquí es un policía veterano. Este es uno de los grandes roles de su carrera. Y para que nadie dude de que se trata de un film de los 90, hay una participación especial de Anthony Kiedis, el líder de los Red Hot Chili Peppers.
Las películas cuentan lo que quieren contar y a veces, sin proponérselo, dejan algo no planificado en la pantalla. El recorrido que hace Johnny Utah para entender el mundo de Bodhi es el tema principal de la historia. El surfer ha decidido vivir al límite y el agente del FBI lo comprende.
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Patrick Swayze murió muy joven, a los 59 años. En Punto límite permanecerá por siempre luminoso y lleno de vida. En mitad de la película Bodhi le dice a Johnny: “Vaya con Dios”, y la misma frase le repite el agente cuando se despiden. Un momento de gloria alcanza para volverse inmortal y Punto límite es prueba de ello. Pasaron 30 años y la película está intacta.
En el año 2009 todos nos despedimos de Patrick Swayze pero lo podemos volver a ver una y otra vez aquí, y despedirnos con la misma frase: “Vaya con Dios”.
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